Posts etiquetados ‘Consciencia artificial’

Condición necesaria, que no suficiente (ni mucho menos) para crear consciencia artificial: que la máquina tenga un automodelo, un mapa de sí misma ¿Y qué es el sí mismo? Bueno, sin meternos en complejas disquisiciones, pongamos de primeras, un mapa de su cuerpo ¿Y qué tipo de mapa? No una representación realista de su propia estructura, sino un mapa de relaciones dinámico. Para ser económicamente eficientes en términos de fitness biológico (seguimos la hipótesis de Hoffman), la máquina solo debe percibir las relaciones entre sus partes y el entorno que le permitan actuar con efectividad en él.  Y esto ya se hizo en 2006:

Las primeras máquinas automodélicas ya han aparecido. Investigadores en el campo de la vida artificial comenzaron a simular procesos evolucionistas hace tiempo, pero ahora tenemos una disciplina académica denominada “robótica evolutiva”. Josh Bongard, del Departamento de Ciencias de la Computación de la Universidad de Vermont, y sus colegas Víctor Zykov y Hod Lipson, han creado una estrella de mar artificial que desarrolla gradualmente un automodelo interno. Sus máquinas de cuatro patas utilizan relaciones de actuación-sensación para inferir directamente su propia estructura y luego utilizan ese modelo para generar locomoción. Cuando se le priva de parte de sus patas, la máquina adapta su automodelo y genera un paso alternativo – aprender a cojear. A diferencia de los pacientes con miembros fantasmas[…], puede reestructurar su presentación corporal posterior a la pérdida del miembro; por tanto, en cierto sentido, puede aprender. Como dice su creador, puede “recomponer su propia topología con un poco de información previa”, optimizando constantemente los parámetros de su automodelo resultante. La estrella de mar no solo sintetiza su automodelo interno, sino que también lo utiliza para generar comportamiento inteligente.

Thomas Metzinter, El túnel del Yo

 

¿Por qué lo que hicieron Bongard et al. fue un trabajo magnífico?

  1. La estrella de mar no tiene un automodelo dado desde el principio, sino que tiene que construirlo. Seguramente, los humanos no nacemos con el mapa de nuestro cuerpo completamente configurado, sino que lo construimos, como mínimo, parcialmente.
  2. Lo va reconfigurando constantemente, de modo que lo hace mejor que nosotros. La estrella de mar no tiene el “síndrome de la extremidad fantasma” como nos pasa a los humanos. No solo investigamos sobre la consciencia sino que encontramos la forma de subsanar sus errores.
  3. El automodelo le sirve para actuar en la realidad. No entendemos aquí el autoconocimiento como un epifenómeno, como un añadido sin función ni como un efecto secundario. Gracias al automodelo evalúa su estado y actúa en consecuencia. Creo que es el camino acertado para entender la función evolutiva de la consciencia.

Estoy con la versión inglesa de Real Humans y no estoy viendo nada que no haya visto antes y mucho mejor. Y que los synths (robots humanoides) parezcan maniquíes con movimientos acartonados… ¡Uffff! Bueno, le daremos unos dos, a lo sumo tres, capítulos más de oportunidad a ver si aparece algo decente.

El caso es que en Humans, y en prácticamente todas las series o películas que han tratado el tema de la IA futura repiten un tópico que es completamente falso. En todas se nos describe un mundo en el que las máquinas se han incorporado con suma normalidad a nuestra vida cotidiana. Y, en todas, se destaca el hecho de que son nuestros sirvientes y esclavos, y siempre se nos ofrece la clásica escena de un humano siendo cruel con un indefenso y sumiso robot.  Se busca que el espectador empatice con las máquinas y que, cuando éstas se rebelen, se vea bien que hay una causa justificada y que no está claro cuál es el bando de los buenos y cuál de los malos. No obstante, para no confundir a un espectador ávido de seguridades narrativas, aparte de situar con claridad meridiana a un villano evidente (los dueños de gigantescas multinacionales suelen hacer muy bien este papel), también entran en escena humanos buenos que son capaces de comprender el sufrimiento de los oprimidos electrónicos. El caso es que llega un momento en el que aparece una máquina diferente, una máquina que es capaz de sentir, de tener consciencia, de ser creativa o, vete a saber tú que indefinido factor x que adquiere, que lo hace despertar de su letargo maquinal.

Entonces, vemos variadas escenas que anuncian ese despertar. Por ejemplo, en Humans aparecen un montón de androides colocados en filas regulares (para crear la sensación de mercancía almacenada) y, aparentemente, todos ellos están apagados o desconectados. De repente, uno abre los ojos y mira la luna por una rendija abierta del techo. Ya está, está despertando, mira la luna como preguntándose por el misterio de su existencia. Ya no es una máquina, ahora ya es un humano o, incluso, algo mejor. En los siguientes episodios o escenas de la serie/película iremos contemplando el progresivo despertar de otros robots hasta llegar al clímax final: el gran enfrentamiento entre la humanidad y las máquinas ¿Será verdaderamente así cuando la auténtica consciencia artificial llegue a nuestro mundo? Rotundamente NO.

La razón es bastante clara. El día en que seamos capaces de crear consciencia sintética, momento, por cierto, bastante lejano dado el actual estado del arte, y consigamos que una máquina u organismo artificial del tipo que sea, pueda darse cuenta del mundo que le rodea, será porque hemos descubierto los mecanismos físico-químico-biológicos que hacen que la consciencia se genere en nuestros sistemas nerviosos. Ese día, después de décadas, o incluso siglos, de investigación del funcionamiento cerebral, seremos capaces de replicar ese mecanismo en una máquina o en cualquier sustrato físico necesario para conseguir algo así. Entonces, cuando esto suceda no será un hecho sorprendente en la “mente positrónica” (por hacer un guiño a Asimov, quizá el principal culpable del error) de un robot que funciona mal. Cuando repliquemos consciencia, los científicos o ingenieros que lo consigan, tendrán muy claro que lo están consiguiendo. Afirmar lo contrario sería como decir, a mediados del siglo XIX, que la bombilla eléctrica incandescente iba a surgir, en un determinado momento azaroso, de alguna vela encendida en cualquier hogar de Newcastle. No, Wilson Swan tardó unos veinticinco años experimentando con diferentes tipos de materiales, técnicas, métodos y teorías hasta que pudo fabricar una bombilla funcional y eficiente.

Creer que la consciencia despertará sin más dentro de avanzadas inteligencias artificiales como fruto accidental de su complejidad es no comprender bien el funcionamiento de la ciencia y la tecnología, que viene de no entender la propia IA. Un programa de ordenador solo realiza cálculos, y los cálculos, por muy complejos, sofisticados y sobrehumanos que sean, solo dan resultados numéricos. Y creo que todos estamos de acuerdo en que los números no son objetos ni procesos físicos reales, por muy bien que los describan. Es por eso que el ejemplo de John Searle es muy ilustrativo: aunque tuviésemos un programa que simulara con una precisión casi absoluta el funcionamiento de una vaca, dicho programa seguiría sin poder darnos leche que pudiésemos beber. Así, para tener consciencia real no solo se necesita un ordenador que replique matemáticamente su funcionamiento, sino un organismo que tenga las propiedades físico-químico-biológicas que se necesiten para generar consciencia ¿Cuáles son? Lo ignoro, ya que si lo supiera estaría en Estocolmo recogiendo un Premio Nobel muy merecido.

Explicado de otra forma: ya hemos conseguido hacer robots que se muevan muy eficazmente en entornos muy irregulares (véanse todas las maravillas de Boston Dynamics). Cuando los vemos caminar y correr sorteando obstáculos nadie dice: “Mira, el programa de ordenador se mueve”. Nadie atribuye movimiento al sofware que dirige el robot, sino al robot en su totalidad, es decir, a los motores, baterías, engranajes, extremidades, etc. que hacen posible el movimiento. Igualmente, para decir que una máquina piensa o es consciente, no podemos decir “Mira, el programa de ordenador es consciente”, porque al hacerlo estamos omitiendo todo lo demás que hace falta para que ocurra una consciencia real. En cierto sentido estaríamos diciendo que una mente puede existir sin cuerpo cuando, evidentemente, no es así. Lo que realmente nos hace falta es saber mucho, mucho más, sobre los cuerpos que albergan consciencias.

Así que no, la consciencia no va a despertar en un androide doméstico que, un día, se pone a oler la fragancia de una flor.