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Las razones se asemejan mucho a las que me hicieron no ir a la huelga de funcionarios, pero en este caso hay alguna más:

1. No tengo muy claro contra qué o contra quién va la huelga: ¿va contra la reforma laboral (otra de las múltiples decepciones que me he llevado con el lamentable  gobierno socialista)? ¿contra la crisis? ¿contra el capitalismo? ¿o incluso contra el PP?

2. Si la de funcionarios fue a destiempo (después de que el Parlamento aprobase la rebaja de salarios), el destiempo de ésta es alucinante: ¡años de retraso! ¿Por qué ahora? ¿Y por qué no es ésta la cuarta huelga general en vez de la primera?

3. La inutilidad de la huelga es más que patente. El gobierno ya ha dicho que no va a cambiar ni un ápice de su reforma laboral. ¿Qué pretendemos conseguir con ella? Yo es que quizá me he vuelto mayor, pero para mí algo vale para algo si consigue los objetivos propuestos. Protestar por protestar…

4. Si por lo menos mi participación contara para algo… Los organizadores dirán que a la huelga han ido cincuenta mil millones de personas mientras que el gobierno dirá que han ido dos o tres. Ningún medio dirá la verdad por lo que el hecho real de que la huelga fuera un éxito o un fracaso no alteraría nada.

5. Las huelgas como elemento subversivo, reivindicativo de algo, han perdido su sentido, han sido plenamente absorbidas por el propio sistema. Dicho de otro modo, al gobierno está huelga no va a hacerle ni cosquillas, porque, tristemente, las huelgas ya no hacen ni cosquillas. Y a mí no me vale que sea, al menos, la expresión de nuestro derecho a la pataleta. Si el sistema sólo nos deja patalear, mal vamos.  Es necesario buscar nuevas formas de protesta.

6. ¿Por qué no se propone una huelga indefinida, de esas que verdaderamente hacen daño? ¿Por qué sólo un día de paseillo y banderola? ¿Es que la situación no es ya lo suficientemente grave?

7. Por dinero. Pierdo un día de sueldo que se ahorra el gobierno. O sea, que mi huelga beneficia al gobierno al que pretendo perjudicar con ella… Encima si ese dinero va a parar a los sueldos de liberados sindicales… ¡Estoy dispuesto a echar horas extras!

8. Quiero que los sindicatos salgan profundamente perjudicados por la crisis en pro, utópico de mí, de que se reflexione seriamente sobre su gestión y finalidades, reformándolos a conciencia.

9. Me hace gracia que un montón de personas, quizá los que más deberían manifestarse dado lo precaria de su situación, no puedan manifestarse (¡valiente derecho a huelga!): todos los sin papeles y sin contrato o con contratos temporales de mierda, o con un sueldo tan ridículo que perder un día es muy doloroso (es decir, toda la generación de trabajadores jóvenes de nuestro país que no están en el paro) tendrán que ir a currar. ¡Esta es nuestra vigorosa democracia!

10. Si hay, más o menos, las mismas razones para ir a esta huelga que a la anterior, por lo que si se va a ésta, sería lógico haber ido a la otra, me parece una pasada que se les exija a los trabajadores renunciar a dos días de su sueldo (que al ser realmente más de dos días se irá a… ¿más de cien euros?) a cambio de que no pase absolutamente nada.

11. Estoy tan desencantado del juego político en nuestro país que me da vergüenza participar en él. Estoy tan harto de los vacuos discursos para imbéciles de nuestro querido presidente y las réplicas a la zaga de nuestro brillante líder de la oposición, que meterme en ese juego y además pagando… me parece infravalorarme. El día que me meta en política, que alguna vez habrá que dar el salto, lo haré para intentar cambiar en algo este desaguisado, no para continuar con su juego.

Viñeta vista en Territorio Vergara.

1. Para que se hunda aún más la credibilidad de los sindicatos. Después de cuatro millones de parados y no manifestarse ni una vez, ahora convocan una huelga para salvar las apariencias, ya que “cantaría mucho” no movilizarse ante un recorte salarial y social como el que ha caído. Viendo que UGT o CC. OO. viven de las subvenciones del gobierno, lo único que se pretende es que esta huelga sea un día de paseo y banderola sin más consecuencias. Espero que si de esta crisis pueda sacarse algo bueno sea la pérdida del prestigio social de los sindicatos y la reflexión sobre la utilidad que realmente tienen. No sé cómo no se les cae la cara de vergüenza cuando se presentan en nuestros institutos animándonos a la huelga.

2. Como profesor de secundaria creo que a los únicos a los que fastidio con  no asistir a mi jornada laboral es a los alumnos (a los que les niego su derecho a la educación) y a los padres (que tendrán que ingeniárselas para ver qué hacen con los críos). Al trabajar en un instituto público, los padres de mi alumnado serán gente de clase media (muchos funcionarios como yo) que no tienen la culpa de absolutamente nada. Si, al menos, mis alumnos fueran hijos de banqueros…

3. Otra utilidad de esta huelga, condenada al fracaso por sus mismos convocantes, es que el gobierno (contra el que hago la misma huelga) salga beneficiado ya que, aparte de comprobar triunfante el poco seguimiento del evento, se ahorra pagarme el día de sueldo (que además, es más de un día como todos sabemos, pues hay que pagar la seguridad social y demás). Paradójicamente, la huelga contra la rebaja de mi sueldo hace que éste se reduzca aún más, no perjudica más que a los que no tienen la culpa y beneficia al mismo gobierno…

4. La huelga ha sido convocada después de que la medida se aprobara en el Parlamento. Seguramente que cambiar la fecha inicial fue una medida estratégica del gobierno y de los sindicatos (¿por qué la cambiaron?), pero, aunque no lo fuera… ¿Qué sentido tiene manifestarse contra algo que ya ha sido aprobado? Tenemos certeza absoluta de que esta huelga no va a cambiar la medida… ¿Para qué hacerla entonces? Además, llevo un tiempo pensando en que las huelgas, que tenían mucho sentido en el siglo XIX, no lo tienen ahora. ¿Qué sentido tiene una protesta contra un sistema regulada por el propio sistema que, además, viendo sus resultados, no cambia el mismo sistema? Me da la impresión que quienes sean los que dominan este mundo (creo que son una especie de fuerzas impersonales, complejos nudos de intereses económicos) nos dicen algo como “os controlamos tanto que incluso os permitimos que os quejéis, eso sí, ordenadamente”. ¿No debería ser una protesta contra el sistema algo que no estuviera regulado por el mismo, algo fuera de él? Además, también tengo la impresión de que todas las huelgas están ya tan politizadas que su finalidad ha quedado reducida exclusivamente a lo político. Francamente, no quiero bailarle el juego al PP ni a nadie.

5. Después de que gran parte del sector privado está en el paro y yo no he hecho nada por ellos cuando su situación es muchísimo más grave que  la rebajada de un pequeño procentaje del sueldo, no me siento con la autoridad moral de salir a la calle. ¿Alguien se creerá que nos movilizamos por el bien de la sociedad y no por nuestro bolsillo cuando hemos estado en silencio todos estos años? Entendería que los empleados del sector privado se sintieran ofendidos por esta huelga. Tristemente, esto consigue enfrentar a los pobres contra los pobres.

6. A pesar de todo, no quiero que mi no asistencia sea considerada como una victoria por parte del gobierno. No quiero que piensen que la poca participación en la huelga es porque estamos de acuerdo con las medidas. Por eso llevo todo este tiempo pensando en otras formas de protesta alternativas que no le hagan el juego ni a los sindicatos ni al gobierno, y esto ha vuelto a hacerme pensar en los pocos instrumentos de participación política que tengo a mi disposición. No me basta, desde luego, con no votar al PSOE en las próximas elecciones (que miedo me da que la gente olvide pronto esto y, viendo la “castaña” de oposición que tenemos, vuelvan a ganar). Así, un instrumento de protesta, entendido como prensa, es este Blog, reforzando además la idea de que Internet es un medio democrático de comunicación y expresión de ideas (quizá sea la futura forma de hacer política viendo que la tradicional está fracasando).

7. Empero, sigo sin estar satisfecho, por lo que animo a mis lectores y contertulios habituales que me propongan ideas de formas de protesta alternativas a la huelga.