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(Cuidado, spoilers).

0. Cuando haces una continuación de un clásico como Blade Runner (además diseñado para no tener secuelas, una obra redonda, completa en sí misma) lo tienes dificilísimo. Si haces lo mismo no aportarás nada, y si haces algo distinto, ya no será Blade Runner y decepcionarás a los puristas. Era muy fácil hacer algo muy malo y, en este sentido, Villeneuve no lo ha hecho mal: ha fabricado su propio Blade Runner con mucho del original pero con mucho también de cuenta propia. Ha equilibrado. Pese a ello, otra cosa es que te guste Villeneuve (a mí no especialmente, pero es cuestión de gustos).

1. La atmósfera: lo mejor que tenía la original era el clima ciberpunk ochentero: la lluvia, los inmensos carteles luminosos, suciedad, desorden, mucha gente, superpoblación, orientalismo por doquier (recordemos que en los ochenta Japón acababa de superar económicamente a Estados Unidos)… clásico universo apocalíptico opresivo y asfixiante que muestra una sociedad decadente dominada por despiadadas multinacionales (por eso la gente la abandona y se va a las colonias, siguiendo aquí fielmente la novela de Dick). Sin embargo, en la Blade Runner de Villeneuve no hay tal atmósfera opresiva: hay cierta limpieza y sobre todo, mucho espacio, mucha amplitud (a veces, casi recuerda a la Gattaca (1997) de Niccol). Y tampoco se ve la monstruosidad arquitectónica de la original (que Syd Mead pudo ver en Metrópolis), en la que la ciudad era un maremagnun de alturas y niveles que no dejaban ver el cielo.  El futuro de Villeneuve no es el mismo que el de Scott y a mí me gustaba mucho más el original y pensaba que Villeneuve, con los medios técnicos actuales, podría profundizar en él. A mi pesar no ha sido el caso y a mí, personalmente, la ambientación del canadiense no me dice demasiado.

2. La música: la película original tenía una de las mejores bandas sonoras de la historia del cine por lo que no sé podía hacer mucho más de lo que han hecho: un refrito de la de Vangelis metiendo alguna cosita diferente. No obstante, hay errores: no entiendo por qué a Villeneuve le gusta meter esas estridencias a todo volumen cuando parece que no pega demasiado (igual lo hacía en la Llegada, 2016).

3. La fotografía: me ha pasado algo parecido a cuando vi Prometheus (2012): sí, la fotografía es excelente pero estamos en un momento en el que parece que con una buena fotografía ya justificas todo lo demás (la crítica parece tener orgasmos solo con esto), cuando, realmente es al contrario: la fotografía es otro elemento del lenguaje cinematográfico que tiene que estar al servicio de la película. Para ver solo buenas fotos ya me voy yo a una exposición en una galería. Y aquí es donde el metraje se hace innecesariamente largo: hay planos demasiado extensos que se recrean en la imagen por el mero hecho de recrearse, no porque digan nada más. Hay, digamos, un exceso de preciosismo.

4. El guión: hay historia y hay giros, vale. No está mal. Hay investigación detectivesca (recordemos que estamos en una película de cine negro) que hace avanzar la película. Además, como no podría ser de otra manera, el núcleo de la trama se basa en la duda de si uno es un replicante o no. Sin embargo, deja bastantes flecos… ¿Qué pasa con Wallace? ¿Y con la rebelión? ¿Vamos hacia la trilogía?

5. Me ha gustado mucho como se introducen nuevos temas como la relación emocional con una inteligencia artificial o la realidad aumentada, con el personaje de Joi (esos temas no existían en 1982). El problema es que, al hacerlo, se copia descaradamente, y sin vergüenza alguna, a Her (2013), incluso repitiendo la escena sexual en que se contrata a una chica para dar cuerpo a la intangible IA que, en este caso y al contrario que en Her, quiere ser humana. Y una pequeña cuestión: Joe lleva a Joi en una especie de disco duro externo que le permite proyectar su holograma en cualquier lado (lo llaman emanador), pero que si se destruye, ella desaparece… Vamos a ver: ¿no puede hacerse copia de seguridad? Joi no deja de ser un programa de ordenador…  No obstante, Ana de Armas es, probablemente, lo mejor de la película: su particular belleza que la asemeja a una chica anime la hace especialmente idónea para el papel de mujer florero virtual.

6. También me ha gustado que se toque el tema de la creación e implantación de recuerdos, aunque se hace de un modo muy superficial, al menos visualmente es interesante. El personaje de Carla Juri se hace entrañable en pocos segundos.

7. Ryan Gosling: tiene buena apariencia de blade runner, y acepto que su total inexpresividad quiera representar la falta de afectividad de un replicante, pero eso hace que no empatices ni un segundo con él. Es más, lo bien que asume su miserable vida de ciudadano de segunda (de pellejo) que vive en un apartamentucho, solo con una IA simulando ser su esposa… Lo siento pero si lo hubiesen matado en cualquier parte de la película el espectador no habría sentido ni la más mínima pena (de hecho así ocurre cuando, al final, parece que se deja morir sin ninguna razón mientras ve nevar, en una nueva muestra de lirismo sin demasiado sentido). Igualmente pasa con Joi. Supongo que Villeneuve esperaría que todos nos estremeciéramos por dentro en el momento de su muerte, pero no sucede así. A pesar de que uno entiende su pequeñez y su indefensión, no termina de empatizar, sigue siendo algo plana. Muchos críticos han dicho que a la película no tiene alma, y tienen mucha razón. Todo pasa demasiado tranquilamente, con ese ritmo pausado propio de la original, pero que le quita muchísima intensidad. Y este es el gran problema: no te sobresaltas, no te emocionas, no vibras… Villeneuve, contigo no siento nada.

8. Jared Leto… ¡uffff! Por un lado me parecen demasiado efectistas esos continuos reflejos acuáticos que rodean su entorno piscinero-orientaloide, por no hablar del juego de claroscuros cuando conversa con Deckard. Tampoco ayudan los delirios peudofilosóficos que suelta cuando habla… El personaje queda muy desdibujado y sin desarrollar ¿Por qué está ciego? Y luego su secuaz, la auténtica villana de la película, pues… tampoco. Sylvia Hoeks lo hace bien pero es que a mí que la mala sea una replicante pija diseñada como una psicópata experta en artes marciales… No podemos compararla, ni de lejos, con la presencia ni el carisma de Roy Batty.

9. Robin Wright: bien. Muy correcta como la dura, fría y amargada teniente Joshi, que lucha por mantener el orden a toda costa. Nada que envidiar a su homólogo en la original: Michael Emmet Walsh como Bryant.

10. Momentos lamentables: fundamentalmente tres: el encuentro, y la pelea, entre Joe y Deckard es totalmente ridículo y sin sentido (¿por qué citan La Isla del Tesoro?); la digitalización de Sean Young… ¿por qué? ¡Dios mío! ¿Por qué? ¿Y por qué ese doblaje al castellano? ¿Por qué no habéis intentado, al menos, imitar la voz de Rachael?; y encontrar a Edward James Olmos en un geriátrico… ¿no se les podría haber ocurrido un final mejor para el enigmático agente Gaff?

11. Grandes momentos: la secuencia de la pelea entre Joe y Luv, en plena oscuridad marítima, con planos aéreos incluidos, es muy buena. Tampoco está mal el nacimiento de la replicante a la que Jared Leto ejecuta sin compasión. Mola mucho el spinner de Joe (más que el original de Deckard).

Conclusión: podría haber sido mucho peor, pero, desde luego, no es la obra maestra de la que habla la crítica y no va a pasar a la historia de la sci-fi.  Si te gusta Villeneuve, es posible que te encante, pero a los que no nos hace del todo tilín… Creo que ha sido una oportunidad desaprovechada para profundizar más en la obra de Scott. En una conversación de la película se dice que los nacidos tienen alma pero los fabricados no. Esa es la diferencia entre las obras de Scott y Villeneuve: la de Scott tenía alma y la de Villeneuve, es tan solo una replicante.

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Interstellar

Publicado: 8 diciembre 2014 en Cine
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Interstellar

Cuidado: spoilers.

Exactamente, exactamente la misma sensación que me dejó Origen: es una película decente, pero está lejísimos de ser una obra maestra por extrañas razones, y en ambas películas, casi las mismas.

1. Los efectos especiales están bien, aunque no suponen ningún salto adelante, tal y como fue la 2001 de Kubrick. Interstellar no revoluciona nada en este campo, cuando todo el mundo, creo, que esperábamos algo más.

2. También están bien las referencias a los clásicos de la ciencia-ficción. Kubrick está por todos lados (muy ingeniosamente, en la forma de monolito de los robots) pero quizá solo a cierto nivel superficial. El espíritu de 2001, el modelo narrativo y cinematrográfico no aparecen por ningún lado. Nolan solo coge ciertos detalles, pero no la esencia. El monolito ahora es una singularidad, y el viaje final de Bowman es Cooper introduciéndose en Gargantúa.  Arthur Clarke también aparece: el planeta de las olas es una copia de un capítulo de Cita con Rama y la estación espacial del final es la misma Rama. Y seguramente que hay muchas más referencias que yo desconozco.

3. La cinta es entretenida a pesar de sus casi tres horas de duración. Si entendemos que el principal objetivo del cine es el entretenimiento, Interstellar cumple notablemente.

4. La banda sonora también es correcta aunque, igual que pasaba en Origen, a veces, parece que suena cuando no debe, se hace repetitiva y se nota demasiado su intencionado efectismo: suena para emocionar cuando, quizá la escena en sí misma, no emocionaría casi nada.

5. Vamos con lo malo: el gran defecto del cine de Christopher Nolan son las sobreexplicaciones (Igualito, igualito que en Origen). Nolan tiene un terror enfermizo a que algo no se entienda, por lo que pone a sus actores a explicar una y otra vez lo que está pasando. En Interstellar, el culmen roza lo ridículo cuando el personaje interpretado por David Oyelowo le explica al protagonista la forma esférica del agujero de gusano con un papelito y un lápiz (explicación que, además, hemos visto ya en otras películas). Y es que esto parece indicar una carencia cinematográfica tremenda de Nolan. El cine tiene la maravillosa virtud de poder contar cosas con su propio lenguaje de imágenes y sonidos, sin tener que recurrir necesariamente a una voz. Y es que parece que Nolan no sabe narrar usando solo ese lenguaje, y eso es muy, muy malo, si eres director de cine.

6. Luego está el guión, que hace aguas por todos lados. Cooper viaja al agujero negro para poder contarle a su hija, a través de las manecillas de un reloj de pulsera, la teoría física necesaria para salvar la Tierra (¿no suena ya un poco demencial?). El caso es que, de primeras, el mensaje que manda en código Morse es “Quédate”, con la intención de que su hija convenza a su “yo-del pasado” de que no se largue al espacio. Si ese mensaje hubiera tenido el efecto requerido, Cooper no hubiera podido salvar el mundo. ¿Para qué ese mensaje?. Pero es más. Antes, la supuesta “civilización post-humana del futuro” habría mandado otro mensaje diciendo las coordenadas de la base secreta de la NASA para que Cooper y su hija la encontraran. Pero, si ya podían enviar mensajes sin la necesidad de que Cooper entrara en el agujero negro para hacerlo… ¿por qué no mandaron directamente la teoría física para salvar la Tierra y se ahorraban todo el jaleo? La subtrama de la historia de la familia de su hijo es totalmente absurda: parece ser que debido a la ingesta continua de polvo, la mujer de su hijo y el nieto de Cooper están enfermando gravemente. Murph y su amigo médico le dicen al padre que tiene que llevárselas de la granja o morirán. Y él se niega en redondo… ¿por qué? ¿Qué padre y marido que esté en sus cabales va a dejar morir a su mujer y a su hijo por no abandonar una granja? El final es malo y extraño: cuando Cooper se encuentra con su anciana y moribunda hija, solo intercambian unas breves palabras y ella le dice que se vaya, que la deje morir con los suyos… algo frío y confuso después de tanto amor durante toda la película. También le dice que vaya a buscar al personaje de Anne Hathaway, que andará por allí sola, montando un campamento en el futuro planeta para la humanidad… pero… ¿cómo sabe ella eso? Y, aparte, ¿no se preocupa Cooper nada por lo que ha sido de su otro hijo? ¡Si hasta se preocupa más por el robot!

7. Y los topicazos repetidos ad nauseam en la historia del cine: el protagonista es el de siempre: el héroe americano, el seductor cowboy sideral que desborda testosterona y que se debate entre el amor a sus hijos y la salvación de la humanidad; las lamentables bromitas en situaciones de peligro extremo; el coqueteo ente los protagonistas que, para variar, comienzan llevándose mal; la descarada publicidad de la NASA (incluso justifican sus elevados presupuestos); algunas conversaciones filosóficas de nivel de parvulario; la sempiterna entrevista del padre con el director y una profesora del instituto (que no aporta absolutamente nada a la trama y cuyo desarrollo es bastante infantil, con teach the controversy incluido); e incluso el partido de baseball y todo, al que va el padre a ver a su hijo (en Norteamérica el momento-partido debe ser el más importante de la vida de todo adolescente). Todo es un tanto ñoño y sentimentaloide. La moraleja final de la película: el amor (y la gravedad) lo puede todo, es un tanto naif.

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8. Y es que es la constante en el cine de Nolan: una pretenciosidad grandilocuente que se queda en casi nada. Hay una ilusión de complejidad que, realmente, no es para tanto. La complejidad es artificiosa, rebuscada, poco natural. He visto buenas películas de Disney o Pixar hechas para admitir dos lecturas: una infantil para los niños y otra más madura para los padres. Tanto unos como otros salen contentos del cine. Nolan, sin embargo, quiere hacer una película que el espectador medio entienda, a la vez que pretende adentrarse en las profundidades de la física y los misterios del ser humano. En ambas pretensiones falla: al espectador medio Interstellar le parecerá un tostón infumable, y al friki cinéfilo totalmente insatisfactoria.

Corolario: Interstellar es una película decente y entretenida que merece la pena ver. Sin embargo, no supone ningún tipo de revolución en el campo de la sci-fi. No supone un antes y un después de nada. Es una más. Gravity me parece más solvente y Moon (2009) de Duncan Jones es mejor película. Lo mejor que ha hecho Nolan, con diferencia, fue Memento (2000).

Enter the Void wide

Aún no sé muy bien cómo Gaspar Noé consigue grabar ciertas secuencias. No sé qué tipo de grúas utilizará para colocar la cámara y cómo las mueve, pero el caso es que el efecto que consigue es realmente alucinante. Gran parte del metraje lo constituyen exclusivamente largos planos cenitales y planos-secuencia en donde la cámara sube al cielo, baja en picado, gira sobre sí misma… pero lo más espectacular es que consigue narrar perfectamente la historia. Uno podría esperar no enterarse de absolutamente nada, pero no, todo está bastante claro y excelentemente bien contado (quizá también porque la trama es simple). La historia, como no podía ser de otra manera tratándose del director del que hablamos, comienza por la mitad (al menos no va marcha atrás como en Irreversible), te va contando lo que pasa antes hasta llegar al principio, y luego te cuenta el final (con múltiples flash-backs al pasado), pero insisto: si otros directores hubieran hecho una película incomprensible, de esas que hay que ver tres veces para enterarte de algo, Gaspar Noé hace que la película tenga mucho más contenido al ser hecha de este modo. Y es que eleva el nivel del montaje a un grado de virtuosismo que yo, personalmente, rara vez he visto. Es un lenguaje cinematográfico muy diferente, pero extremadamente eficaz debido a su maestría técnica. Ha sido realmente bueno que una película de cine experimental haya contado con un presupuesto de más de quince millones de euros (¡y en plena crisis!). Eso se nota.

La fotografía es, igualmente, magistral. Jamás hemos visto Tokio de esta manera. Sí, es ver la ciudad completamente drogado, alucinando, hipnotizado ante el constantemente exagerado efecto de las luces de neón y de los múltiples colores y parpadeos que tiñen las escenas, mostrándonos el estado de ánimo de los personajes. Vemos un Tokio desde las alturas, pero no desde el plano aéreo que veríamos si rodáramos, por ejemplo, desde un helicóptero. Vemos un Tokio a ras de los tejados, atravesando constantemente paredes, entrando y saliendo de habitaciones, como si la ciudad fuera el conjunto de celdillas de un gran panal, como si Noé nos quisiera adentrar en las entrañas, en el corazón de la ciudad. Si te gustó la visión que daba Sofía Coppola de Tokio en Lost in Traslation, esto es lo mismo pero elevado a la enésima potencia.

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¡Ojo, a partir de aquí spoilers!

Está muy bien tratada la indefensión de Linda (Paz de la Huerta): guapísima pero muy ingénua, infantil, durmiendo con su osito de peluche. Siguiendo la fatalidad esperada termina como stripper en un burdel y novia de su dueño. Aquí, todos esperábamos que el novio (Mario) la maltratara, pero curiosamente no pasa nada. La trata bien, a pesar de que el espectador tiene miedo de que en cualquier momento le va a pasar algo malo (más después de la brutal escena de violación de Mónica Bellucci en Irreversible). Óscar, su hermano, quiere protegerla ya que después de quedar huérfanos tras el accidente de tráfico que acabó con la vida de sus padres (y que Noé nos cuenta brutalmente), es lo único que tiene en el mundo. La primera parte de la película está narrada en primera persona, desde los ojos de Óscar, hasta que éste muere asesinado por la policía en el baño de un pub llamado Enter the Void. Después, la imaginería de la película transcurre desde un plano aéreo, desde la perspectiva del “fantasma” de Óscar, que no sabemos muy bien en qué se reencarna (de hecho, el mismo Noé dice que no cree en la reencarnación), pero que está aquí, en cada secuencia (es un logro impresionante hacer que su presencia resulte casi palpable). El film pretende ser aquí una fusión entre el budismo propio de la tradición oriental y el Tokio postmoderno de la actualidad. Esta es la visión que Noé tiene de la ciudad.

El ambiente es sórdido: drogas y prostitutas. Los personajes están al borde del abismo. Óscar es un narcotraficante y Linda está al borde de la prostitución. Es muy significativo que Óscar esté muy preocupado por no caerse desde algún balcón bajo el efecto del DMT. Muchas secuencias se desarrollan en las alturas de Tokio, bajando y subiendo escaleras desde las que da vértigo mirar abajo. Así se expresa muy bien la idea del vacío, de estar al borde del precipicio y caer en la nada. Sin embargo, una vez que has muerto puedes volar, puedes ver todo desde las alturas sin ya miedo a la caída. Esta es la diferencia entre la vida y la muerte: caer al vacío o sobrevolarlo.

Óscar jura que si Linda tiene un hijo con Mario matará a ese hijo. Y así sucede. El “fantasma” de Óscar guía el destino de su hermana y cuando ésta queda embarazada, aborta (por supuesto, con primeros planos quirúrjicos del aborto y del feto). Al final Linda termina teniendo un nuevo hijo con Álex, un artista psicodélico bastante majo, mentor espiritual de Óscar (le presta “El libro de los muertos”), tal como, seguramente, Óscar hubiese querido. Álex será bastante mejor padre que Mario. La promesa de proteger a su hermana se cumple. Concomitantemente, se nos muestra visualmente una perspectiva de la vida después de la muerte. Este es el contenido metafísico de la película. No es gran cosa a nivel teórico, pero Noé no quiere teorizar, quiere visualizar, hacer sentir. Óscar está y no está, “vive” a través de las imágenes y los acontecimientos.

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Lo malo de la película es que Noé hace lo que le da la gana (Él mismo dice que no hace películas para el público), y si mientras la primera parte de la película es genial, la última hora se hace un tanto insufrible. Cada vez que se cambia de escena se hace una larga transición aérea que atraviesa la ciudad hasta llevarnos al lugar de la nueva. Pues bien, yo creo que la película tendrá más de media hora de transiciones sin más, media hora de atravesar edificios sin que pase absolutamente nada. La narración se ralentiza, todo ocurre mucho más despacio y nos tiramos una hora en la que solo pasan dos o tres eventos significativos entre idas y venidas de cámara. Hay que tener en cuenta que la película dura dos horas y media para un argumento que se podría contar en poco más de una. El espectador inquieto al que le gusta la velocidad del cine convencional saldrá espantado ante tanta reiteración. Parece que a Noé le gusta recrearse, volver una y otra vez a lo mismo. Se gusta y repite, pero claro, eso al espectador lo deja hecho polvo. Salen muchas escenas extrañas que no aportan nada a la historia: una de sexo lésbico con el compañero de piso de Álex danzando con dos linternitas, u otra, un largo recorrido sexual por el burdel de Mario, espléndidamente rodado, pero que no entendemos qué pinta en el argumento, más que una nueva recreación del mundo del director.

Enter the Void es una obra de arte, con sus virtudes y sus defectos, que te tocará la fibra, que no te dejará, para nada, indiferente. Es el uso, llevado al extremo, de un lenguaje cinematográfico diferente pero muy eficaz, de una altura técnica pocas veces igualada. Es de un atrevimiento temerario (y es que parece que a Noé le da igual todo, él rueda lo que quiere y punto) que lleva el cine experimental a otra dimensión y que, para gloria de Noé, funciona (aunque no para muchos espectadores). Es una experiencia audiovisual sorprendente que, por lo menos para mí, convierte a este creador en director de culto. Yo la recomiendo encarecidamente pero, ¡ojo!, siendo muy conscientes de lo que vamos a ver. No esperemos lo que no cabe esperar.

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Acabo de terminar de leer la novela de Clarke y no puedo dejar de recomendarla a todo el mundo. Para abrir boca a los posibles futuros lectores os dejo dos fragmentos en los que habla mi personaje mitológico favorito: Hal 9000.

En la nave, la Discovery, viajan cinco astronautas, tres de los cuales están en hibernación. Los otros dos, Poole y Bowman (que será el protagonista), están celebrando el cumpleaños del primero, emitiendo y recibiendo vídeos de la Tierra. En ese momento es cuando Hal habla por primera vez en toda la novela con una frase bastante premonitoria (uno que ya ha visto la película de Kubrick, sabe lo que va a pasar y cuando lee ésto, se asusta):

– Siento interrumpir la fiesta – dijo Hal -, pero tenemos un problema.

Y, para el disfrute de todos los frikis de la sci-fi os dejo las últimas frases de Hal cuando Bowman procede a su desconexión. A gozarla:

Dave – dijo Hal -. No comprendo por qué me está haciendo esto… Tengo un gran entusiasmo por la misión… Está usted destruyendo mi mente… ¿No lo comprende…? Me voy a hacer infantil… pueril… me voy a convertir en nada… […]

– Soy un computador HAL Nueve Mil, Producción número 3. Me puse en funcionamiento en la planta Hal de Urbana, Illinois, el 12 de enero de 1997. El rápido zorro pardo brinca sobre el perezoso perro. La lluvia en España cae principalmente en el llano. Dave… ¿se encuentra usted aún ahí? ¿Sabía usted que la raíz cuadrada de 10 es 3 coma 162277660168379…; Log 10 a la base e es cero coma 434294481903252… o corrección, o sea log e la base 10… La reciprocidad de 3 es cero coma 333333333333… dos por dos es… dos por dos es… aproximadamente 4 coma 1010101010101010… Me parece estar teniendo cierta dificultad… Mi primer instructor fue el doctor Chandra… él me enseñó a cantar una canción… que dice así… “Daisy, Daisy, dame tu respuesta, di. Estoy medio loco de amor por ti…”. […]

– Buenos… días… Doctor… Chandra… Aquí… Hal… Estoy… listo… para… mi… primera…. lección… de… hoy…

Y Hal murió. Os dejo el enlace de la maravillosa secuencia de la película:

Hace tiempo publiqué una entrada en la que transcribí la conversación entre el programa SHRDLU con su programador. Tiene menos encanto que la de Hal con Bowman, pero posee el aliciente de que es completamente real.

(La entrada contiene muchos spoilers, pero no creo que te destrocen demasiado la peli porque el guión y el argumento  son absurdos)

No puedo entender como un genio de la talla de Ridley Scott pueda hacer algo así. Supongo que ya chochea, porque contratar al guionista de Perdidos (Damon Lindelof) para hacer Prometheus y dar el visto bueno al peor guión de la historia del cine (digno de Ed Wood) es algo que va más allá de mis cortas entendederas. Veamos los desaguisados de tan increíble texto:

1. Unos científicos descubren que en pictogramas de diversas culturas se dan una serie de coordenadas de la posición de un planeta. En teoría, nuestros creadores, una raza de extraterrestres, nos invitan a que vayamos. Pero lo simpático es que cuando llegan al planeta se encuentran con una estación militar desde la que se planea exterminar la raza humana. Absurdo, ¿para qué nos invitan a ir si lo único que hay allí son armas de destrucción masiva para destruirnos? En toda la película, al estilo de Perdidos, no se explica nada de eso.

2. Cuando llegan a la estación militar, ven una serie de hologramas en donde se explica que aquellos que querían destruirnos, “los ingenieros”, tuvieron graves problemas con sus armas de destrucción masiva de tal modo que se les volvieron en contra. La pregunta es: ¿Para qué están allí tales hologramas? ¿Por qué, aquellos que quieren destruirnos, tienen la cortesía de explicarnos qué es lo que les pasó? Ah, es que al público retrasado mental hay que explicarle todo para que no se pierda.

3. El equipo de científicos elegido para tamaño descubrimiento (primer contacto con una especie extraterrestre) parece sacado de Scream. Cuando descubren las maravillosas construcciones extraterrestres parecen no tener interés ninguno. No se paran a observar nada, ni se preguntan nada. Curiosamente, a pesar de poseer una tecnología alucinante, no llevan ningún tipo de instrumento de observación (más que unos robotitos voladores que hacen mapas chulísimos de los que ahora hablaremos), ni se paran a tomar muestras ni conversan como lo haría un científico de verdad sobre todo lo que están viendo. Es decir, no son creíbles para nada. Si nos hubieran mandado a mi pandilla de amiguetes después de las ferias del pueblo, hubiéramos resultado más verosímiles.

3.a. El geólogo, un punky que tiene de geólogo lo que yo de futbolín, lleva consigo dos robotitos voladores que van haciendo un mapeado preciso de las estructuras arquitectónicas. Pues bien, en un momento de la peli, se caga de miedo y, junto con un biólogo, se quiere ir a la nave. Pues va y resulta que se pierde… O sea, que el que tiene más conocimientos y tecnología para no perderse pues posee un mapa tridimensional acojonante de dónde están, va y se pierde.

3.b. El geólogo y el biólogo (personajes más planos imposible), cual zipi y zape,  mueren del modo más imbécil posible. Vamos a ver: si te encuentras con una especie de cobra interestelar no la trates como si fuera un perrito.

4. El personaje de Charlize Theron es, para variar, absurdo. La chica actúa bien haciéndose pasar por una tipa muy, muy dura. Además se crea cierto misterio: ¿quién es y qué pinta aquí? Pero ya está. El guión no la lleva demasiado lejos. Al final es la hija del multimillonario que dirige el asunto. No hay más. Y luego muere de la manera más tonta aplastada como una cucaracha.

5. El multimillonario que organiza todo en busca de conocer a sus creadores para alargar su vida es irrisorio. Fichan a Guy Pearce para hacer un papel pequeño y ridículo. Tras veinte capas de un maquillaje lamentable de viejo superviejo que se nota a leguas que es de pega, podrían haber puesto a mi primo del pueblo y se hubieran ahorrado los millones que cobraría Pearce.

6. El robot, interpretado por Fassbender, es de lo mejor de la peli, pero de nuevo incoherente. Durante los dos años que dura el viaje y mientras la tripulación está en hibernación, se dedica a ver pelis y a estudiar lenguas de modo que, al final, sabe el lenguaje que hablan los malvados “ingenieros”. Ese conocimiento debería ser utilísimo pero el grupo de insignes científicos que lo acompañan pasan de él. Es más, él es el único que parece sentir curiosidad por lo que están descubriendo (a pesar de que al ser un robot no tendría que sentirla).

6.a. ¿Por qué mata el robot (David) al biólogo novio de la protagonista (Holloway)? La poderosa arma de destrucción masiva de los “ingenieros” es un líquido negro del que brotan sin cesar monstruitos de diverso tipo. David coge una garrafa y se la lleva a la nave (curiosamente tampoco hace un análisis químico del producto aunque, al menos, se interesa algo más por él que los biólogos de la expedición). Coge una gota y se la echa en la bebida a Holloway de modo que éste enferma para al final inmolarse contra el lanzallamas de Charlize Theron (un nuevo absurdo: ¿para qué se suicida?). Pero el caso es que en la película no te explican el por qué de tal asesinato. ¿Lo hace para comprobar los efectos del líquido negro?

7. El papel del  guaperas de Holloway  (Logan Marshall-Green) es, para variar, absurdo. Él quiere encontrar a alguno de los “ingenieros” vivos para preguntarles por nuestros orígenes pero, después de un accidentado paseillo de media hora por la gigantesca nave alienígena se decepciona y, a pesar de haber llevado a cabo el mayor descubrimiento de la historia de la humanidad por el que le tendrían que dar siete u ocho premios Nobel, se dedica a emborracharse. Pero chaval, ten paciencia, inspecciona bien toda la nave (y el resto del planeta) antes de coger la botella. Es más, con sólo andar algún pasillo más adelante hubiera descubierto que aún quedaba uno vivo. Pero qué va, el supercientífico no hace más.  Luego lo envenenan y se suicida sin razón alguna.

8. La prota es estéril, pero su novio envenenado con el líquido negro le echa un casquete y la deja preñada. Cuando el robot se da cuenta la quiere hibernar para llevársela a la tierra con el paquete marciano que lleva dentro… ¿Para qué? ¿Por qué quiere llevársela? ¿No es de sentido común que llevar a un bicho así a la Tierra es, precisamente, lo que quieren los malos? La heroica chica se escapa y se hace una cesárea en vivo para descubrir que su hijito es lo más parecido que yo he visto al pulpo Paul. Es curioso como cuando se escapa huyendo de la cámara de hibernación nadie la persigue. Abre un par de puertas y corre por un pasillo y ya está. Ni el robot ni nadie del personal de la nave va detrás de ella. La Prometheus, una nave muy pequeña lejos de la colosal Nostromo de Alien uno, parece un conjunto de compartimentos estancos en los que nadie se da cuenta ni tiene curiosidad por saber qué es lo que pasa en la habitación de al lado (como suele pasar en las pelis de terror de serie B). Nuestra valiente protagonista deja a su “hijito” tentacular en una sala y a nadie se le ocurre pasarse por ahí a ver que hace el bichito (ni a ella avisar a nadie para que tengan cuidado).

9. El suicidio del capitán de la nave y sus dos operarios no tiene sentido. Éstos dos últimos se pasan la película haciendo apuestas sobre lo que han venido hacer a ese planeta perdido de la mano de Dios, dando a entender que no sólo no saben nada sino que, en el fondo, les importa un pito. Sin embargo, cuando el capitán les invita a suicidarse heroicamente estrellando la Prometheus contra la nave alienígena, se echan unas risas y lo hacen.

10. ¿Por qué tiene que aparecer un zombi en la peli? ¿Es que no tenemos bastantes en Walking Dead?

11. Noomi Rapace, a pesar de no hacerlo del todo mal, no es Sigourney Weaver.

12. Las pretensiones metafísicas de la película (buscar el origen, ciencia versus religión) son tratadas a un nivel de parvulario y, al final, no se desarrollan ni lo más mínimo. Es decir, el film promete ser una reflexión sobre los orígenes del hombre y no es nada de eso. La chorradita del crucifijo de la prota queda como un añadido que no aporta nada. Es que el guión es tan malo que podrías quitarle una hora del metraje sin que realmente se notara demasiado (y a lo mejor mejoraba y todo).

13. La película tiene demasiado poco que ver con Alien uno. No tengo nada en contra de que quieran hacer otra cosa pero me hubiera gustado que elementos como la atmósfera angustiosa y asfixiante de Alien, su ritmo pausado pero inquietante, las respiraciones aceleradas dentro de las escafandras, la oscuridad, la sensación de infinito y de vacío, que hacían de aquella peli de 1979 una obra maestra, estuvieran algo presentes aquí. Y si no lo están, al menos, que se hubieran sustituido por algo que mereciera la pena pero no es el caso.

14. Los monstruos se reducen a la cobra interestelar, al pulpo Paul crecidito y, bueno, al “ingeniero” que es como el increible Hulk pero en blanco. Si el monstruo de Alien uno era una de las criaturas más aterradoras de la historia del cine, aquí…

15. La escena del tonteo entre el capitán de la nave y Charlize Theron que parece acabar en un polvillo… ¿Qué aporta a la peli?

16. Errores tontos. Los “ingenieros” aparecen corriendo en los hologramas con sus escafandras de oxígeno cuando se supone que dentro de la estructura habían generado oxígeno respirable.  Del mismo modo, el único que queda vivo sale de su nave recién estrellada y va a la nave donde se esconde la prota sin escafandra cuando fuera sí que no hay oxígeno.

Cosas buenas que, aún así, están lejos de salvar la cinta:

1. La fotografía, la escenografía, los efectos especiales y, en general, la grandilocuencia en la que se desarrolla tal fiasco, son buenas. Parece que en Hollywood es lo único que saben hacer bien.

2. El ritmo está bien llevado. A pesar de la confusión no te aburres.

3. El principio de la película, cuando van saliendo de las cámaras de hibernación, es lento y recuerda, ah nostálgico de mí, a la ambientación de Alien uno, por lo demás tan alejada de ella.

4. La escena de la cesárea a pelo, a pesar de un pulpo Paul  muy alejado del escalofriante monstruito que salía de las tripas de John Hurt en Alien uno, da grima y es agobiante.

5. Michael Fassbender.

En fin, un disparate, que como era de esperar representa la falta de originalidad e ideas (y casi de vergüenza) del Hollywood actual. Yo no aconsejo ni siquiera verla. Decepción absoluta.

¿Eres un replicante?

Publicado: 10 mayo 2011 en Cine
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Es tu cumpleaños y te regalan una cartera de piel. ¿Como reaccionas?

Tienes un hijo. Éste te enseña su colección de mariposas y un frasco con el veneno para matarlas. ¿Qué haces?

Estás viendo la televisión. De repente, te das cuenta de que una avispa te sube por el brazo.

Estás leyendo una revista y te encuentras con la fotografía de un hombre desnudo.

Estás viendo una obra de teatro. Tiene lugar un banquete en el que los invitados se deleitan con un aperitivo de ostras vivas. El primer plato consiste en perro cocido.

Estás en un desierto caminando en la arena cuando miras para abajo y ves a una tortuga. Está caminando hacia ti. Te agachas y le das la vuelta sobre su espalda. La tortuga queda sobre su caparazón quemándose al sol. Moviendo sus patas para tratar de darse vuelta. Pero no puede. No puede sin tu ayuda. Pero no la estás ayudando. ¿Por qué?

Describe en pocas palabras todas las cosas buenas que vienen a tu cabeza sobre tu madre.

El otro día vi otra vez Blade Runner. Quizá la haya visto más de diez veces. Me sigue pareciendo una obra maestra donde las hubiere.

Véase: Tears in rain.

Estoy listo para morir (mi alma es grande) pero la carne es débil (Agustín de Hipona). Dadme un poquito más de tiempo (mi conatus consiste en querer seguir siendo). “Eso piden todos”. La carne es universalmente débil. A la muerte le gusta jugar al ajedrez, le gusta la estrategia, le gustan las apuestas… ¿quién no ha vendido alguna vez su alma al diablo? ¿Quién no se ha comprometido a algo que no podía realizar? ¿Quién no ha arriesgado demasiado? ¿O quién no ha soñado con, por lo menos, hacerlo? En la apuesta está ese salto al vacío, ese salir de la seguridad de la norma iterada para entrar en el riesgo de lo probable. En la apuesta está romper el orden del mundo, salirse de él.

“Sí, es mi mano. La puedo mover. Noto el pulso, corre la sangre. El sol sigue en lo alto, iluminándolo todo y yo… Yo, Antonius Block… juego al ajedrez con la muerte”. Es uno de los mejores cantos a la vida que he escuchado jamás. Y la conversación con la muerte es un buen resumen del existencialismo. Unamuno no lo habría dicho mejor.

Randle Patrick McMurphy es un delincuente de poca monta al que le gusta el juego y las mujeres. Es algo violento y ha violado a varias mujeres, lo cual lleva a que un juez le obligue a ingresar en un psiquiátrico. Él está encantado ya que es una forma de librarse de la cárcel, pero pronto se da cuenta de que su libertad está en manos de los doctores que regentan la institución, concretamente de la enfermera Ratched (una de las mejores malas de la historia del cine. Bravo por Louise Fletcher). Con su mirada gélida, controla con férrea autoridad el anodino y mortalmente monótono tempo del psiquiátrico. El personaje de McMurphy, que representará los valores vitales (libertad, espontaneidad, hedonismo), no se querrá dejar dominar y eso pronto le traerá problemas.

En esta memorable escena, en una de esas “terapéuticas” reuniones la enfermera muestra que allí no hay ninguna democracia. Ella manda y la rutina “cuidadosamente planificada” no va a cambiarse de ninguna forma. A pesar de ello, la genialidad de McMurphy hace acto de presencia narrando un imaginado el partido de baseball, dando a esos pobres diablos un pedacito de auténtica vida. Eso es lo que sabe hacer mejor: regalar vida a los moribundos reclusos. En otras escenas secuestra un autobús y se lleva a los supuestos locos a pescar, u organiza una gran fiesta en el centro cerca del final.

Y es que el interminable debate que trata de marcar la línea entre la cordura y la locura está latente en toda la cinta. McMurphy les increpa preguntándoles si es que verdaderamente se creen que están locos, – No más que cualquiera de las personas que viven ahí fuera – continua. Si comparamos a la enfermera Ratched con cualquiera de los internos, seguramente que no nos habría extrañado verla sentada como un recluso más: ¿no es más patológica su obsesión por el orden y su autoritarismo despiadado que lo que les pasa a los demás? Si nuestra sociedad se define por quienes excluye… ¿no debería haber una nietzscheana inversión de los valores? ¿No deberíamos estar los de fuera dentro y los de dentro fuera?

En la secuencia clave de la película McMurphy puede escapar, la ventana está abierta y puede marcharse a Canadá, puede escapar con el Gran Jefe y salir, al fin, de ese ingrato manicomio. Entonces la cámara se centra en su cara. Primerísimo primer plano de varios segundos en el que sólo se ve la expresividad de Jack Nicholson. El espectador sabe que ese momento es importante. McMurphy no se va, y esa decisión desencadenará su perdición. El Gran Jefe decía que su padre era muy fuerte, parecido a McMurphy, y esa fuerza, ese exceso de vida, este ser un auténtico superhombre nietzscheano, fue lo que acabó con él. Demasiada vida puede matar, ¿o es que McMurphy entendió, en el último momento, que su mundo ya no estaba allí fuera sino dentro de esa casa de locos? ¿Comprendió que el mundo de afuera era mucho más cruel y esclavizador que el mismo psiquiátrico?

Cuando muere, el héroe se convierte en leyenda. Ese es su trágico sino. Ha de morir, ha de sacrificarse para que su espíritu quede entre los demás como ideal. Randle MacMurphy, el héroe de la vida, el rey de los locos. Si hiciéramos un ranking de las mejores películas de la historia yo situaría One flew over the cucko’s nest, sin duda, entre las veinte mejores.

PD: Siento que estos días he actualizado poco el blog y es debido a que he estado bastante más liado de lo normal. Desgraciadamente, la semana que viene me voy de excursión con los mocosos alumnos a los Pirineos (que no nos pase nada), por lo que no actualizaré el blog ni autorizaré comentarios. Pero no preocuparse, cuando vuelva esto volverá a ponerse en marcha.

1. Las escenas de acción, de gran peso en la cinta, están pésimamente rodadas. Cuando aterrizan en el sueño del atontado Cilliam Murphy (al que engañan con una facilidad ridícula) van subidos en un taxi que es atacado por varios tipos armados con fusiles de asalto desde unos pocos metros (prácticamente a quemarropa). Lo normal es que todos hubieran muerto en cuestión de segundos pero, después de varios minutos de tiroteo, el único que sale herido es el personaje de Ken Watanabe.  La poca eficacia de la defensa militarizada del subconsciente hace que en ningún momento temas por la consecución de la misión y que la película acabe por hacerse aburrida. Y es que parece un error que una cinta de acción no tenga un villano combativo (quitando quizá a la suicida Morion Cotillard), siendo los malos un conjunto abstracto de estúpidos pseudosoldados que no dan miedo ni a mi sobrina de tres años.

2. El mundo de los sueños no es así. Cuando se está soñando uno está en el salón de su casa viendo la tele para, un segundo después, estar volando por el cielo del Amazonas y, otro segundo más tarde, ser perseguido por un rinoceronte en una calle de Londres. Es decir, los sueños son incoherentes, ilógicos, fantasiosos, borrosos… En Origen, los sueños son absolutamente reales, de una precisión geométrica, realidades paralelas idénticas a la realidad misma.  Los protagonistas se pasan horas hablando de las reglas de algo que, desde luego, no son los sueños. ¿Desde cuándo tiene tanta importancia el urbanismo cuando dormimos?

3. Creo que una buena película no necesita estar más de la mitad de su metraje explicándose a sí misma (peor aún si lo hace usando a los personajes como profesores del espectador). Creo que una buena película debe explicarse mediante el propio lenguaje cinematográfico, mediante el desarrollo del propio argumento, mediante ese bello juego de imágenes, sonido y palabras que es el buen cine, y no sólo mediante un Di Caprio en plan profe de primaria.

4. La banda sonora (que no está mal) intenta paliar sin éxito la falta de intensidad de la acción. Te asedian sonidos que expresan una desgarradora tensión en momentos que, dado el desarrollo narrativo de la película, no la tienen.

5. Todos los personajes, menos el de Di Caprio, son absolutamente planos, no tienen rasgo definitorio alguno. Y, el de Di Caprio, lo único, es el tormento por la muerte de su esposa y el deseo de ver a sus hijos. Ningún rasgo personal más en los siete personajes principales.

6. Todos los personajes son superhéroes: aparte de su “formación onírica” en la “universidad onírica” todos tienen una formación militar excelente: conducen con la pericia de Alonso, saben usar diferentes armas y explosivos (hasta bazookas), artes marciales, motos de nieve, esquiar…  Eso los hace aún menos creíbles.

7. El mundo que crean Di Caprio y su mujer… cincuenta años para crear el mundo de tus sueños… ¡Y crean una amalgama laberíntica de rascacielos! ¿Ese es el mundo onírico ideal de alguien?

8. La película no es nada original. Si has visto Matrix, Dark City, Abre los ojos u Olvídate de mí (Michel Gondry) habrás visto películas mejores que Origen y de las que ésta se nutre sin demasiado pudor. El tema del sueño dentro de un sueño está bastante trillado desde Calderón de la Barca.

9. Después de tanta parafernalia y tanta explicación, la historia es terriblemente simplona. Bajo esa aparente complejidad todo es hasta ingenuo, superfluo. Nolan nos engaña, presentándonos con barroca grandilocuencia algo finalmente insustancial. La trama más profunda, la de Di Caprio con su mujer, es muy predecible. Desde mitad de película, uno ya se imagina la escena en que  se reconcilian y Cobb la deja marchar.

No obstante, a pesar de estos graves defectos, Origen es una buena película que merece la pena ver. Sus efectos visuales son muy buenos (la ciudad que se pliega sobre sí misma o las peleas sin gravedad molan), el montaje es soberbio (Nolan es un experto en ello desde Memento, película muy, muy recomendable) y, a pesar de ser complicada, te enteras bien de lo fundamental de la trama (es un acierto que los tres niveles de sueño se encarnen en escenarios visualmente muy diferentes). Me gusta esa furgoneta que nunca termina de caer, la elegancia de un encantador Joseph Gordon-Levitt con chaleco luchando contra la gravedad en un ascensor; o que la película dé para varias lecturas y discusiones, más cuando introduce una buena serie de conceptos como tótem, limbo, patada, arquitecto, etc.  que, quizá por su ambigüedad más que por otra cosa, dan para varias sobremesas de controversia. No abunda el cine que invita a pensar.

Me gusta la idea de que, en los sueños, el tiempo pasa mucho más despacio, de modo que lo que en la realidad son unos minutos, en los sueños pueden ser horas, años e incluso décadas. Si pudiéramos controlar el ritmo del tiempo, bajando niveles de sueños dentro de sueños, ¿no podríamos llegar a la inmortalidad? No se trataría de parar el tiempo real, sino de parar nuestra percepción del mismo… Si pudiéramos crear un sueño en el que el tiempo fuera infinito habríamos conquistado la eternidad, y así, sub specie aeternitatis, nuestra vida real no sería más que una mota de polvo, una nada en la eternidad de nuestros sueños. Esta idea da, sin lugar a dudas, para unas cuantas películas más.

Look at me

Publicado: 16 mayo 2010 en Arte, Cine
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