Posts etiquetados ‘Darwinismo’

183714_426225267419163_1812077558_n_large

Creo sinceramente que esto de las etiquetas, las posiciones y demás poses intelectuales es una estupidez, cuando no algo nocivo. Ya comentábamos que posicionarse termina por convertirle a uno en dogmático. Decir que eres liberal, materialista, católico o feminista te convierte en un esclavo de tu posicionamiento. Desde ese momento, te deberás a algo, trabajaras y pensarás para ese algo, en vez de hacerlo libremente. Como decía Nietzsche, te convertirás en un mono de tus ideales.

Con ánimo de contradecirme un poco, voy a hacer un esfuerzo de explicar cuáles son las principales tesis filosóficas que defiendo o, más que defender, a las que he llegado, a día de hoy, tras tiempo de estudio y reflexión.  Reitero el día de hoy porque, lo mismo, mañana he modificado algunas; y así lo espero, porque el pensamiento no debe paralizarse ya que cuando se paraliza deja de ser pensamiento.

1. Naturalismo (epistemología). Reconozco que no es una tesis filosófica que tenga especialmente bien trenzada. No podría definir concluyentemente “naturaleza” o “causa natural”. Más bien lo entiendo como una terapia epistemológica contra el “sobrenaturalismo” muy ligada al empirismo y a la navaja de Ockham: fiarse principalmente de los datos de la observación y no sobrecargar la teoría con demasiada metafísica. Es una cuestión de higiene metodológica más que una postura ontológica. Inspiración: Hume, Ockham.

2. N-alismo de propiedades (ontología). Mi “compromiso ontológico”, que diría Quine, es utilizar una terminología que resulte económica, lo menos problemática posible, no-reduccionista y que me permita pensar con claridad. Por eso si me preguntan qué es lo que existe, nunca digo materia o átomos, sino prefiero hablar de sistemas o de redes de relaciones en las que los objetos son meramente nodos. Tiendo más hacia el holismo que hacia el reduccionismo, doy más realidad a las relaciones que a los objetos y creo que existen muchísimas cosas diferentes (n-alismo de propiedades) para que podamos encerrarlas todas bajo el misterioso concepto de materia. Inspiración: John Searle, Wittgenstein, Von Bertalanffy.

3. Determinismo (ontología). No creo que exista nada que pueda entenderse como “acto libre” en el sentido de ser independiente de causas anteriores. El Universo es una enorme red causal en el que, incluso si hubiese fenómenos realmente aleatorios, seguiría sin tener lugar para el libre albedrío. El determinismo tampoco implica la posibilidad de una predicción absoluta, al estilo del diablillo de Laplace. Es posible postular fenómenos totalmente determinados de imposible predicción. Inspiración: Lapalce, Spinoza, Ted Honderich.

4. Pragmatismo (Gnoseología). Conocer algo no es tener una representación mental en el que tenga que existir una similitud entre lo conocido y la representación. Conocer es una forma de interactuar con el mundo. Nuestros modelos de la realidad no tienen por qué parecerse a la realidad, tienen que funcionar eficazmente en ella. Inspiración: Peirce, Dewey, James, Rorty, Quine, Varela.

5. Darwinismo heterodoxo. La revolución darwiniana ha cambiado profundamente nuestra forma de entender el ser humano, más que cualquier otro descubrimiento científico. Los seres humanos somos fruto de la evolución y eso hay que entenderlo con todas sus consecuencias (cosa que creo que hoy en día no se ha conseguido plenamente). Sin embargo, no tengo problemas para aceptar otras fuentes de cambio evolutivo diferentes o que maticen la clásica selección natural darwiniana (endosimbiogénesis, deriva génica, epigenética, transmisión horizontal de genes, etc.). Inspiración: Jay Gould, Michael Ruse, Elliot Sober, Lynn Margulis, Dan Dennett.

6. Criptoateismo (teología). Creo que todas las religiones históricas son fundamentalmente falsas, sin embargo, reconozco no poder negar taxativamente la existencia de algún tipo de “deidad”. No sé si somos el experimento de una raza extraterrestre, la perversión un genio maligno o el capricho de Zeus crónida. Por eso la postura más honesta me parece el agnosticismo que acaba por terminar en un criptoateismo: el agnóstico, en su día a día, vive como un ateo. Inspiración: Bertrand Russell, Thomas Henry Huxley.

7. Falibilismo (epistemología). No hay ninguna certeza, no hay ningún conocimiento tan sólido que no admita la duda. Nuestras teorías científicas más contrastadas no superan el rango de hipótesis plausibles. La auténtica actitud del científico consistirá en trabajar contra sí mismo, es decir, someter a dura crítica una y otra vez sus propias creencias. Inspiración: Karl Popper.

8. Evolucionismo multilineal (antropología). Las culturas no evolucionan siguiendo una misma dirección (salvajismo, barbarie, civilización) tal como pensaba la antropología evolucionista del siglo XIX. Cada cultura puede evolucionar hacia una infinidad de direcciones, pero eso no imposibilita el juicio crítico de unas culturas sobre otras.  El evolucionismo multilineal constituye una solución al relativismo cultural de Franz Boas, que acaba por llevarnos a un relativismo absoluto incapacitado para juzgar cualquier violación de los derechos humanos. Inspiración: Leslie White, Roy Rappaport.

9. Relativismo ético (ética). El origen de la moral está en la evolución natural, relacionada con las emociones (emotivismo) y con la normatividad propia del funcionamiento de cualquier grupo social. Por eso no existe realmente “lo bueno” como idea platónica a la que llegar mediante la razón. La equidad y la reciprocidad como principios básicos de la moral vienen originados por nuestras necesidades evolutivas, las cuales, si fueran diferentes hubieran dado a códigos éticos distintos. Inspiración: Hume, Peter Singer, Moore, Frans de Waal.

10. Socialdemocracia (filosofía política). A pesar de que he coqueteado mucho con diversas ingenierías sociales más revolucionarias (durante un tiempo me tentó bastante lo que se llama socialismo descentralizado), hoy me inclino por formas más realistas. Entiendo que el modelo imperante en los países del norte de Europa constituye un ideal a seguir. La socialdemocracia sueca, noruega, danesa u holandesa, con todos sus problemas, me parecen sistemas bastante aceptables. Me gustaría vivir en un país con unos servicios sociales  públicos muy amplios y de calidad, con una democracia poderosa basada en una activa sociedad civil. No estoy en contra de la economía capitalista, pero entiendo que debe estar fuertemente fiscalizada por los poderes públicos. Del mismo modo, deben existir múltiples mecanismos de control, dispersión y descentralización de tales poderes.  Inspiración: Bernstein, Giddens, Habermas, Chomsky, Giovanni Sartori.

11. Crítica al nacionalismo y cosmopolitismo (filosofía política): la idea de nación siempre ha sido un artificio al servicio del interés de unos pocos; un artificio que no representa nada real. Además, el nacionalismo ha tenido unas desastrosas consecuencias históricas como demuestra con claridad el siglo XX. Ante esto mucho mejor una actitud cosmopolita y universalista que focalice las emociones ligadas a la comunidad a la defensa de derechos y libertades fundamentales (Patriotismo constitucional). Inspiración: Habermas, Séneca, Montaigne, Escuela de Franckfurt.

12. Crítica a la IA fuerte (filosofía de la mente). Hay un entusiasmo desorbitado en torno a las posibilidades a corto plazo de la IA. Nuestra mente no puede ser únicamente un flujo de información y no tenemos ni la más remota idea de como generar consciencia, emociones o deseos en una máquina. El cerebro no es únicamente un computador en el sentido en que no solo manipula símbolos. Inspiración: John Searle, Jack Copeland, Margaret Boden, Pamela McCorduck, Richard Rorty, Marvin Minsky, Igor Aleksander.

13. Crítica al pensamiento postmoderno. Una buena parte de los postmodernos son charlatanes puros y duros. Deleuze, Guattari o Lacan están entre mis favoritos. Utilizan una inflación terminológica inaceptable, no mantienen tesis claras (o peor cuando las mantienen), son pretendidamente ambiguos y oscuros (y con ello esconden su mediocridad) y, en general, son, en gran parte, responsables de la crisis actual de las humanidades. Inspiración: Sokal & Bricmont, Mario Bunge.

14. Consilience. Necesitamos una Tercera Cultura que rompa de una vez por todas el divorcio entre ciencias y letras. Creo que la unión entre disciplinas dispares es causa de grandes avances y que los grandes problemas que asedian nuestros días solo serán abordables desde perspectivas multidisciplinares. Inspiración: Edward Wilson, Pinker, el movimiento Edge.

15. Transhumanismo (antropología). La naturaleza humana es fruto del azar genético, por lo que no le debemos nada. Si mediante la ingeniería genética conseguimos modificarla para mejor, bienvenido sea. Quizá la auténtica solución a los grandes problemas del hombre tras el fracaso de la utopía marxista pase por cambiar la naturaleza humana. Si ni mediante la educación ni la política podemos conseguir un mundo mejor, probemos a cambiar al propio hombre. Inspiración: Kurzweil, Stanislaw Lem, Asimov.

Una postura derivada del darwinismo es lo que se ha llamado programa adaptacionista. Si la selección natural premia a los más aptos, siendo éstos aquellos que tienen una variación con respecto a sus congéneres que les hace tener cierta ventaja, serán estas ventajas las que pasen a la siguiente generación. A estas ventajas se las conoce comúnmente como adaptaciones (Una definición clásica de adaptación es la aportada por Hudson Reeve y Paul Sherman (1993): una adaptación es una variable fenotípica que resulta en la mayor aptitud o eficacia biológica de entre un conjunto específico de variantes en un determinado ambiente. No obstante es una definición problemática como discute Ruse). Si la selección natural ha estado ejerciendo su presión selectiva durante millones de años sobre toda la historia de la biosfera (o incluso más, si aceptamos una selección natural prebiótica), parece de esperar que las características fenotípicas expresadas por los individuos tengan algún tipo de función adaptativa. La tesis polémica, propia de este programa, estaría en afirmar que todas las características fenotípicas son adaptaciones.

De este modo, la mente humana con todas sus características y la elaboración de concomimiento como una de sus funciones, al ser un fruto más de la selección, debería poder ser explicada como una adaptación más. Nuestra mente ha de tener una función para potenciar nuestra eficacia reproductiva al igual que la tienen las garras del león o las branquias del pez. Esto choca con nuestro sentido común cuando pensamos qué función adaptativa tendrán actividades humanas como el arte, la religión, la filosofía, la música, etc. actividades además que se sitúan comúnmente como las más dignas del quehacer humano (y las más inútiles por definición según el siempre sensato Aristóteles). ¿De qué puede servirme para expandir mis genes el hecho de pintar un cuadro o leer un poema de Pessoa? Este problema hizo al co-descubridor de la selección natural, “sacar la mente fuera de la evolución”. Según Wallace, todas las “partes” de nuestro cuerpo pueden explicarse mediante la selección natural menos la mente, para la que necesitamos apelar a un ser superior. ¿No podemos explicar entonces la mente desde el programa adaptacionista? Esperemos, todavía es pronto para tener que hablar de un ser superior. Que se tengan problemas para explicar algo no da píe a que tengamos que recurrir a hipótesis más improbables e inverosímiles que la posibilidad de que existan más explicaciones dentro del ámbito naturalista (Recomendación epistemológica donde las haya).

Parecería una evidencia afirmar que, como mínimo, ninguna de las características de un individuo resultan ser contradictorias con las selección (la presencia de algo que tienda a eliminar al individuo antes de reproducirse) ya que serían inmediatamente eliminadas debido a que su portador moriría sin propagar sus genes. Sin embargo, la continua introducción de novedad a modo de mutaciones evita que esto suceda. Si suponemos que un individuo ha ido acumulando muchísimas adaptaciones que le hacen ser un magnífico superviviente en su nicho ecológico, nada impide que su descendiente no nazca con una mutación negativa (supongamos un gen semiletal) que lo haga menos apto que sus padres pero, aún así, todavía competitivo en la lucha por la existencia. A la larga, su genotipo podría perder (o no), pero si nosotros estudiamos ese individuo en el presente, todo su fenotipo no está constituido por adaptaciones, sino que podría tener características neutrales o incluso contra-adaptaciones no lo suficientemente letales para eliminarlo en la lucha por la vida (por ejemplo, un sapiens con miopía).

Dennett se ha postulado en el programa adaptacionista con su propuesta de “la ingeniería a la inversa”. Según este planteamiento, es epistemológicamente sensato explicar toda característica biológica como fruto de la selección natural y, por lo tanto, como beneficioso en términos de eficacia reproductiva para su poseedor. Al igual que si vemos un reloj, para comprender sus partes pensamos en la figura de un ingeniero que les dio una función clara, así deberíamos obrar con respecto a cualquier ser vivo. Dependiendo del beneficio evolutivo postulado, se podrán establecer hipótesis para comprobarlas empíricamente con posterioridad. Para Dennett, encontrarse con una característica fenotípica y no postular ninguna posible función adaptativa, es plantear una hipótesis nula que no nos vale epistemológicamente para nada. Sin hipótesis adaptacionista, la investigación no tiene ningún camino que seguir.  Como prueba de lo valioso del adaptacionismo no hay más que ver los múltiples frutos que ha dado esta directriz. Sin embargo, una cosa es una recomendación epistemológica y otra cosa es la verdad. Que sea conveniente para la investigación tratar todo como si fuera a priori una adaptación no implica que todo sea una adaptación.

En claro desafío al programa adaptacionista, Gould y Lewontin (1979) publicaron un famoso artículo en el que utilizaban la sátira del Cándido de Voltaire a la teoría de los mundos posibles de Leibniz para criticarlo. En la obra de Voltaire, el profesor Pangloss explicaba todo fenómeno ocurrido en función de su servicio a un bien mayor superior, apelando constantemente a que Dios creó nuestro Universo como el mejor de los mundos posibles. Voltaire ironizaba sobre tal afirmación cuando el profesor Pangloss encontraba bondad en el terrible terremoto que asoló Lisboa en 1755. Gould afirma que entender todo como adaptación es hacer lo mismo que hacía Pangloss: dar un sentido apriorístico a todo no lleva más que a tener que encajar ad hoc lo que no cuadre con nuestro sentido inicial.  Sería muy bonito que todo fuera explicable desde el adaptacionismo, pero la verdad es que no tiene por qué ser así. G&L apelarán a las restricciones filogenéticas como alternativas a la adaptación. Los organismos heredan pautas de desarrollo desde el cigoto hasta la fase adulta que no permiten la posibilidad de muchas cambios y que restringen la dirección de los cambios posibles. Para explicar esto pusieron el ejemplo de las pechinas de la catedral de San Marcos en Venecia. Según G&L, las pechinas son subproductos de los arcos (suponiendo, en el ejemplo, que el arco es una adaptación diseñada por la selección natural) no causados directamente por la selección natural, sino, como un epifenómeno suyo. Del mismo modo, es posible que las pechinas pudieran, a su vez, servir en un futuro como adaptaciones de algún tipo (pensemos que si el criterio artístico fuera la selección natural, las pechinas han sido decoradas y ornamentadas de diversas maneras) o permanecer inútiles siempre. De este modo podríamos encontrarnos con muchas “partes” del organismo sin una función adaptativa clara. ¿Es el caso de la mente humana?

De cualquier forma, aunque la explicación adaptacionista no pueda con todo, sí que es cierto que ha de quedar como trasfondo de cualquier otra explicación. Nuestra mente es fruto de la evolución, esto es indudable y jamás debe perderse de vista; otra cosa es que podamos explicar todas sus características desde la idea de adaptación.

¿Entre el hombre y los simios hay sólo una diferencia de grado o hay un salto cualitativo? El darwinismo acepta de mala gana cualquier salto y se deleita en su autocomplacencia cuando ve procesos graduales, mientras que desde otras instancias se llenan de júbilo cuando existen saltos ya que eso mostraría de algún modo las carencias del naturalismo y la venida de lo sobrenatural puede entrar de nuevo en el juego.

Si comparamos lo que hace cualquier animal con lo que hace un ser humano encontramos una obvia diferencia cualitativa. Ningún primate pintaría la Capilla Sixtina ni escribiría el Quijote ni enunciaría la Teoría de la Relatividad. Por mucho que estudiemos sus facultades mentales comprobamos que sus habilidades lingüísticas o matemáticas son muy básicas y conseguimos algunos logros tras un largo y arduo entrenamiento que no se da en ningún modo en su entorno natural. El sobrenaturalismo parece, a simple vista, que se anota el tanto. A simple vista…

En primer lugar, esta discusión tiene el problema de la ambigüedad de los términos cuantitativo (preferido por los darwinistas) y cualitativo (preferido por los otros). Si el humano resuelve ecuaciones diferenciales y el primate apenas sabe sumar, vemos una diferencia cualitativa. Para resolver ecuaciones hacen falta procesos mentales muy diferentes a los necesarios para simplemente sumar. Ya está, hay un salto, lo sobrenatural es la única explicación tangible, ¡Aleluya, alabado sea Dios!

No. El argumento no es válido porque, aparte que la distinción cuantitativo/cualitativo es confusa (ambos utilizan unidades discretas), cambios cuantitativos ocasionan cambios cualitativos. Pongamos  un  ejemplo tonto. Tengo una piedra que pesa un miligramo. La tiro contra una ventana de cristal y rebota sin romper nada. Cojo una piedra de cinco miligramos y repito la operación. El cristal no se rompe. Voy subiendo y subiendo el peso del proyectil hasta que tengo una piedra que pesa cinco gramos con la que, al final, consigo romper el cristal. La rotura del cristal (un cambio cualitativo de su estado) se ha conseguido a partir de una serie de cambios cuantitativos (subir progresivamente el peso). Así pasa constantemente en la naturaleza. Pequeños cambios graduales, ese cincel que es la selección natural, acaban por provocar cambios cualitativos. Las patas de los dinosaurios que valían para caminar, a base de pequeños cambios (o no tan pequeños, nos da igual), acabaron por, en un momento dado, servir para volar. La naturaleza está llena de enormes saltos cualitativos no siendo el hombre el salto, científicamente hablando, más difícil de explicar. La confusa distinción cualitativo / cuantitativo lleva a ocasionar un pseudoproblema.

Apliquemos esto al origen del lenguaje. Existe una enorme diferencia entre el lenguaje humano y el de los animales. En su entorno, no hemos encontrado a día de hoy, nada que se asemeje de modo significativo al lenguaje humano. Es más, algunos etólogos piensan que lo que hay que explicar no es que los simios tengan lenguaje, sino más bien por qué no lo tienen. Pero es que esto sería la problemática en el debate estrictamente científico (en el que se da por presupuesta la evolución por selección natural). Por el contrario, si nos vamos a la cuestión de si el lenguaje tiene un origen natural, fruto de un proceso evolutivo como el de cualquier otra facultad o disposición que encontramos en los animales, las pruebas son apabullantes.

La tabla de la imagen está sacada de Hablar y pensar, tareas culturales de Honorio M. Velasco, catedrático de antropología social. En ella vemos un estudio comparativo entre los lenguajes de distintas especies de primates, la genial bonobo Kanzi y el ser humano. Como vemos, existen una gran cantidad de características que compartimos con los diferentes lenguajes primate (las cuales son menos evidentes con otras especies, como cabría esperar). Sin embargo, vemos como en los primates no se da la producción de lenguaje nuevo y  tienen unas enormes dificultades para llegar a desplazamientos totales (hablar de algo que se encuentra lejano en el espacio y en el tiempo). ¿Esto hace el salto entre el lenguaje primate y el humano insalvable? No, este hecho nos lleva a pensar que durante esos seis millones de años en los que nuestro clado se diferenció y los homínidos seguimos nuestro camino y ellos (los póngidos) se fueron por otro, nuestros extintos parientes acabaron por ir desarrollando estas cualidades lingüísticas hasta llegar a las nuestras. Pruebas que nos llevan a suponer esto vienen de diversas fuentes:

1. De la morfología del cerebro y del tracto vocal: nuestro cerebro y el de los primates apenas difiere morfológicamente. No es cierto, como se pensaba, que el humano se distinguiera por el desarrollo excepcional del lóbulo prefrontal y de las áreas de asociación. En el cerebro humano no parecen existir estructuras nuevas, la diferencia parece estar únicamente en el tamaño del cerebro y en la complejidad neuronal (neuronas más grandes con más interconexiones). Haciendo un recorrido por la capacidad craneana de nuestros ancestros más cercanos (ya homínidos) vemos en cualquier manual de bachillerato, un progresivo aumento (en el que se ve un gradualismo muy claro) de la capacidad craneana. Los estudios de Phillip Tobias en moldes de cráneos de Homo Habilis, mostraron un gran desarrollo de las áreas de Broca y de Wernicke, relacionadas profundamente con la comprensión y ejecución del lenguaje. ¿Pudo ser el habilis el primer homínido que tenía un lenguaje muy parecido al nuestro? Vaya, Dios habría elegido a otra especie diferente a la nuestra para poner sus “semillas sobrenaturales”. Realmente, es una lástima el hecho de que seamos el único homínido no extinto. Si aún existiera el Neanderthal la disputa estaría más que zanjada. No somos la especie elegida, en el mejor de los casos, seríamos la familia o el orden taxonómico elegido (Dios no hubiera elegido al hombre como la cumbre de la creación sino a todo un conjunto de muchas especies).

2. Del tamaño de los grupos sociales y del comportamiento social: según han mostrado Dunbar y Aiello, existe una clarísima correlación en los homínidos entre el tamaño del neocortex y el tamaño del grupo. Por ejemplo, mientras que el Afarensis, con una capacidad craneana de 500 cm cúbicos se movía en grupos de unos setenta individuos, el Erectus con 850 vivía en grupos de unos 100 y el Neanderthal con 1500 vivía en grupos de 150 individuos. Igualmente, las investigaciones de Dario Maestripieri con macacos muestran una conducta social de un parecido sorprendente con la humana. La complejidad social y el desarrollo del lenguaje tuvieron que ir de la mano.

3. De la herramentación: tanto los primates como las diferentes especies de homínidos utilizaban herramientas. En los Habilis encontramos elaboración de herramientas de una impresionante precisión técnica (que se irán perfeccionando gradualmente), además de herramientas de segundo grado (herramientas para hacer herramientas) y herramientas almacenadas para futuros usos. Estos hallazgos implican necesariamente habilidades cognitivas tan humanas como la planificación a largo plazo (para la que necesitamos intenciones, valoraciones, representaciones mentales, memoria, control del tiempo…). Si tenemos representaciones, estamos en el mundo de lo simbólico. La conexión con el lenguaje es más que patente.

¿Alguien duda del origen natural del lenguaje? Ni Kanzi lo haría.