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Hamlet

El fisicalismo, postura muy aceptada en los últimos tiempos, es una posición ontológica que sostiene que todo objeto existente es un objeto físico. Sin entrar en la innumerable cantidad de problemas que encierra definir “físico” o “material” (el materialismo y el fisicalismo se parecen mucho), el fisicalismo entiende que cualquier descripción de la realidad puede reducirse a una descripción de los procesos físicos que subyacen detrás de ella. Una obra de teatro, por ejemplo, podría explicarse en último término apelando a interacciones a nivel átomico y subatómico. Si toda la realidad es un compuesto de átomos (o de lo que sea que exista por debajo del nivel atómico), todo suceso comenzará por un acontecimiento atómico y terminará en otro de la misma naturaleza. La fantástica interpretación de Hamlet que acabo de contemplar puede explicarse solamente recurriendo a toda la compleja red de sucesos cuánticos que se dan en el brazo del actor principal mientras sujeta la calavera y todo lo demás que ocurre a ese mismo nivel mientras pronuncia “to be or not to be”.

La primera objeción que viene a la mente es pensar que el lenguaje de la física parece insuficiente para explicar lo que realmente significa contemplar la obra de Hamlet en un teatro. La cantidad de sensaciones, sentimientos, reflexiones, ideas, posturas metafísicas, etc. que pueden surgir de contemplar tan fastuoso evento parece no quedar suficientemente explicada solo apelando a términos como “spin del electrón” , “fuerza nuclear débil”, “cuanto de energía”, etc. Da la impresión de que hace falta más lenguaje, más palabras que las estrictamente físicas para dar una descripción completa a lo que puede representar Hamlet. En una línea similar va la crítica de Putnam al fisicalismo:

Supongamos que tenemos un tablero con un agujero redondo de 6 pulgadas de diámetro. Intentamos pasar por el agujero una clavija cuadrada de 6 pulgadas de lado y no lo conseguimos ¿Cómo hemos de explicar el hecho de que la clavija no pase por el agujero? Putnam dice que el tamaño y la forma del agujero proporcionan la explicación obvia. Llamémoslas macropropiedades del sistema. Otra alternativa sería caracterizar la posición y otras propiedades de cada uno de los átomos de la clavija y del tablero ¿Explican estas micropropiedades por qué la clavija no pasa por el agujero?

Las macropropiedades supervienen a partir de las micropropiedades. La posición de los átomos del tablero y la clavija determinan las macroformas y tamaño, pero no a la inversa. Si las macropropiedades explican por qué no pasa la clavija por el agujeto, ¿explican también este hecho las micropropiedades? Putnam dice que no. La lista exhaustiva de micropropiedades aporta una gran cantidad de información irrelevante. La posición exacta de cada átomo no importa: la microhistoria no es explicativa, según Putnam, porque se refiere a hechos que no son esenciales.

[…] El argumento de Putnam descansa en el supuesto siguiente: si C no es necesario para la ocurrencia de E, entonces C no es relevante para explicar E. Putnan dice que la posición de los átomos es explicativamente irrelevante sobre la base de que la clavija tampoco habría pasado por el agujero aunque la organización de átomos hubiese sido distinta.”

Elliott Sober, Filosofía de la biología

Pero Putnam se equivoca. Hay que diferenciar que una explicación contenga una gran cantidad de explicación irrelevante o que sea larga y tediosa, con que una explicación sea válida en el sentido de explicar completamente (o de manera satisfactoria) un hecho. Cuando yo digo “He movido el brazo para coger la manzana” estoy explicando de una manera muy eficaz y económica un hecho. Si tuviera que explicar el mismo hecho a nivel cuántico, me llevaría siglos enumerar las millones de interacciones físicas que han ocurrido en mi cuerpo para que yo pudiera coger mi manzana. Sería una explicación aburrida en la que, además, habría un montón de información irrelevante: seguramente saber la posición de los electrones de todos los átomos de las fibras musculares de mi brazo no sirva de mucho ya que no tendrá mucha importancia para explicar el movimiento del brazo. Pero es que nadie ha dicho que la explicación fisicalista tenga que dar cuenta de todo lo que sucede a nivel físico para explicar algo. Aquí solo nos estamos preguntando si esta explicación es suficiente para explicar todo lo que hemos dicho en la frase “He movido mi brazo para coger la manzana”. Y es que lo esencial de la explicación (el movimiento del brazo) sí que puede explicarse apelando únicamente a una serie de interacciones físicas (y no a todas). No entiendo porque Putnam parece sobreentender que la explicación fisicalista tenga que explicar absolutamente todas las micropropiedades para explicar una macropropiedad. Insisto en que la idea principal es que no hace falta explicar todo el movimiento de todas las moléculas de todos los objetos físicos que se ponen en juego cuando se interpeta Hamlet. El error consiste en pensar que la explicación fisicalista no resume, no va a procesos esenciales, es decir, en tener un mal concepto de lo que es una explicación.

Y es que si ponemos otro ejemplo lo veremos muy claro. Supongamos que tomo LSD. Para explicar mi conducta posterior a la ingesta parece que será esencial explicar las interacciones físicas que han tenido lugar entre mis receptores sinápticos y las moléculas de ácido lisérgico. En este caso la explicación micro explica sin irrelevancia alguna toda mi conducta a nivel macro.

Putnam no da en el clavo porque creo que el problema va en otra línea. La cuestión principal es: ¿Hay sucesos a nivel macro que no puedan ser explicados de ninguna manera apelando exclusivamente a los sucesos de nivel micro, es decir, al nivel al que opera la explicación fisicalista? Una primera cuestión que nos surge es por qué hay que explicarlo todo a este nivel: ¿qué tiene la física que no tengan la historia, la sociología o la biología para que su explicación tenga el privilegio de poder contener todas las demás explicaciones? La física lo explica todo a partir de movimientos de partículas, de fuerzas y energías que interaccionan con esas partículas. ¿Por qué una serie de conceptos aparentemente tan básicos pueden explicarlo todo? La respuesta es que la física es la ciencia con mayor éxito predictivo de todas y es que, de hecho, una ingente cantidad de sucesos macro se explican perfectamente desde el nivel físico. Esto constituye la razón por la que la física se haya erigido como la reina de las ciencias y pretenda explicarlo todo desde su particular óptica. Si hasta ahora hemos tenido mucho éxito haciendo las cosas así, ¿por qué no vamos a tener éxito adentrándonos en explicar áreas que no son genuinamente el campo de la física?

Pero supongamos que no puede, supongamos que hay propiedades a nivel macro que parecen resistirse mucho a la explicación micro. Esas propiedades se han denominado tradicionalmente como propiedades emergentes. Un ejemplo que suele citarse mucho es el de la digestión (o, a veces, la misma mente). El proceso digestivo obedece a la cooperación de un montón de procesos físicos muy diferentes (¿qué tiene que ver el proceso de la masticación con el proceso del metabolismo?), de tal manera que si solo apelamos a cada uno de ellos por separado, no podemos explicar el resultado final o global. Así, se alega que la digestión no es una propiedad estrictamente física ya que no puede definirse apelando a procesos físicos. Sin embargo, yo aquí no veo problema alguno pues, ¿por qué no podemos apelar al conjunto de todos los procesos físicos que forman parte de la digestión para definirla por muy diferentes que éstos sean? Si para mover mi brazo se dan un montón de procesos físicos a la vez… ¿diríamos que el resultado final, el movimiento del brazo, no es un proceso físico ya que no podemos explicarlo solo apelando a, por ejemplo, una única contracción de una fibra muscular del biceps? Se podría objetar: es que el conjunto de muchos procesos físicos no tiene por qué ser un proceso físico. Vale, pero, ¿qué más da? Podemos decir que el concepto “digestión” no es nada ontológicamente existente, sino que solo es una etiqueta para mencionar una serie de procesos físicos. No tenemos por qué recurrir a la existencia de entidades o explicaciones no físicas para poder hablar de la digestión. Pero no hace falta ni llegar a eso porque creo que es lícito decir que la digestión sí que tiene existencia ontológica como proceso físico. De modo inverso a como lo hemos dicho antes: que algo sea el conjunto de una serie de procesos físicos no hace que no sea un proceso físico también. Igual decimos cuando hablamos de un programa de ordenador. Los programas suelen estar constituidos por un montón de subprogramas a los que el programa general llama para que solucionen una serie de tareas concretas (se les suele llamar subrutinas). Windows está compuesto por muchos subprogramas…  ¿diríamos entonces que Windows es una propiedad emergente no explicable desde sus componentes? ¿Windows no es un programa por el hecho de estar compuesto por muchos programas?

Pero sigamos erre que erre. Supongamos que existen casos diferentes a la digestión de propiedades que no hay forma de explicar recurriendo a propieades microfísicas. Tenemos, de repente, una extraña propiedad que surge de un sistema físico pero que resulta muy extraña porque no hay forma de deducirla de nada de lo que sucede a nivel micro. De primeras, podríamos decir que el problema simplemente es que aún no conocemos suficientemente bien la naturaleza de esa propiedad o del nivel microfísico subyacente para poder explicarla. No obstante, esto sería un subterfugio y sí que dañaría la postura fisicalista, al menos hasta que pudiéramos encontrar la solución (sería recurrir a la falacia ad ignorantiam). Pero, de segundas, ¿qué razón hay para decir que esa propiedad emergente, a pesar de no ser explicable, no es también un proceso físico? ¿Qué tiene esa propiedad para que no pueda ser denominada física? Esa propiedad será algo parecido a las demás propiedades macro que yo observo habitualmente en el mundo y que sí puedo explicar en términos micro. Entonces, ¿qué tendrá ella que no tengan las otras propiedades macro para que no podamos decir que estamos ante algo no físico o no reductible a explicación fisicalista?

Invito a mis lectores a que traigan ejemplos de propiedades emergentes que no sean reductibles a propiedades físicas.

Cuando Joseph Gall publicó su Higher Cortical Functions in Man se pensaba que había zonas en el cerebro dedicadas exclusivamente a habilidades tales como la cortesía, el sentido de la justicia, el patriotismo, el amor a la vida o, incluso, la atracción por el vino. La frenología tuvo una vida corta y hoy en día es condenada unánimemente a ser considerada como una pseudociencia. Sin embargo, Gall sentó las bases de la neuroanatomía moderna y, básicamente, gran parte de sus ideas se mantienen, sólo que muy refinadas. Así que más que una pseudociencia, la frenología debería tratarse como una protociencia. De hecho, la gran diferencia entre el mapa cortical de arriba y uno actual es, salvando la diferencia en la base experimental que los sustenta, la terminología. Hay una depuración conceptual, una progresiva desmistificación lingüísitica. Conceptos como “astucia”, “parsimonia” o “espiritualidad” son equívocos, confusos, difíciles de verificar. La ciencia ha ido eliminándolos, sustituyéndolos por nuevos, más precisos, claros y distintos, operativos científicamente hablando: “Memoria de lugar”, “Reconocimiento táctil de objetos” o “Comprensión de melodía y tono” son habilidades cognitivas muy bien situadas en la corteza cerebral. Una popperiana selección natural entre términos  ha ido cribando palabras, dejando sólo las más aptas. La ciencia crece y madura.

Sin embargo esta depuración terminológica acaba por llevarse al extremo en lo que tradicionalmente entendemos como fisicalismo o materialismo eliminativo.  Esta corriente suele afirmar, en diversas intensidades y con múltiples matizaciones, que el lenguaje mediante el cual nos referimos a la mente ha de reducirse exclusivamente al lenguaje de la ciencia y, dentro de ésta, al lenguaje de la física. De esta manera una afirmación como “Estoy triste” debería traducirse por una expresión del tipo “Tengo una estimulación electroquímica en la región neuronal 543”. El fisicalismo, a parte de intentar extremar el rigor científico en las ciencias de la mente, pretende solucionar el peliagudo problema de la conciencia, a saber, la aparente peculidaridad ontológica de los estados mentales: no los puedes tocar, no los puedes ver pero parecen muy reales. Su solución es postular un monismo materialista que identifica los estados mentales con estados físicos. Y aquí está el problema, grave donde los haya: los estados mentales ofrecen una tenaz resistencia a ser reducidos. Imaginemos, por ejemplo, a un científico con una ceguera total de nacimiento. Jamás ha visto nada pero es el mejor experto del mundo en oftalmología. Sabe todo lo que científicamente se conoce sobre el funcionamiento del ojo. Sabe todos los mecanismos físico-químicos que intervienen en el proceso de la visión, sin embargo: ¿sabe realmente lo qué es el color azul? Él conoce que el azul es como nuestro cerebro interpreta la luz de longitudes de onda de entre aproximadamente 450 y 500 nanómetros que no es absorbida por los objetos y sabe qué partes de nuestro cortex visual se activan cuando vemos objetos azules, pero la pregunta perece sin responderse totalmente: ¿sabe realmente qué es el color azul  sin haberlo visto nunca? Es más, ¿cómo podríamos explicárselo? ¿Cómo hacer entender a un ciego de nacimiento qué se siente al ver cosas azules? El lenguaje de la física parece insuficiente.

Además, si seguimos pensando, encontramos nuevos interrogantes: ¿Cómo sabemos que todos nosotros vemos los mismos colores o sentimos igual las mismas cosas? A lo mejor yo sufro una especie rara de daltonismo y lo que todo el mundo ve como azul, yo lo veo rojo y viceversa. Como a mí desde pequeño me han nombrado las cosas que yo veo rojas como azules, uso el lenguaje correctamente y nombro lo azul con la palabra “azul” aunque lo vea rojo y ni yo ni nadie puede darse cuenta de mi error… ¡Podría darse el caso de que todo el mundo viera las cosas en colores distintos y nadie se daría cuenta!