Posts etiquetados ‘Esperanza Aguirre’

Una de las principales razones por las que me siento feliz de ser profesor es que soy un funcionario público. Esto quiere decir, fundamentalmente, que trabajo para servir a los demás, trabajo en pro de toda la sociedad, lo cual es muy distinto a ser un trabajador en una empresa privada. Yo no trabajo para hacerme rico ni para hacer ricos a otros, que suele ser el sentido último del que trabaja por cuenta ajena. Por eso no creo en las políticas liberales que pretenden minimizar las funciones y el alcance del Estado, convirtiéndonos a todos en miembros de productivas empresas. Por eso no creo en la derecha (y no entiendo cómo cualquier funcionario puede votarles).

No entiendo por qué cada vez más ámbitos de la realidad deban estar regidos por las leyes de la oferta y la demanda. Y, desde luego, ámbitos como la educación y la sanidad deberían permanecer intocables al capital. ¿Qué pensaríamos si cosas como la amistad o la familia estuvieran reguladas por los mercados? ¿En qué se convierte el amor cuando en él interviene el dinero? En prostitución. Esto no quiere decir que haya que demonizar a los empresarios o al sistema económico. El capitalismo ha traído prosperidad y bienestar. Crear una empresa e intentar ganar mucho dinero no tiene por qué ser malo. Lo que sí es malo es que el interés económico alargue sus tentáculos a facetas de la realidad que no le corresponden. Está muy bien que una empresa fabrique iphones, pero no que manipule las mentes de los niños o decida quién tiene derecho o no a un trasplante de corazón. Y, con certera evidencia, está muy, pero que muy mal que las empresas determinen las decisiones políticas. La política es otro espacio público que, desgraciadamente, ha sido invadido por lo económico. Es curioso como en pleno siglo XXI hayamos dejado cómo algo tan impredecible e incontrolable como la bolsa, determine las decisiones de nuestros líderes, hoy menos poderosos que nunca. Hemos creado un sistema en que los hombres no gobiernan, sino unos fenómenos complicados y abstractos cuyo comportamiento es desconocido hasta para nuestros premios nobeles en economía. El hombre ya no es dueño de sí mismo.

Por eso, en estos días malditos de austeridades y motosierras hay que defender más que nunca el espacio público. Tenemos que impedir que lo público retroceda pues dudo mucho que lo que hoy perdamos, y que costó mucho conseguir, vaya a recuperarse más adelante. Yo podría entender que las rebajas en los presupuestos para educación, la reducción y congelación de mi sueldo y las dos horas más de trabajo no remunerado que parece que me van a colar, fueran medidas necesarias sin las que vamos a pique (aunque me cuesta mucho creerme que son absolutamente necesarias y que no hay más opciones), pero cuando veo que las grandes fortunas no se tocan (nuestros ricos no están por imitar a sus colegas norteamericanos) y que esta crisis la vamos a pagar las clases medias y bajas… no me creo la historia. Y es que no entiendo por qué una crisis generada en lo económico tenga que solucionarse mediante el retroceso de lo público o, con más precisión, no entiendo cómo hemos dejado que lo económico interfiera así en lo público. No puedo entender cómo una arriesgada inversión de un dirigente de un banco tenga algo que ver con la educación de nuestros hijos, no puedo concebir que haya algún tipo de conexión causal entre esas dos cosas. Nuestro sistema es manifiestamente absurdo.

Anuncios