La imbecilidad de la consciencia cósmica

Publicado: 15 abril 2019 en Neurociencias
Etiquetas:, ,

Podríamos imaginar que el cerebro humano estuviese compuesto de una única red neuronal global no estructurada de forma modular, es decir, sin partes especializadas en realizar tareas concretas. Las plantas tienen un tipo de estructura fractal en la que no existen de forma única órganos, ni ningún tipo de unidades funcionales especializadas: tienen muchas hojas, muchas flores, muchas raíces, etc. De este modo pueden resistir la destrucción de gran parte de su organismo antes de morir. Por el contrario, nuestro cuerpo fallece inexorablemente cuando se dañan órganos de los que sólo disponemos la unidad: corazón, hígado, páncreas, cerebro… Tener partes muy diferenciadas te hace muy sensible al fallo, mientras que si tu organismo es una constante repetición de lo mismo, la tolerancia al error es mucho más alta.

Entonces, pensemos en un cerebro no modular, un cerebro que se basa en la repetición de la misma estructura funcional (la neurona) una y otra vez. La destrucción de una de sus partes solo provocaría un degradado de la función global, pero no su total pérdida. Además, pensemos en un cerebro completamente interconectado, de modo que existen múltiples rutas alternativas de flujo de información. Si quiero mandar un mensaje de la neurona A a la B y algo daña la ruta habitual, la información siempre podría encontrar otros caminos para llegar. Además, esta estructura se parece bastante a nuestros sistemas de redes neuronales artificiales, en las que la información se guarda de un modo distribuido y no en ningún punto en concreto de la red ¡Molaría mucho que nuestro cerebro fuera así!

Eso además, pensaban Karl Lashley y Paul Weiss, dando base neuronal a la vieja tesis del ilustrado John Locke, que sostenía que somos una tabula rasa, que nuestro cerebro es, al nacer, una “hoja en blanco” indefinidamente moldeable por el aprendizaje. Lo cual, como ya escribimos en la Nueva Ilustración Evolucionista, servía como base neurológica al conductismo de Watson. Lashley hizo experimentos extirpando tejido cerebral a ratas y comprobando cómo les afectaba la pérdida a la realización de diferentes tareas. Comprobó que la localización de la pérdida no tenía importancia. Lo que, realmente, afectaba a la conducta de las ratas era únicamente la cantidad de cerebro extirpado. De aquí dedujo dos principios: acción en masa (el rendimiento cognitivo depende del rendimiento global de todo el cerebro) y equipotencialidad (cualquier parte del cerebro es capaz de realizar las tareas de las demás). El cerebro de las ratas tiene la misma estructura que los vegetales.

Las diferencias de inteligencia entre los seres humanos y el resto de los primates se explicaban, únicamente, apelando a la diferencia de volumen cerebral: más tamaño otorgaba más inteligencia. Sin embargo, aquí empezaron los problemas.  Cuando las técnicas de conteo neuronal se hicieron más precisas, se descubrió que el córtex cerebral humano tenía únicamente 1,25 veces más neuronas que el de un chimpancé, mientras que era 2,75 veces más grande. Nuestro cerebro creció de tamaño pero el aumento de neuronas no fue proporcional ¿Por qué? Porque si tu cerebro crece de tamaño, los axones de tus neuronas se hacen más largos, por lo que el impulso nervioso tarda más tiempo en llegar de una neurona a otra, lo que se traduce en lentitud y poca eficiencia. Es por ello que nuestro cerebro tuvo que especializarse localmente y hacerse modular. Un cerebro no modular sólo puede funcionar bien hasta un tamaño crítico a partir del cual se tiene que especializar.

Leamos estas reflexiones del popular cosmólogo Max Tegmark:

[…] una consciencia artificial del tamaño de un cerebro podría tener millones de veces más experiencias que nosotros por segundo, puesto que las señales electromagnéticas viajan a la velocidad de la luz, millones de veces más rápido que las señales neuronales. Sin embargo, cuanto mayor fuese la IA, más lentos tendrán que ser sus pensamientos para que la información tenga tiempo de fluir entre todas sus partes […] Así, cabria esperar que una IA “Gaia” del Tamaño de la Tierra solo tuviese unas diez experiencias conscientes por segundo, como un humano, y que una IA del tamaño de una galaxia solo pudiese tener un pensamiento global aproximadamente cada 100.000 años (por lo tanto, no más de unas cien experiencias durante toda la historia del universo transcurrida hasta ahora).

Max Tegmark, Vida 3.0

Tegmark utiliza este ejemplo para ilustrarnos sobre la lentitud de los procesos conscientes en comparación con los inconscientes. Sin embargo, podemos utilizarlo para defender la idea a la que yo quería llegar: el absurdo de una consciencia o inteligencia cósmica ¿Qué tipo de inteligencia sería aquella que tiene una experiencia consciente cada 100.000 años y que solo ha tenido unas cien en toda su vida? Por mucho que nos diera por fantasear con la posibilidad de algo así para contar relatos de ciencia ficción, la verdad es que una inteligencia con tan pocas experiencias no podría ser demasiado inteligente. Es más ¡sería muy imbécil! Para cuestiones de inteligencia el tamaño sí importa, y lo ideal para tener una inteligencia similar o superior a la nuestra es mantener un diseño optimizado entre tamaño y modularidad. Lo ideal, tal como bien expresa Tegmark, sería un tamaño aproximado al de nuestro cerebro pero con una circuitería similar a la de los computadores de silicio. Por el contrario, un tamaño gigantesco debería ser hipermodularizado para ser eficiente, tanto que no podría tener un módulo de control o mando consciente eficaz. Es más, una inteligencia del tamaño del universo tendría unos módulos tan alejados los unos de los otros que, de nuevo, su coordinación para cualquier actividad seria lentísima. Pensemos que si la información puede viajar a la velocidad de la luz, y tenemos dos módulos, uno en cada extremo del universo (visible), el mensaje tardaría noventa mil millones de años luz en llegar… ¡varias veces la edad del propio universo!

No amigos, no hay ni habrá ninguna consciencia cósmica. Otro mito heredado de mezclar las religiones tradicionales con la ciencia ficción.

comentarios
  1. Y adiós a la idea de los marcianos cabezones…

    excelente entrada

  2. nerd dice:

    Se me ha ocurrido trasladar este argumento a la sociedad global actual comparada con la de principios del SXX por ejemplo. Si por aquel entonces la inteligencia de los individuos era la misma que tenemos ahora, pero la comunicación entre nosotros era muchísimo más lenta, ¿cómo explicar que no seamos ahora más inteligentes como especie? Tenemos acceso muchísimo más rápido a la información y no digamos a la comunicación interpersonal y sin embargo no hemos avanzado en aspectos humanísticos, morales o convivenciales. Estamos, una gran parte de los seres humanos conectados a terminales que permiten la interacción, el intercambio de inteligencia, información y conocimientos, pero por contra nuestra conciencia de comunidad está cada día más individualizada, atomizada y descooperativizada (si se me permiten el palabro). Sé que me meto en jardines políticos y filosóficos y que no es sencillo caminar por ellos pero me surgió esta reflexión paradójica leyendo su interesante artículo ¿Será el empleo de la tecnología por parte de las élites manejado con intereses que van en contra de un verdadero progreso social? ¿Saben que los hijos de los gurús de Silicon Valley acuden a escuelas donde está prohibido el uso de teléfonos “inteligentes”, tabletas, o cualquier otro dispositivo informático? ¿Estará la supuesta inteligencia del dispositivo haciendo involucionar nuestra mente? Llámenme conspiranoico si quieren, pero esta reflexión es la que ha venido a mi mente. Para mí es evidente un retroceso en habilidades de cálculo y nemotecnia en los últimos tiempos, aunque sé que no es científico este planteamiento lo considero una verdad empírica.
    Saludos.

  3. Esteban Chacon dice:

    Si el problema para percibir una experiencia es la distancia y si un ser superior opera en una cuarta o quinta dimensión donde el espacio es curvo y puede pasar de un lado a otro en un instante. Entonces una conciencia superior es completamente posible.

    Y si el procesamiento depende del tiempo. Sabemos que el tiempo es dependiente de la gravedad, por lo que para nosotros presos de la gravedad parece mucho tiempo, para alguien libre de la gravedad es apenas unos segundos. Viendo de otro modo, si alguien (corredor 1) cerca de un agujero negro corre, a vista de un corredor 2 alejado del agujero, el corredor 1 estaría yendo muy lento y en lo que el corredor 1 experimenta una carrera, corredor 2 puede experimentar 10 carreras o 100 carreras, etc; dependiendo de cuanto el corredor 1 se acerque al agujero negro y el corredor 2 se aleje del agujero negro. Ojo que los 2 tienen la misma capacidad neuronal y la diferencia de numero de experiencias recibidas puede llegar a ser abismal.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s