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Leyendo un simpático post de Jesús Zamora acerca de la verdad me vino a la cabeza la popular teoría de la verdad como redundancia. Es una forma ingeniosa de desembarazarse de conceptos que, debido a su carga metafísica, traen dolores de cabeza al reflexionar sobre ellos. Tal era el caso del concepto de verdad. Cuando nos preguntamos ¿qué es la verdad?, automáticamente nos entra vértigo y tenemos que exprimir nuestra sesera para ofrecer alguna respuesta concluyente. Los positivistas lógicos de primera mitad de siglo, intentaron solucionar el asunto disolviéndolo, es decir, constatando que ,en el fondo, lo que pasaba es que el concepto de verdad es un pseudoconcepto, una palabra sin sentido que sólo traía pseudoproblemas. Si queremos tener un conocimiento sólido de la realidad hay que eliminar estas absurdas fuentes de sofismas, por lo que, en su pretencioso proyecto de construir lenguajes lógicamente perfectos, entraba eliminar por completo cualquier palabra que oliera a metafísica.

La primera formulación de la teoría de la verdad como redundancia se encuentra formulada en Ramsey si bien Frege o Wittgenstein ya habían hecho mención de ella. En sus Investigaciones filosóficas Wittgenstein sostiene que decir que “es verdad que p” equivale a decir que “p”, del mismo modo que decir que “es falso que p” equivale a decir que “┐p”; por lo tanto decir “es verdad que p” es una redundancia que no añade nada nuevo a lo dicho en “que p”. Según Ramsey las teorías que afirman que la verdad es una propiedad o una relación de las palabras, de los objetos, o del resultado de relacionarlas, son erróneas. Las afirmaciones “es verdad que” o “es cierto que” no añaden nada nuevo a lo que diría la misma oración sin incluirlas. De este modo no hay verdades ni falsedades, ni siquiera hechos o casos. Ramsey disuelve en un momento todo discurso metafísico acerca de la verdad y, si forzamos un poquito, hasta de la misma realidad. Esto sí que es usar la navaja de Ockham.

Sin embargo, existe un problema: no siempre afirmamos la verdad de algo sin conocer la proposición en cuestión (p), adscribiéndonos ciegamente a su verdad. Sería el ejemplo de decir “Todo lo que el Papa dice es verdadero”. Ramsey, consciente del problema se lanza a su solución:

La proposición “Todo lo que el Papa dice es verdadero” se transcribe a lenguaje lógico así:

(1) Para todo a, R, b, si el Papa asevera aRb, entonces aRb

Si admitimos la cuantificación de segundo orden sobre la proposición, se podría transcribir a:

(2) Vp (Si el Papa dice que p, entonces p)

Podríamos decir entonces lo mismo sin recurrir a “es verdadero” por lo que afirmar la verdad o falsedad en este tipo de proposiciones seguiría siendo redundante.

PD: Ramsey, además de un genio, era un ateo militante, pero tenía graves problemas de riñón que lo llevaron a la tumba con tan sólo veintiséis años. Dios tiene muy mala leche con los ateos. Crucemos los dedos.

 

Habla el creador de la lógica moderna:

“Se puede reconocer que hay judíos muy honorables, y sin embargo considerar como una desgracia que existan judíos en Alemania, y que estos tengan los mismos derechos políticos que los alemanes de origen ario. De todos modos, no basta el deseo de que los judíos pierdan sus derechos políticos en Alemania, o mejor aún, que desaparezcan de Alemania. Si se quisieran promulgar parágrafos que solucionasen esta lamentable situación, habría que empezar por plantearse la pregunta: ¿Cómo distinguir con seguridad a los judíos de los no judíos?”

Es curioso como una mente tan endiabladamente genial para algunas cosas, se vuelve terriblemente obtusa para otras. Sería de esperar que un hombre como Frege, aunque no fuera revolucionario en todas las facetas del saber (cosa imposible), tuviera una visión de la realidad política algo distinta de los tópicos del vulgo  más reaccionario de su época. No es el caso.

¿Entre el hombre y los simios hay sólo una diferencia de grado o hay un salto cualitativo? El darwinismo acepta de mala gana cualquier salto y se deleita en su autocomplacencia cuando ve procesos graduales, mientras que desde otras instancias se llenan de júbilo cuando existen saltos ya que eso mostraría de algún modo las carencias del naturalismo y la venida de lo sobrenatural puede entrar de nuevo en el juego.

Si comparamos lo que hace cualquier animal con lo que hace un ser humano encontramos una obvia diferencia cualitativa. Ningún primate pintaría la Capilla Sixtina ni escribiría el Quijote ni enunciaría la Teoría de la Relatividad. Por mucho que estudiemos sus facultades mentales comprobamos que sus habilidades lingüísticas o matemáticas son muy básicas y conseguimos algunos logros tras un largo y arduo entrenamiento que no se da en ningún modo en su entorno natural. El sobrenaturalismo parece, a simple vista, que se anota el tanto. A simple vista…

En primer lugar, esta discusión tiene el problema de la ambigüedad de los términos cuantitativo (preferido por los darwinistas) y cualitativo (preferido por los otros). Si el humano resuelve ecuaciones diferenciales y el primate apenas sabe sumar, vemos una diferencia cualitativa. Para resolver ecuaciones hacen falta procesos mentales muy diferentes a los necesarios para simplemente sumar. Ya está, hay un salto, lo sobrenatural es la única explicación tangible, ¡Aleluya, alabado sea Dios!

No. El argumento no es válido porque, aparte que la distinción cuantitativo/cualitativo es confusa (ambos utilizan unidades discretas), cambios cuantitativos ocasionan cambios cualitativos. Pongamos  un  ejemplo tonto. Tengo una piedra que pesa un miligramo. La tiro contra una ventana de cristal y rebota sin romper nada. Cojo una piedra de cinco miligramos y repito la operación. El cristal no se rompe. Voy subiendo y subiendo el peso del proyectil hasta que tengo una piedra que pesa cinco gramos con la que, al final, consigo romper el cristal. La rotura del cristal (un cambio cualitativo de su estado) se ha conseguido a partir de una serie de cambios cuantitativos (subir progresivamente el peso). Así pasa constantemente en la naturaleza. Pequeños cambios graduales, ese cincel que es la selección natural, acaban por provocar cambios cualitativos. Las patas de los dinosaurios que valían para caminar, a base de pequeños cambios (o no tan pequeños, nos da igual), acabaron por, en un momento dado, servir para volar. La naturaleza está llena de enormes saltos cualitativos no siendo el hombre el salto, científicamente hablando, más difícil de explicar. La confusa distinción cualitativo / cuantitativo lleva a ocasionar un pseudoproblema.

Apliquemos esto al origen del lenguaje. Existe una enorme diferencia entre el lenguaje humano y el de los animales. En su entorno, no hemos encontrado a día de hoy, nada que se asemeje de modo significativo al lenguaje humano. Es más, algunos etólogos piensan que lo que hay que explicar no es que los simios tengan lenguaje, sino más bien por qué no lo tienen. Pero es que esto sería la problemática en el debate estrictamente científico (en el que se da por presupuesta la evolución por selección natural). Por el contrario, si nos vamos a la cuestión de si el lenguaje tiene un origen natural, fruto de un proceso evolutivo como el de cualquier otra facultad o disposición que encontramos en los animales, las pruebas son apabullantes.

La tabla de la imagen está sacada de Hablar y pensar, tareas culturales de Honorio M. Velasco, catedrático de antropología social. En ella vemos un estudio comparativo entre los lenguajes de distintas especies de primates, la genial bonobo Kanzi y el ser humano. Como vemos, existen una gran cantidad de características que compartimos con los diferentes lenguajes primate (las cuales son menos evidentes con otras especies, como cabría esperar). Sin embargo, vemos como en los primates no se da la producción de lenguaje nuevo y  tienen unas enormes dificultades para llegar a desplazamientos totales (hablar de algo que se encuentra lejano en el espacio y en el tiempo). ¿Esto hace el salto entre el lenguaje primate y el humano insalvable? No, este hecho nos lleva a pensar que durante esos seis millones de años en los que nuestro clado se diferenció y los homínidos seguimos nuestro camino y ellos (los póngidos) se fueron por otro, nuestros extintos parientes acabaron por ir desarrollando estas cualidades lingüísticas hasta llegar a las nuestras. Pruebas que nos llevan a suponer esto vienen de diversas fuentes:

1. De la morfología del cerebro y del tracto vocal: nuestro cerebro y el de los primates apenas difiere morfológicamente. No es cierto, como se pensaba, que el humano se distinguiera por el desarrollo excepcional del lóbulo prefrontal y de las áreas de asociación. En el cerebro humano no parecen existir estructuras nuevas, la diferencia parece estar únicamente en el tamaño del cerebro y en la complejidad neuronal (neuronas más grandes con más interconexiones). Haciendo un recorrido por la capacidad craneana de nuestros ancestros más cercanos (ya homínidos) vemos en cualquier manual de bachillerato, un progresivo aumento (en el que se ve un gradualismo muy claro) de la capacidad craneana. Los estudios de Phillip Tobias en moldes de cráneos de Homo Habilis, mostraron un gran desarrollo de las áreas de Broca y de Wernicke, relacionadas profundamente con la comprensión y ejecución del lenguaje. ¿Pudo ser el habilis el primer homínido que tenía un lenguaje muy parecido al nuestro? Vaya, Dios habría elegido a otra especie diferente a la nuestra para poner sus “semillas sobrenaturales”. Realmente, es una lástima el hecho de que seamos el único homínido no extinto. Si aún existiera el Neanderthal la disputa estaría más que zanjada. No somos la especie elegida, en el mejor de los casos, seríamos la familia o el orden taxonómico elegido (Dios no hubiera elegido al hombre como la cumbre de la creación sino a todo un conjunto de muchas especies).

2. Del tamaño de los grupos sociales y del comportamiento social: según han mostrado Dunbar y Aiello, existe una clarísima correlación en los homínidos entre el tamaño del neocortex y el tamaño del grupo. Por ejemplo, mientras que el Afarensis, con una capacidad craneana de 500 cm cúbicos se movía en grupos de unos setenta individuos, el Erectus con 850 vivía en grupos de unos 100 y el Neanderthal con 1500 vivía en grupos de 150 individuos. Igualmente, las investigaciones de Dario Maestripieri con macacos muestran una conducta social de un parecido sorprendente con la humana. La complejidad social y el desarrollo del lenguaje tuvieron que ir de la mano.

3. De la herramentación: tanto los primates como las diferentes especies de homínidos utilizaban herramientas. En los Habilis encontramos elaboración de herramientas de una impresionante precisión técnica (que se irán perfeccionando gradualmente), además de herramientas de segundo grado (herramientas para hacer herramientas) y herramientas almacenadas para futuros usos. Estos hallazgos implican necesariamente habilidades cognitivas tan humanas como la planificación a largo plazo (para la que necesitamos intenciones, valoraciones, representaciones mentales, memoria, control del tiempo…). Si tenemos representaciones, estamos en el mundo de lo simbólico. La conexión con el lenguaje es más que patente.

¿Alguien duda del origen natural del lenguaje? Ni Kanzi lo haría.

Según leo en Público, los monos Campbell utilizan el lenguaje vocálico no humano más complejo conocido. Con seis tipos de gritos diferentes construyen frases articuladas (de distintos significado cada una) en secuencias de veinte o más términos. La sintaxis utilizada es sencilla: los gritos se unen linealmente, suponiendo cada nueva adicción un matiz semántico con respecto al significado general de la secuencia (cuanto más larga sea, más riqueza semántica tendrá).

Sin embargo, las referencias de estos términos no tienen ni la más mínima abstracción (sólo entidades concretas: ramas, otros monos, águilas…) y su sintaxis es muy simple (y poco eficiente: basar el significado en la longitud es un disparate para cualquier divino creador de gramáticas) en comparación con la humana (y muy diferente. Nuestra gramática no es lineal), por lo que dudo mucho que pueda servir para arrojar luz sobre el origen de nuestro lenguaje. Además, siendo estos monos mucho menos inteligentes que otras especies de primates, se piensa que existen lenguajes no humanos más sofisticados pero que aún no se han estudiado.

Lo simpático de la noticia es que se adjunta este pequeño diccionario castellano-Campbell:

Breve diccionario español-Campbell

Seis Palabras

‘Boom’, ‘krak’, ‘hok’, ‘hokoo’, ‘krakoo’, ‘wakoo’.

“Venid”

‘Boom boom’.

“Se va a caer una rama”

‘Boom boom krakoo krakoo’.

“Vienen monos rivales”

‘Boom boom krakoo krakoo hakoo’.

“Viene un leopardo”

‘Krak krakoo’. El número de ‘kraks’ es mayor cuanto mayor es el nivel de alarma. Cuando sólo se oye al leopardo, aumenta el número de ‘krakoos’.

“Viene un águila”

‘Wakoo krakoo hok hokoo’. Cuanto mayor es la alarma, más ‘hoks’ y ‘hokoos’ se pronuncian.

Así que ya sabemos. Estas Navidades nada de estudiar inglés, mucho mejor aprender el idioma Campbell (os digo yo que viendo día a día cómo escriben nuestros estudiantes de secundaria, este lenguaje es mucho más sofisticado  que el que se hablará de aquí a unos años. ¡ El idioma Campbell será el de las élites intelectuales !).

En los comienzos de la escritura, cuando los caractéres se imprimían con cincel en fría piedra o en tablillas de arcilla, no se podían escribir estupideces. El proceso era trabajoso, costoso, por lo que escribir no podía ser un juego, un entretenimiento. Por eso se escribían las leyes, los mandatos monárquicos, las cosas realmente importantes, las que merecían ser recordadas más allá de la efímera memoria de los hombres. Algo más adelante, los papiros y pergaminos, ampliaron el espectro. Las grandes obras de las ciencias, la literatura o la filosofía merecieron la pena guardarse. Sin embargo, el libro era algo muy valioso, al alcance sólo de una minoría.

Fue con la invención de la imprenta cuando el texto escrito estuvo al alcance de todo el mundo. La Galaxia Gutenberg democratizó la textualidad provocando la caída del Antiguo Régimen. También la vulgarizó. A  partir de entonces cualquier cosa puede escribirse y ya no sólo lo valioso, y éste representará uno de los grandes problemas de la sociedad de la información: cribarla. Los informáticos de Google se devanan los sesos para que su buscador encuentre la mejor información y no cualquiera.

Sin embargo, hay otro aspecto muy interesante en la expansión del texto por Internet: el texto digital. Algo a lo que habitualmente no habíamos prestado demasiada atención es al hecho de cómo organizamos nuestra escritura. Nuestros textos están escritos de izquierda a derecha, siguiendo un sentido lineal, apilándose en renglones,  agrupados en hojas. Los textos son cerrados, tienen un comienzo y un final y siguiendo una rectilínea dirección, tienen un antes y un después, un principio y un fin.

Con la Web 2.0 ésto se ha roto. Los textos digitales no son del todo lineales ya que están conectados por hipervínculos a otros textos, formando redes. El hipertexto no tiene una dirección rectilínea sino una estructura de red. El texto digital es móvil, fácilmente corregible (Imaginad corregir algo escrito en una tablilla de barro) y abierto (se enlaza con otros textos, imágenes, sonidos o vídeos, enriqueciéndose con una gran facilidad). En él se separan por primera vez formato y contenido. Un libro sólo tiene un formato, en él, forma y contenido son una misma cosa. Ahora un mismo texto puede tener diferentes sustratos, diferentes formatos, teniendo además un ingente abanico de formatos donde elegir. El texto se estetiza más, como en los bellamente adornados códices medievales.

Las consecuencias de ésta mutación en las comunicaciones aún no han sido suficientemente calibradas. Si la forma de escribir cambia, la forma de pensar cambia, la forma de comunicarse cambia, la forma de vivir cambia.

Desde el Blog Ágora Sí nos llega este montaje en castellano de unos fragmentos de la película de Derek Jarman sobre la vida y obra del filósofo más genial del Siglo XX: Ludwig Wittgenstein.

Podéis ver la película entera en inglés aquí.