Política Basada en Evidencias versus Política de la Tribu

Publicado: 1 enero 2019 en Filosofía política
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En el programa electoral de VOX no encontramos mucho más que una serie de soluciones simplistas, propias de una tertulia de bar después de un par de copas. Simplismos como eliminar el estado de las autonomías, poner un “muro infranqueable” en nuestras fronteras africanas, eliminar toda la ley LGTBI, etc. son clásicos eslóganes “todo o nada” que ignoran burdamente la enorme complejidad que representan los problemas de este país. Lo grave no es que sean soluciones de extrema derecha, sino que cuelen y reciban votos.

Cada partido político sabe muy bien las debilidades de sus contrincantes y los temas que hay que tocar. Así, el tema de la inmigración es un clásico de la derecha. Es muy fácil recurrir a unos sistemas límbicos diseñados para defender al igual y sospechar del diferente, para echar la culpa de todos nuestros males a los inmigrantes. Entonces se crea un muñeco de paja: la izquierda abre las fronteras de par en par creando un gran efecto llamada… Los inmigrantes nos quitan los puestos de trabajo, reciben más ayudas que nosotros, traen terrorismo y delincuencia, vienen aquí a hacer turismo sanitario, etc. Esa misma táctica la ha utilizado el independentismo y, en general, es usado por cualquier partido nacionalista o regionalista. Y lo triste es que funcione ¿Alguien cree, realmente, que los principales problemas sociales y económicos de este país se deban a la inmigración? De la misma forma, ¿algún catalán se cree que los principales problemas sociales y económicos de Cataluña se deban a su unión con el resto de España? Pues, lamentablemente, muchos parecen creérselo o, al menos, eso parecen decir las urnas. Y, quizá, lo más grave es que los mismos políticos que impulsan estas ideas se las crean. Yo prefiero que los de arriba me engañen a que sean imbéciles, pues temo más a estos últimos que a los mentirosos de toda la vida.

Son las Políticas de la Tribu: discursos que eluden nuestro neocórtex racional para ir, directamente, a nuestras entrañas paleomamíferas y reptilianas. A todos nos gusta sentirnos miembros de un grupo, hermanados con nuestros semejantes, nuestro pueblo, nuestra nación, los nuestros. Y también llevamos muy mal responsabilizarnos de nuestros fracasos si tenemos a nuestra disposición un chivo expiatorio: los otros (inmigrantes, golpistas, rojos, fachas, empresarios, mercados…). También tenemos una cierta tendencia innata a seguir a líderes carismáticos (es lo que Erich Fromm llamó miedo a la libertad), a la seguridad que nos da su fuerza, a preferir perder derechos a cambio de la supuesta  seguridad que prometen… Somos miedosos, se nos asusta fácilmente y cuando hay miedo nos agarramos a un clavo ardiendo, al primero, sea el que sea, que nos promete una solución fácil y rápida a ese sentimiento tan desagradable. Pensar es costoso y nos da pereza, por lo que preferimos que nos hablen en cristiano, de forma clara y sencilla (Solemos confundir simplicidad con franqueza y honestidad. Esa, quizá, es una de las claves del éxito de Trump) y sospechamos del lenguaje oscuro de los intelectuales (quizá por eso John Kerry perdió contra George W. Bush). Así, a nuestras entrañas les encantan políticos como Santiago Abascal o Vladimir Putin, les encantan estos machos alfa, guardianes de la manada, adalides de lo nuestro.

Es por eso muy importante el impulso de una vieja idea ya defendida hace unos años por Tony Blair: la Política Basada en Evidencias.  Muy sencillo: las políticas públicas han de estar basadas en estudios empíricos, o más técnico: hay que incorporar mucho más conocimiento a cada una de las fases de la decisión política. De este modo se quita peso a la ideología (es muy necesario matar las ideologías) y se intenta combatir esta epidemia de desinformación propia de opinólogos y tertulianos, de intelectuales orgánicos (véase el concepto de Gramsci) que defenderán contra viento y marea las decisiones del partido al que sirvan, de fake news, de eslóganes, de postverdades, y de amarillismo periodístico que asola nuestros medios.  Me encantaría que cada vez que alguien defiende tal o cual cosa, tuviera, necesariamente, que avalarlo con multitud de datos. Y es que, no entiendo muy bien por qué razón, damos valor a la mera opinión de alguien. No entiendo por qué alguien puede decir algo y avalarlo sólo con la justificación de que es su opinión. Además, y solo por eso, ¡debemos respetarla! Es decir, yo, sólo por el hecho de ser yo, tengo derecho a decir la estupidez que se me ocurra y todo el mundo tiene que respetar lo que digo. No, el derecho a la libertad de expresión y pensamiento conlleva la responsabilidad de no decir la primera ocurrencia que me venga a la cabeza, sino intentar que mi opinión se asemeje lo más posible a la verdad, es decir, que, al menos, esté bien informada.

Por poner un sencillo ejemplo, VOX habla de eliminar las autonomías no solo por contrarrestrar el independentismo, sino por la clásica tesis liberal de que hay que adelgazar al máximo el Estado: funcionarios, los mínimos posibles. Entonces se lanzan las típicas y tópicas soflamas: funcionarios vagos, ineficientes, enchufados, puestos a dedo… dibujando un país que sufre la costosa superinflación del sector público. Pues bien, si uno va a los datos ve que esto no se sostiene por ningún lado. Fuentes de la OECD nos dicen que el porcentaje de funcionarios con respecto a toda la población empleada en España es del 15,7%, en la misma línea de países tan liberales como Estados Unidos (un 15,3%) o Gran Bretaña (16,4%), y muy por debajo de las siempre ejemplares socialdemocracias nórdicas (Suecia 28,6%, Dinamarca 29,1% o Noruega 30%). Según los datos en España no hay un superávit de funcionarios.

Y también hay que tomar clara consciencia de que no hay soluciones fáciles ni simples para ningún problema ¿O es que si fuera así no se habrían solucionado ya? Hay que tener en cuenta que cualquier decisión política genera una cascada de consecuencias que son, muchas veces, muy difíciles de predecir. De la misma forma, problemas como el desempleo, el fracaso escolar, la precariedad laboral, etc. no tienen una clara y única causa, sino que son problemas multicausales que, consecuentemente, necesitan soluciones a muy diversos niveles. A mí me hace gracia como en mi entorno laboral, el educativo, se intentan solucionar todos los problemas solo a golpe de reforma educativa, solo mediante una nueva y, supuestamente milagrosa, ley. No, el problema de la educación solo puede solucionarse desde muchos niveles pues es un problema que supera, con mucho, el poder de maestros y profesores. El problema de la educación es un problema social, económico, cultural, etc. que tiene que afrontarse conjuntamente desde todos esos niveles a la vez. Tendemos a caer en un cierto solucionismo político, creyendo que los políticos son omnipotentes y que pueden solucionarlo todo por si solos (y que cuando no lo hacen es porque no quieren, ya que siguen otros intereses ocultos). No, los políticos solo pueden hacer leyes y las leyes tienen su poder, pero no pueden resolverlo todo. De hecho, de nada vale una ley si no hay una voluntad clara de cumplirse ni unas autoridades con las herramientas necesarias para hacer que se cumpla, sancionando su incumplimiento, que es lo que ocurre en España cuando el poder judicial trabaja con medios precarios.

La izquierda, desgraciadamente, ha dejado completamente estas directrices, alejándose de lo empírico para situarse casi en su opuesto dialéctico: la débil posmodernidad incapaz de cualquier respuesta firme a, prácticamente, todo, lo cual lleva, necesariamente, al neoconservadurismo que ya denunció hace tiempo Habermas. Y es que si los referentes intelectuales de la izquierda son gente como Zizek o Biung-Chul Han, mal andamos ¿De verdad que no se cansan siempre de la misma historia? No puedo entender como a estas alturas pueden defenderse planteamientos como los de Lacan, Deleuze, Althusser… retornar a postulados freudianos… y, por supuesto, renunciar a toda validación científica ya que la tecno-ciencia se considera como instrumento y parte del alienador sistema capitalista.

Por eso hace falta que la izquierda (y la derecha también) vuelva a los antiguos valores de la Ilustración de donde, supuestamente, nació el Estado Liberal de Derecho que todos disfrutamos. Coincido completamente con el espíritu de Steven Pinker en su última obra (con todos los matices a su interpretación histórica que quieran hacerse). Una buena noticia sería ver a nuestros políticos dar pasos en esa dirección y no al contrario. En el tema de Cataluña estaría muy claro: la Ilustración defendió un ideal cosmopolita alejado de los ideales nacionalistas que llegarán en el XIX y que nos llevarán a Auschwitz. Ante el independentismo no nacionalismo sino universalismo. La izquierda debería combatir con firmeza el nacionalismo ya que, precisamente, éste nació del Romanticismo, es decir, del movimiento contrailustrado por excelencia.

La derecha, en vez de radicalizarse hacia el ultrapatriotismo, debería volver a sus orígenes: el liberalismo clásico, es decir, a la defensa de la libertad del mercado y de las libertades individuales. UPyD fue un partido interesante en esa línea y, desgraciadamente, Ciudadanos podría haber sido un partido auténticamente liberal si no se hubiera escorado hacia ese nacionalismo que, paradójicamente, es idéntico al que pretende combatir. Sería muy positivo que la derecha ensayara lo que Anthony Giddens denominó la Tercera Vía, en vez de coquetear con el extremismo con tal de arañar votos.

 

comentarios
  1. alexis medina dice:

    coincido con usted.

  2. Tomas Gondesen dice:

    Desde cuando yo tengo la OBLIGACIÓN de abrir las puertas de mi casa al que le de la gana de entrar; invitado, aceptado o no. Lo mismo aplica para los países…

  3. Ricardo Chao Prieto dice:

    Es curioso que cada vez más gente nos planteemos la necesidad de resucitar (o reeditar, o reanimar) la Ilustración.

  4. De acuerdo con la linea general: política basada en evidencias, no en mantras ni consignas facilonas. No poner muros a la discusión racional; sin embargo, dejame por un momento hacer de abogado del diablo. Ha sido aquí la izquierda “posmoderna” donde ha levantado muros “infranqueables”, cuyo mero intento de impugnación, cuestionamiento o discusión supone ser considerado sospechoso, complice, facha etc. Y Vox ha entrado al trapo sobre ese muro en plan castizo y torero, pocos argumentos y mucha testosterona , pero poniendo el dedo en la llaga. Digo esto, pues creo que hay cosas del discurso políticamente correcto que fallan y se conocen datos contradictorios; quizá parcialmente manipulados, inciertos …pero con un nivel de verosimilitud respetable.

    Concretemos por temas. Existen fundamentos reales de que la Ley de Violencia de Género no está funcionando: no parece que esté solucionando el problema y crea una duda, no baladí, de que la presunción de inocencia para el caso del varón no se está respetando. Vox ha salido con el bastón de “derogar” esa ley, cosa que dificilmente va a hacer con 12 diputados en Andalucía. Respuesta “¡Vox está a favor de la violencia de género! ¡Complices de los asesinos!.”. Ya tenemos de nuevo, salvada la tertulia del morbo de los medios de “comunicación” pero el debate racional absolutamente bajo las ruedas.

    Pero ¿Porqué no se abre al debate público esa Ley? ¿Qué partes funcionan? ¿Cuales no? ¿Como se podría mejorar? ¿Qué parte de prevención depende de la ley y cual de su gestión y financiación adecuada?. Es una posiblidad reformar esa Ley, fruto de una discusión racional. No suponiendo, que una reforma siempre tiene que ser una afrenta para una parte (un juego de suma cero). Bien se que puede que Vox cargue para una lado, pero el otro no da respuestas racionales, solo demoniza. Por ejemplo, he leido el preámbulo de dicha ley; todo esta escrito en lenguaje ideológico de “teoría de género” dado como “científico”. Pues bueno, que alguien se empiece a leer dicha ley ….. antes de lanzarla al fuego o proclamarla como verdad “revelada”.

    Quede, no obstante, claro que Vox, no solo no es santo de mi devoción, sino que es bastante incompatible con mi cosmovisión, en la cual comparto bastantes elementos contigo. Más Popper, y Pinker…. y menos Heidegger y Foucault.

    Lo mismo para otros discusiones, como el asunto de las autonomías, la cuestión catalana, la inmigración. Debate claro, luz y taquígrafos; pero también exponiendo todas la aristas desagradables, para cualquier ideológia. Pero eso me dará

    Enhorabuena en todo caso por tu imprescindible blog.

  5. marisa dice:

    En mi “opinión” (entrecomillo la palabra por el hecho de que se pueda considerar que todos los asuntos políticos no son opinables sino epistémicos; opinión que no comparto, claro) es esa exaltación del individuo y la libertad de mercado, propia de la ideología liberal, la que ha llevado a ese auge de la ultraderecha; me refiero que cuando el Estado es un títere que no defiende lo común y lo público, el resultado es el crecimiento de la desigualdad (la riqueza de unos pocos y la precariedad de muchos), si a eso le añadimos el clasismo, y el propio individualismo, de las élites culturales, el caldo de cultivo para que surjan estos líderes que estamos viendo está servido.
    Usar la expresión “basarse en evidencias” como una garantía de corrección me recuerda a Descartes, como bien sabrás, formuló una moral provisional (bastante acomodaticia, por cierto) a la espera de poder alcanzar con su método basado en la evidencia, una ética absolutamente cierta, cosa que no pudo, lógicamente, lograr, dado el oxímoron. Explicaba Descartes que la posibilidad de error se produce cuando la Voluntad, que es más amplia que el Entendimiento, se pronuncia sobre cosas que este no abarca, y claro, las decisiones éticas y políticas (igual que otros aspectos irrenunciables de la vida) no son ni verdaderas ni falsas, por eso, en su afán de certezas, las aportaciones a la política de este filósofo brillan por su ausencia. Esa incompletitud del entendimiento para tomar decisiones y actuar es lo que hace que eso de “la Política Basada en Evidencias” me parezca una falacia (en concreto me parece una falacia ad verecundiam, porque apela a la autoridad, en este caso a la autoridad científica).
    Respecto a los referentes que citas para argumentar tu posición, te diré que Tony Blair basó el apoyo a la guerra de Irak en la “evidencia” de que había armas químicas…y su mentor, Giddens, escora un poco la Tercera Vía cuando afirma que el capitalismo no tiene alternativa; desde luego, el Laborismo ya no volvió a ser lo mismo en Inglaterra. Citas también a Pinker, bueno, digamos que frente al poético “cualquier tiempo pasado fue mejor”, tenemos al positivista “cualquier tiempo pasado fue peor”, ambas afirmaciones son puras generalizaciones, creo. Entre otros también te refieres a Gramsci, pensador comunista, a Erich Fromm, piscoanalista freudomarxista, y a Habermas…quiero recordar que la Teoría Crítica perseguía el ideal ilustrado de emancipación, pero, le criticaban a la Ilustración, esa fe ciega en que el mero desarrollo científico y tecnológico, por sí solo, pudiera alcanzar ese ideal.
    Por lo demás sí que me gusta lo que dices sobre los líderes carismáticos, sobre los chivos expiatorios, y sobre la multicausalidad en los problemas que nos acucian, y que, entretenidos en nacionalismos y votos, los señores políticos no solucionan. Aunque yo no utilizaría el concepto de “tribu” porque para mí no tiene una connotación peyorativa.
    Un saludo,
    Marisa

  6. raavca dice:

    Sigo con gran interés tu blog pero hoy me he sentido ofendido. Creo firmemente que nuestros argumentos a favor de la independència de Catalunya estan perfectamente fundamentados en una injusta financiación, por ejemplo, y en otras muchas razones en las que no viene a cuento entrar ahora pero que no veo razón alguna para suponer que no provienen del córtex frontal. ¿Estas seguro que no es más bien tu generalización sobre las motivaciones y razones del independentismo que, ingènua o malévolamente, confundes con el nacionalismo, la que proviene de tu cerebro reptiliano?

    Y ya por acabar con buen humor en relación a esa concepción de política basada en evidèncias, no deja de ser jocoso que la propuesta sea de Blair, no? Uno no puede dejar de pensar en la evidencia de las armas de destrucción masiva que justificó la invasión de Irak.

    Un afectuoso saludo y feliz año.

    Ramon Àvalos.

    El dimarts, 1 de gener de 2019, La Máquina de Von Neumann () va escriure:

    > Santiago Sánchez-Migallón Jiménez posted: ” En el programa electoral de > VOX no encontramos mucho más que una serie de soluciones simplistas, > propias de una tertulia de bar después de un par de copas. Simplismos como > eliminar el estado de las autonomías, poner un “muro infranqueable” en > nuestras f” >

  7. poli bueno dice:

    El fascismo viene estrechamente precedido de una subversión de las normas por las que nos regimos habitualmente todos y todas y todes. En el libro-sátira el hombre sin atributos https://ramiropinto.es/escritos-literarios/ensayos/atributos-musil/ se retrata la esterilidad de unas ideas que propiciaron una sola de entre ellas,el nazismo. La primera regla por la que nos regimos, por cierto, fue el tabú sobre el incesto, y la novela es sobre un amor incestuoso.

  8. Turner dice:

    Cuanto onanismo ante el exterminio de la raza blanca.
    Sois cómplices

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