Transparencia

Publicado: 24 septiembre 2019 en Filosofía de la mente
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Suele decirse que un buen método para saber si estás soñando consiste en pellizcarse. Si duele estás despierto y si no, estás soñando. Nada más lejos de la verdad: si estás soñando, a no ser que hayas sido entrenado en sueños lúcidos por Stephen Laberge, no sabes que estás soñando y no hay forma de saberlo. Por decirlo poéticamente, los sueños son unas prisiones perfectas: no puedes escapar de ellos porque, precisamente, no sabes que estás en uno de ellos. A esta propiedad la llamamos en filosofía de la mente transparencia.

La transparencia no es única de los sueños, sino que también es propia de nuestra percepción de la realidad. Todos nosotros nacemos realistas ingenuos (Naïve realism), pensamos que lo que observamos por nuestros sentidos es la auténtica y pura realidad al desnudo. Creemos que el árbol que tenemos delante de nuestros  ojos tiene esas formas y colores de un modo absolutamente objetivo. Es por eso que si viviéramos en la matrix de las Wachowski, no habría forma de escapar de allí hasta que Morfeo viniera a rescatarnos (solo pueden salvarte desde fuera, tú nunca podrías salir desde dentro). Pero, ¿es que acaso lo que percibimos no es el mundo real? ¿El árbol que veo delante de mis ojos no está, realmente, delante de mis ojos? No.

El primer argumento contra el realismo ingenuo va referido al tiempo. Creemos que lo que percibimos visualmente ahora mismo, está pasando, realmente, ahora mismo. Creemos que tenemos un acceso directo al presente. Sin embargo, esto es imposible: el cerebro necesita un tiempo para  procesar la información. Cuando vemos cualquier objeto, desde que la información visual golpea la retina y viaja por el nervio óptico, pasando por distintas áreas visuales y por el hipotálamo, hasta llegar a las zonas de asociación, pasan, como mínimo, unas milésimas de segundo. Por tanto, la representación mental que emerge en mi consciencia tiene, necesariamente, cierto lag, llega con retraso. No tenemos acceso directo al presente, sino solo a un pasado reciente. El árbol no está delante de nosotros, tan solo estaba delante de nosotros.

Otro argumento que a mí me parece muy sugerente (en la historia de la filosofía hay multitudes de ellos) es el basado en la teoría de la evolución que ya trajimos aquí con la teoría de la interfaz de Donald Hoffman.  Si la evolución biológica termina por premiar diseños eficientes, parece mucho más eficiente que no gastemos tantos recursos en percibir toda la realidad tal y cómo es, sino que utilicemos señales, símbolos, iconos, etiquetas, esquemas que nos permitan saber delante de qué estamos sin tener que saberlo todo. Si un tigre dientes de sable viene a devorarme, no hace falta que perciba todo lo que realmente es un tigre dientes de sable, sino solo lo necesario para saber que tengo que huir rápidamente de allí. Hoffman sostiene que nuestra mente es como el escritorio de nuestro ordenador, en donde los iconos representan los objetos que percibimos. El icono del reproductor de vídeo no se parece en nada a toda la serie de procesos electrónicos que suceden dentro del ordenador cuando ves un vídeo. Verdaderamente, a no ser que seamos ingenieros, no tenemos ni idea de cómo funciona todo ese mecanismo interno de voltajes, circuitos y transistores. Sin embargo, el icono funciona: cuando yo hago clic en él, el vídeo se escucha.

Pero aquí cabe otra pregunta: ¿por qué la evolución nos hizo realistas ingenuos? ¿Por qué hizo que la realidad se nos hiciera transparente? ¿Por qué engañarnos cual genio maligno cartesiano? Una posible respuesta nos la da Thomas Metzinger en la misma línea que Hoffman: porque requeriría un nuevo coste metabólico sin una finalidad evolutiva clara ¿Para qué me sirve saber que el icono “Tigre dientes de sable” no representa a un tigre dientes de sable real? Lo único que tengo que saber es que es muy peligroso y que hay que huir.

Aunque claro, aquí podemos entrar en un peligroso círculo vicioso: ¿Por qué yo he sido capaz, ahora, de darme cuenta de que no percibo la realidad tal y como es? ¿Por qué la evolución ha permitido que Hoffman y Metzinger lleguen a esta conclusión si no hay finalidad evolutiva alguna para ello? La respuesta está en que esta conclusión es el efecto colateral o secundario de otras habilidades que sí que tienen función evolutiva clara: nuestra capacidad de razonamiento, el lenguaje, la imaginación, etc. nos valen para sobrevivir, pero también para hacer otras cosas que no nos valen para nada. Es lo que llamamos el excedente cognitivo, si bien, para desarrollar esta idea convincentemente, requeriríamos muchas más explicaciones. Dese cuenta el lector que estamos ante una teoría no falsable en términos popperianos: afirmamos que todo tiene un origen biológico evolutivo, cuando lo encontramos todos contentos, pero cuando no, decimos que es un efecto colateral, exaptación, órgano rudimentario, etc. con un origen, igualmente, evolutivo. Siempre tenemos respuestas para todo y así siempre tenemos razón. Sospechoso. Hay que mejorar las explicaciones, afinar más: hay que profundizar mucho más en la teoría de la evolución. No me canso de afirmar que solo hemos tocado su superficie.

La transparencia solo se aplica a la observación directa de la realidad, al mundo que percibimos. Los demás contenidos de nuestra mente no son transparentes: cuando pienso, recuerdo, imagino, hablo… en los contenidos de esos procesos mentales no hay transparencia. Diferenciamos perfectamente la imagen mental de un coche de un coche de verdad. De la misma forma, la palabra “coche” no es un coche. Aquí la función evolutiva es clara: difícilmente sobreviviríamos si no supiésemos diferenciar el recuerdo de un tigre dientes de sable de uno de verdad. Y gran parte de la disfuncionalidad que causan ciertos trastornos psiquiátricos va en esta línea: los objetos mentales se vuelven transparentes, no hay forma de saber que no son reales.

 

comentarios
  1. Jesus Garza dice:

    Es porque no la entiendo bien, pero la teoría de la mente como el escritorio del ordenador me parece mucho más rebuscada que la que usted considera más interesante, que presupone que percibir la realidad completa es costoso. Sin embargo, en lugar de pensar que la mente hace esquemas, podríamos ajustarnos a lo que sí sabemos, que es que el cuerpo filtra la realidad y así baja el costo de percibir la realidad a lo que necesitamos para sobrevivir.
    Esa podría ser la razón por la que no podemos ver todos los colores (ultravioleta, infrarrojo), ni escuchar todos los sonidos. Nuestros ojos y oídos los filtran. Sin embargo, sabemos que existen, porque podemos crear aparatos para detectarlos.

  2. Efe dice:

    Por eso, al revés que Matrix, la película “El show de Truman” es inadmisible. El protagonista se va dando cuenta de que vive en una ficción y finalmente logra emanciparse. Pero alguien que estuviera realmente en esa situación no tendría elementos de juicios para descubrir la farsa. No sería capaz de percibir “pequeños detalles” con los que atar cabos, porque esos pequeños detalles, imperfecciones, fallos en el sistema, los llevaría experimentando desde la infancia y conceptualizando toda la vida como normales. La prisión sería, pues, transparente.

  3. Efe dice:

    Y un comentario añadido respecto al carácter infalsable y no popperiano de la transparencia como propiedad filosófica. Ocurre a veces que algunos discursos -en particular ciertos feminismos-, niegan a las personas la capacidad de detectar su supuesto sufrimiento o sometimiento, por más que según esos mismos discursos tales estados sean extremos y, curiosamente, totalmente perceptibles para los demás. Así, una prostituta que, digamos, reclama su derecho a ejercer dicha actividad y afirma hacerlo voluntariamente, se encuentra con que las mismas voces que quieren protegerla niegan su posición dado que (hallazgo felicísimo e irrebatible por definición) ella no sabe que no es libre. Cree serlo, pero no lo es. La transparencia como herramienta de los sofistas.

  4. pharmakoi dice:

    Entiendo que ciertas posturas sobre lo ético de la prostitución puedan generar contradicciones, pero es innegable que la mayoría de las prostitutas están inmersas en redes de explotación y trata de blancas (al menos en nuestro país). De aceptarse la prostitución se debería legalizar y normalizar su situación.

    Por otro lado, este no es el único caso en que la psicología y el “feminismo retrógado antipopperiano” hablan de opresión psicológica interiorizada, también hay otras prisiones igual de transparentes para muchas de las que lo sufren, como la tradición de la ablación de clítoris. Tíldame de sofista, pero yo en esto no tengo dudas de que se trata de algo no ya falto de moral sino de ética. No se si comprendo bien el concepto de transparencia tal y como lo utilizáis aquí, pero la ética quizá si debiera ser transparente, ciertos valores deberían ser aceptados universalmente. Como una percepción directa más que como una suerte de constructivismo funcional.

    Para terminar he de decir que en mi opinión muchos enfermos mentales se ven sometidos también a este tipo de opresión, al aceptar como algo natural y transparente los recortes de libertades establecidos para ellos por unas normas y una moral retrógadas (sin comillas).

  5. pharmakoi dice:

    Cuando hablé de la ablación de clítoris quizá hubiese sido más correcto decir padecer (sobrellevar con entereza un daño) que sufrir. Pero bueno, no me voy a enredar en discusiones terminológicas, creo que se entiende perfectamente que me refería a que muchas mujeres que padecen estas prácticas las aceptan y las justifican como algo positivo por el efecto de la opresión psicológica interiorizada (sin peros).

  6. pharmakoi dice:

    Sobre esto salió hablando en un informativo un guardia civil, epítome del feminismo radical, decía que habían desarticulado una red de explotación laboral aquí en España en la que los trabajadores vivían hacinados en condiciones infrahumanas cobrando 100 euros al mes. Y comentaba también que uno de los problemas para acabar con estas redes es que los propios trabajadores explotados no quieren que se les ayude ya que consideran que les están haciendo perder el trabajo.

    Con lo de llamar retrógrada a la psiquiatría igual me pasé, pero sigo pensando que a veces se exceden en el trato, más aún teniendo en cuenta que los psiquiatras funcionan un poco por ojímetro dada la reconocida ausencia de biomarcadores fiables para diagnosticar algunas enfermedades mentales. Que sí, que hay indicadores como la inhibición prepulso, el p50 y otros que unidos al diagnóstico clínico dan bastante validez y entidad a estos trastornos, pero no es del todo comparable con la objetividad y exhaustividad o los conocimientos sobre la etiología de la mayoría de enfermedades que tratan otros especialistas de la profesión médica.

    Bueno que me pierdo, gracias Santiago por la explicación sobre la transparencia desde una perspectiva filosófica, una vez escuché una ponencia de Metzinger y no sabía a que se refería con eso de la transparencia. Ahora, que la “enviromental seclusion” (https://predictive-mind.net/@@kw2paper?keyword=Environmental%20seclusion) es de los aspectos más discutidos de estas teorías y aun hoy día hay quien aboga por la teoría de la percepción directa.

    Por cierto yo tengo sueños lúcidos sin que nadie me haya entrenado, normalmente comienzan cuando me doy cuenta de ciertas incoherencias dentro del sueño, pero suelen durar bastante poco, especialmente en las pesadillas que cuando me doy cuenta de que es un sueño me despierto intencionadamente.

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