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Aquí tenéis la charla que he dado para el curso de verano de la SEMF. En ella hago un recorrido histórico por los principales hitos en el campo, desde los primeros modelos teóricos de McCulloch o Rosenblatt, hasta Alpha Zero o GPT-3. He intentado que sea lo más sencilla y sugerente posible, sin meterme demasiado en temas técnicos. Para quien quisiera profundizar he adjuntando el artículo académico principal de cada tema que trato. Espero que os resulte provechosa.

El 25 de Noviembre de 2006 tuvo lugar el primero de los seis enfrentamientos  entre el campeón del mundo de ajedrez, el gran maestro ruso Vladimir Kramnik y el computador de la empresa alemana Chessbase, Deep Fritz. La apuesta era la siguiente: Kramnik cobraba automáticamente por jugar medio millón de dolares y podría doblar esa cifra si ganaba en el cómputo: un millón de dólares por seguir demostrando que los seres humanos somos mejores que nuestras creaciones digitales. No era la primera vez que se encontraban. Ya en el año 2002  empataron en Bahrein. Habían pasado cuatro años y un computador mejora muy deprisa. ¿Vencería esta vez la máquina al hombre? Veamos a los dos púgiles:

Vladimir Kramnik: era el candidato idóneo para esta prueba ya que no es un jugador agresivo y temerario como pudiera ser el actual líder de la FIDE VeselinTopalov o el valiente Viswanathan Anand. Kramnik es calmado, frío, conservador. Alguien que más que a ganar juega a no perder (sobre todo si juega con negras), jugador teórico, lógico y sistemático antes que intuitivo o fogoso. Según Kasparov, representa el triunfo del pragmatismo de mercado en el ajedrez mezclado con la tenacidad de Karpov. Con estas características no había nadie mejor que él para vencer a Deep Fritz. Aquí tenéis algunas de sus mejores partidas.

Vladimir Kramnik

Deep Fritz: era capaz de procesar nueve millones de posiciones por segundo. Uno esperaría encontrarse a un mastodonte como, por ejemplo, su homólogo Deep Blue de IBM, pero en vez de eso uno ve poco más que lo que tenemos en la fotografía: no se necesita más que la potencia de  un Pentium III para tener una fuerza bruta suficiente para derrotar al campeón del mundo.  Y es que hoy en día no hace falta demasiado. A mí no deja de maravillarme como en mi Nintendo DS, el juego de ajedrez Chessmaster, que apenas ocupa 30 megas de memoria y que usa el pequeño procesador de la DS (de 32 bits y 66 Mhz), juega a un nivel Elo de 1850, es decir, mejor que cualquier persona inteligente que no esté  entrenada seria y prolongadamente en el juego. Y, por supuesto, el juego Fritz 10, que es el que tengo en mi ordenador, será invencible para mí y para el 99,9% de la población mundial, hasta el fin de nuestras vidas.

Deep Fritz

Primera partida: tablas

Segunda partida: gana Deep Fritz por error intantil de Kramnik. Aquí ocurre otra cosa interesante. Hay muchos que no se creyeron esto. ¿Cómo era posible que Kramnik, digno sucesor de Kasparov, no viera un mate en uno? Y es que las máquinas también nos superan en otra cosa: la honestidad. En esta competición había en juego intereses económicos de peso: la venta de videojuegos, la posibilidad de una lucrativa revancha… Yo no sé lo que realmente pasó, pero sí estoy seguro de que la realmente inocente en este asunto era Deep Fritz, la única que no se puede dejar llevar por las bajas pasiones humanas.

Tercera partida: tablas.

Cuarta partida: tablas.

Quinta partida: tablas.

Sexta partida: gana Deep Fritz

Aquí tenéis las seis partidas visualizadas y con sus respectivas crónicas (muy breves por cierto) por parte de EL PAÍS

Aquí podéis comprar la versión multiprocesador del programa que venció al campeón del mundo por unos 120 euros.

En la actualidad, el mejor programa informático de ajedrez se llama Rybka con un Elo ponderado en 3150 (A julio de este año, el jugador humano con mayor Elo según la clasificación de la FIDE era Topalov con 2813… ¡la máquina tiene la friolera de 337 puntos más!). Sin embargo, Rybka  perdió sorprendentemente contra el número 28 del mundo Vladim Milov. Quizá el hombre tenga aún cierta esperanza, yo creo que no, e incluso me atrevería a pronosticar que dentro de unas décadas el ajedrez habrá sido agotado por las computadoras. Lamentablemente, el número de jugadas, aunque sea astronómico, no es infinito.

Los pioneros de la Inteligencia Artificial pensaban que era mucho más difícil que una computadora pudiese realizar ecuaciones diferenciales y jugar al ajedrez que tareas tan propias del mundo animal, “mucho menos inteligente que el nuestro”, como caminar o visualizar objetos. Siguiendo el prejuicio antropocéntrico de que como somos los únicos animales que resolvemos ecuaciones, eso debe ser lo más difícil de imitar por un ordenador, las previsiones hacían pensar en que en pocos años tendríamos robots que imitarían toda nuestra movilidad mientras que para jugar al ajedrez pasaría más tiempo. ¡Nada más lejos de la verdad!

En términos evolutivos, se entiende muy bien por qué es mucho más fácil realizar ecuaciones diferenciales que caminar. Por ejemplo, si queremos hacer un robot que ande como los humanos habrá que tener en cuenta que el bipedismo apareció hace 1,5 millones de años. Desde ese momento hasta ahora, la selección natural ha ido “puliendo” cada vez más y más esta estrategia evolutiva (quien camine mejor tendrá más probabilidad de sobrevivir). Más células nerviosas, más fibras musculares, formas cada vez más “aerodinámicas”, movimientos cada vez más y más precisos… un sistema de retroalimentación que va corrigiendo la postura segundo a segundo cada vez más eficiente… así generación tras generación hasta llegar a Usain Bolt, quien fue capaz de recorrer 100 metros en 9,69 segundos en las Olimpiadas de Pekín. Esa es la historia de nuestro sistema de locomoción. Pensemos ahora en la de nuestro sistema de resolver ecuaciones o jugar al ajedrez.

Caminar mejor tiene una evidente finalidad evolutiva pero resolver ecuaciones… ¿la tiene? Veamos. Supongamos un grupo de hombres del paleolítico cazando una manada de mamuts. Imaginemos que los cazadores persiguen a sus presas por un camino entre las rocas y llega un momento en que aparece una bifurcación. Pensemos en que hay cinco mamuts, cuatro huyen por el camino de la derecha y uno por la izquierda. El éxito de la caza podría estribar en que los cazadores supieran dividir sus fuerzas proporcionalmente al número de mamuts. Si todos los cazadores fueran por la izquierda, las probabilidades de cazar o la cantidad de alimento conseguida sería menor y, por lo tanto, las probabilidades de supervivencia serían más reducidas. Saber realizar operaciones aritméticas sencillas parece positivo para sobrevivir pero ¿para qué saber resolver una ecuación de segundo grado?

¿Tienen finalidad evolutiva las matemáticas?

Efectivamente, la utilidad de unas matemáticas superiores ha venido mucho más tarde. Históricamente, tenemos las primeras matemáticas avanzadas en la Grecia pitagórica y su explosión vino propiciada a partir del nacimiento del capitalismo (había que calcular costes, precios, beneficios, intereses…). Por lo tanto, nuestro sistema para resolver ecuaciones es mucho peor, está mucho menos evolucionado que nuestro aparato locomotor, ha tenido mucho menos tiempo. Nuestro “sistema para caminar” es tan bueno que funciona de modo casi automático, no tenemos  que pensar ni planificar casi nada a la hora de realizar complejos movimientos con nuestro cuerpo. Sin embargo, para solucionar una sencilla ecuación tenemos que ir despacito, pensando en cada paso y… ¡además tenemos que utilizar papel y lápiz!. Pensemos en que tuviéramos que utilizarlos para planificar cada paso que dan nuestros píes… ¡jamás hubiéramos cazado un mamut!

Es por eso que las computadoras pueden calcular mucho mejor que caminar, y es por ello que a día de hoy ya nos ganan jugando al ajedrez. En 1996 el ordenador de IBM Deep Blue enfrentó su inteligencia con la del campeón mundial de ajedrez Gary Kasparov y, por aquel entonces, el hombre se sintió orgulloso de ser todavía más listo que la máquina. Pero la alegría sólo duró un año. En 1997 volvieron a encontrarse y, esta vez, la victoria final fue para la computadora. En 2006, Deep Fritz venció contundentemente al campeón del mundo de aquel momento Vladimir Krámnik. Había quedado demostrado que las máquinas juegan mejor al ajedrez que las personas.

Viendo entonces que el sistema de locomoción humano es mucho más sofisticado que su sistema de cálculo, a día de hoy todavía no hemos construido ningún robot, no ya que supere al hombre, sino que sea mínimamente capaz de andar como un cuadrúpedo… ¿Seguro que no? Miren el vídeo…