1. El giro humanista del Renacimiento se concretó, sobre todo con la figura de Descartes, en el giro a la subjetividad. El centro del pensamiento a partir de entonces sería el yo en dos vertientes: como sujeto cognoscente (la teoría del conocimiento sustituirá a la metafísica como disciplina reina dentro de la filosofía) y como sujeto moral (base del individualismo y del liberalismo moderno).
  2. La idea fundacional nuestro sistema político-judicial y económico es el liberalismo. Se entiende al sujeto desde tres vertientes: como votante (política), como sujeto responsable de sus actos (Derecho) y como productor-consumidor (economía) y, en las tres, se entiende el yo fundamentalmente como un agente libre que vota, delinque, y trabaja y consume en virtud de su capacidad de elección completamente libre. Por eso cualquier ataque a la libertad o a la intimidad individuales, cualquier atisbo de totalitarismo es condenado unánimemente por la sociedad.

Tres críticas para extinguir el yo moderno (y, por tanto, para hacer saltar en pedazos la Modernidad y, con ella, todo nuestro estilo de vida actual):

  1. El yo no existe. La crítica viene desde lejos. El filósofo ilustrado David Hume ya advirtió que no teníamos experiencia alguna que pueda corresponder a un “yo”. Si hacemos un ejercicio de introspección e intentamos “ver” dentro de nosotros mismos solo encontramos ideas, palabras, imágenes, sentimientos… pero nunca encontramos a ese sujeto, a ese yo que, supuestamente, es el dueño de todos los contenidos de la mente. Las actuales neurociencias no parecen encontrar en el cerebro ningún “módulo central” que pueda equipararse a un yo. Tampoco parece existir ningún “teatro cartesiano” en dónde un homúnculo contempla lo que perciben nuestros sentidos.
  2. El individuo no existe. Una condición de posibilidad de que el yo exista es que sea un individuo, es decir, que sea indivisible. Si hubiese muchos yoes diferentes, ¿cuál de ellos sería realmente yo? ¿Cuál de ellos sería el que vota o comete crímenes? De hecho, incluso solemos entender una gravísima enfermedad mental, la esquizofrenia, como una especie de fragmentación del yo. Pues, precisamente, la ciencia nos está diciendo que no existe un solo yo. Los inquietantes experimentos con cerebros escindidos de Sperry y Gazzaniga apuntan claramente en esa dirección: no tenemos un solo yo, sino que múltiples agentes funcionales compiten para controlar el mando de la acción según se requiera.
  3. El yo no es libre. Entender el yo como un agente causal libre de nuestras acciones significa hablar de una causa incausada que constituiría una violación del principio de razón suficiente (desde una perspectiva materialista, de una violación del principio de conservación de la energía), un absurdo lógico. Además, desde la perspectiva neurológica los experimentos de Libet y otros, a pesar de ser discutibles y matizables, apuntan con claridad a la ausencia de libre albedrío (Wikipedia en castellano tiene un buen artículo sobre este tema). En coherencia, las tesis del psicólogo Daniel Wegner son claras: no elegimos nuestros pensamientos, y si consideramos que éstos son los agentes causales de nuestra conducta, no elegimos nuestra conducta.  Cuando comunicamos la intención de hacer algo lo único que hacemos, tal y como decía Spinoza, es lanzar una hipótesis predictiva de lo que es posible que vaya a ocurrir en un futuro.

Objeción: ¿Por qué entonces todos tenemos la sensación de poseer un yo y de ser libres? Es una ilusión fruto, igualmente como decía Spinoza, de las limitaciones de nuestra mente para conocer la multitud de causas que, realmente, ocasionan nuestros actos  ¿Y cuál es el sentido de tal ilusión? El agenciamiento (no confundir, por Dios, con el fraudulento concepto deleuziano). En la naturaleza operan simultáneamente una exponencial cantidad de agentes causales. A nuestro organismo le interesa mucho diferenciar, al menos, los agentes que son importantes para su supervivencia (un conjunto en movimiento de manchas naranjas y negras que ruge puede hacerme mucha pupa, por lo que yo establezco la relación causal: si tigre entonces pupa, en la cual pongo al tigre como agente, como sujeto de la acción “hacer pupa”. Nótese que no es porque el tigre sea un individuo ni tenga realmente un yo que active sus dientes y garras, sencillamente a un conjunto de percepciones les pongo una etiqueta útil para mi supervivencia). Igualmente, a la enorme colonia simbiótica de células que nos compone, le conviene diferenciarse de otros agentes causales (no es lo mismo que el tigre muerda cualquier brazo a que muerda ese brazo que tengo pegado al cuerpo). Y aquí llega el agenciamiento: agenciarme actos, hacer mío un objeto o suceso del mundo (Un ser está bebiendo agua ¿Cómo sé si eso es útil para mi supervivencia? Si el ser que está bebiendo agua es mi organismo y no otro, por lo que mi organismo le dice a un módulo funcional de mi cerebro que se agencie ese acto, que diga “Yo, y no otro agente causal, estoy bebiendo agua”. Importante: eso no quiere decir que haya un yo que beba agua ni que exista un yo que le ordene al organismo que beba agua, es solo una diferenciación, una ficción práctica, una etiqueta útil para que el organismo se diferencie de otros en función de utilidades evolutivas).

Nueva objeción a la que no soy capaz de responder: ¿Y qué pasa con la consciencia? Cuando a mí me duele algo, si no hay un yo al que le duela ¿a quién le duele realmente? ¿Podría darse, como en el mundo de las ideas platónico, el dolor sin sujeto doliente? Estamos, como siempre, con el problema de la irreductibilidad de los qualia. Sabemos que las sensaciones conscientes son un poderoso motivador de la conducta: el placer atrae y el dolor aleja, por lo que la función evolutiva de la consciencia parece clara, pero viendo lo fácil que nos resulta hacer computadores perfectamente motivados sin emociones ¿por qué la evolución crearía algo tan extraño?

Posible vía de solución 1: el yo como sujeto de la consciencia es una trampa del lenguaje. Una muestra de ello: extrapolamos la gramática a la realidad sin justificación. Como toda oración tiene un sujeto, sostenemos que debe existir un sujeto de las sensaciones consientes. Quizá sí es posible que existan sensaciones sin sujeto, si bien nos sigue pareciendo una idea extraña y poco intuitiva (¿un dolor de muelas que no le duela a nadie?). En esta línea está el trabajo de Gilbert Ryle y de su discípulo Dan Dennett, quienes llegan a negar la existencia de la propia consciencia.

Posible vía de solución 2: podríamos aceptar que si bien no existe un yo como agente causal de nuestra conducta, que no es individual y que no es libre, sí que existe en cuanto a sujeto paciente de la consciencia. No obstante, me parece una solución poco elegante, fea.

 

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comentarios
  1. biotay dice:

    Muy buena entrada, y muy necesaria (o eso me parece a mi).
    Llevo mucho tiempo queriendo escribir sobre esto, pero mucho mas tiempo sin escribir.

    Un matiz: aquí no distingues entre los qualia del comportamiento asociado a ellos. No es lo mismo, pongamos, el sabor a chocolate que el hecho de que me guste; uno no tiene explicación evolutiva, otro sí. Aunque solo aspirásemos a correlacionarlos (qualia y comportamientos), tal y como está la cosa tampoco podríamos afirmar que haya qualia con distintos efectos sobre el comportamiento, habría que (al menos) categorizarlos. Hace falta una teoría de los qualia (otra cosa sobre la que querría escribir, pero no encuentro el momento).

  2. jajugon dice:

    Acertada reflexión, aunque un poco catastrofista. No creo que desdibujar el yo vaya a hacer saltar en pedazos nuestro estilo de vida actual.

    Hace un par de años compartía unas reflexiones similares a propósito de la ficción útil de la libertad: https://arjai.es/2015/09/14/somos-libres/

  3. Masgüel dice:

    Hay más vías de solución. Por ejemplo, negando las premisas. Se puede entender la consciencia como un fenómeno biológico, la identidad personal como un fenómeno lingüístico y la libertad como la capacidad para darnos razones para actuar incluso en contra de nuestros deseos o decidir entre alternativas posibles. Y atribuir poder causal a las tres.

  4. Ramón Sánchez Ramón dice:

    Claro, claro, como no existo no sufro, no tengo hambre, si me matan no matan un ser humano, si me violan, violan una construcción social. Lo que existe, claro, es el consumidor, el cliente, el egoísmo de nadie que se lleva el beneficio de nadie y no daña a nadie. La postmodernidad es una estafa. Es una resaca de la borrachera nietzscheana y heideggeriana. Foucault fue un reaccionario y un mistificador, por más que fuera del Partido Comunista. Al neoliberalismo le vino de cine. Si no hay yo, no hay explotación; si no hay sujeto moral, no hay culpa. En cuanto a Hume, magnífico como iniciador de la crítica al dogmatismo cartesiano, simplemente se equivocó y simplificó en exceso. Kant ya se lo dijo.

  5. Abraham dice:

    Impecable. Concisión y claridad meridiana.
    Buen trabajo, Santiago.
    Ahora bien, ¿no te da cierta tristeza saber que no eres “tú” quien ha escrito este artículo?

    Quiero más.
    (¿qué quien quiere más?)

  6. neuronacalva dice:

    ___Interesante artículo….claro….. un tanto pesimista diría yo…. pero en fin…
    ___Veamos un poco… así tal como lo escribes… parece como que tal vez desconoces algo importante del Yo, entendiendo como tal al “Sujeto que Piensa”… que no es lo mismo que el “Individuo que actúa”. En ello hay una dualidad… y se relaciona con lo dicho por Descartes.
    ___Amigo Santiago, tú escribes bien… sólo que si yo tuviera que graficar la situación con un ejemplo, pues diría que buscas afanosamente dentro de una caja, a una pelota que se encuentra fuera de ella. Claro… de ese modo… siempre vas a concluir que: “No existe una pelota dentro de la caja”.
    ___El Yo (Sujeto que Piensa) existe, sólo que lo buscan dentro del cerebro y de las neuronas….. y claro… como su naturaleza estructural es diferente, pues allí dentro nunca lo van a encontrar. Ergo… para los neurocientíficos, e incluso para los filósofos… ese Yo no existe porque no es tangible.
    ___Hasta ahora… casi nadie se ha preguntado: ¿Por qué no es tangible el Yo?
    ___(Buena pregunta)
    ___En el transcurso de tu texto, aludes a distintos “yoes”, que en realidad no lo son. Pues son sólo distintos “Estados Mentales”, originados por distintas causas, todas relacionadas con la salud o no salud del cerebro. Un Estado Mental es una situación momentánea. En cambio el Yo o Sujeto que Piensa es alguien que está siempre, por mucho que esto no se entienda.
    ___No viene al cuento aquí, pero si te llegara a interssar, he mostrado una teoría al respecto en un video de Youtube. Las palabras mágicas son: Mente Simulánea.
    ___Un gran abrazo para tí amigo.

  7. Brayan dice:

    Descartes no es del Renacimiento

  8. Masgüel dice:

    El retorno a un mecanicismo laplaciano o el derrape vitalista del panpsiquismo. Parece que solo estamos a gusto en los extremos.

    El primero mutila la naturaleza. Es una forma secular de pitagorismo. Al menos el atomismo de Demócrito añadía un clinamen que permitía la consideración histórica de la naturaleza. Como admitir la causalidad descendente arruinaría el programa de reducir Todo a una fórmula matemática, solo lo físico, expresado en los términos de la física puede ser real, causal. El resto, mero agregado y sus nuevas propiedades, epifenómeno. No hay experiencia, no hay sujeto narrativo, no hay propósito, no hay libertad. Todo eso no forma parte de la naturaleza. Es ilusorio (sin caer en la cuenta de que el epifenomenalismo es el más ingénuo de los dualismos). Y muestra su peor cara cuando afirma que la ciencia ya ha dicho la última palabra a favor de esa preferencia metafísica.

    El segundo no argumenta por qué tendríamos que que admitir la extravagante propuesta de atribuir subjetividad a cualquier proceso de feedback loop.

    Pero hay otras maneras de enfocarlo. Quizá el delirio que habría que despejar es la herencia de Pitágoras, que sirvió a Galileo, a Newton, a Einstein, pero se ha convertido en una camisa de fuerza. La organización compleja añade nuevas propiedades y nuevas formas de causalidad a la naturaleza. Y aunque la emergencia es parcialmente legaliforme, sus resultados concretos no lo son. El devenir no es matematizable. La experiencia, el sujeto narrativo, sus propósitos, su libertad, no son cosas, son propiedades de procesos de organización de sistemas naturales rarísimos que hablan y escriben comentarios en blogs. Pero son reales, causales.

  9. ¿Alguno de vosotros habéis perdido interés en el sexo al enteraros de que el deseo sexual está determinado por causas biológicas? Pues el efecto de un conocimiento similar sobre otros aspectos de nuestras motivaciones será igual de ínfimo.

  10. Quiero decir que las construcciones teóricas sobre “el yo moderno” no dejan de ser eso, construcciones. La realidad biológica era en 1700 aproximadamente la misma que ahora, y el ser humano seguirá haciendo más o menos las mismas cosas (aunque con más cacharritos), pero nos quitaremos aquellas construcciones teóricas y las cambiaremos por otra, como nos quitamos una camisa un día y al día siguiente nos ponemos otra.

  11. Sirnewton3813 dice:

    Jesus,

    Cada nuevo conocimiento adquirido, condiciona y cambia el pensamiento, contra más general es el conocimiento adquirido más condiciona el pensamiento general el cual tiene consecuencias en la conducta humana.

    Pues si, la información cambia nuestros hábitos y gustos, hay una diferencia entre creer que la tierra es plana y creer que es redonda y por ende cambia nuestra relación general para las otras cosas.
    En el sexo también ocurre lo mismo, no es lo mismo estar con una mujer que sabes que es soltera que estar con la misma mujer que sabes que es casada, pensarás y obraras distinto.

    Saludos.

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