Posts etiquetados ‘Guillermo de Ockham’

Leyendo un simpático post de Jesús Zamora acerca de la verdad me vino a la cabeza la popular teoría de la verdad como redundancia. Es una forma ingeniosa de desembarazarse de conceptos que, debido a su carga metafísica, traen dolores de cabeza al reflexionar sobre ellos. Tal era el caso del concepto de verdad. Cuando nos preguntamos ¿qué es la verdad?, automáticamente nos entra vértigo y tenemos que exprimir nuestra sesera para ofrecer alguna respuesta concluyente. Los positivistas lógicos de primera mitad de siglo, intentaron solucionar el asunto disolviéndolo, es decir, constatando que ,en el fondo, lo que pasaba es que el concepto de verdad es un pseudoconcepto, una palabra sin sentido que sólo traía pseudoproblemas. Si queremos tener un conocimiento sólido de la realidad hay que eliminar estas absurdas fuentes de sofismas, por lo que, en su pretencioso proyecto de construir lenguajes lógicamente perfectos, entraba eliminar por completo cualquier palabra que oliera a metafísica.

La primera formulación de la teoría de la verdad como redundancia se encuentra formulada en Ramsey si bien Frege o Wittgenstein ya habían hecho mención de ella. En sus Investigaciones filosóficas Wittgenstein sostiene que decir que “es verdad que p” equivale a decir que “p”, del mismo modo que decir que “es falso que p” equivale a decir que “┐p”; por lo tanto decir “es verdad que p” es una redundancia que no añade nada nuevo a lo dicho en “que p”. Según Ramsey las teorías que afirman que la verdad es una propiedad o una relación de las palabras, de los objetos, o del resultado de relacionarlas, son erróneas. Las afirmaciones “es verdad que” o “es cierto que” no añaden nada nuevo a lo que diría la misma oración sin incluirlas. De este modo no hay verdades ni falsedades, ni siquiera hechos o casos. Ramsey disuelve en un momento todo discurso metafísico acerca de la verdad y, si forzamos un poquito, hasta de la misma realidad. Esto sí que es usar la navaja de Ockham.

Sin embargo, existe un problema: no siempre afirmamos la verdad de algo sin conocer la proposición en cuestión (p), adscribiéndonos ciegamente a su verdad. Sería el ejemplo de decir “Todo lo que el Papa dice es verdadero”. Ramsey, consciente del problema se lanza a su solución:

La proposición “Todo lo que el Papa dice es verdadero” se transcribe a lenguaje lógico así:

(1) Para todo a, R, b, si el Papa asevera aRb, entonces aRb

Si admitimos la cuantificación de segundo orden sobre la proposición, se podría transcribir a:

(2) Vp (Si el Papa dice que p, entonces p)

Podríamos decir entonces lo mismo sin recurrir a “es verdadero” por lo que afirmar la verdad o falsedad en este tipo de proposiciones seguiría siendo redundante.

PD: Ramsey, además de un genio, era un ateo militante, pero tenía graves problemas de riñón que lo llevaron a la tumba con tan sólo veintiséis años. Dios tiene muy mala leche con los ateos. Crucemos los dedos.

 

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Una de las principales razones que tengo para querer vivir eternamente es la de ver el futuro. Cuando pienso en cómo será el mundo dentro de cuatrocientos o mil años me da mucha lástima no poder estar allí para contemplarlo. Y más me fastidia cuando pienso en alguien como, por ejemplo, Guillermo de Ockham, una inteligencia privilegiada en la Edad Media, y en adelantos de la tecnología que hoy son una realidad como los teléfonos móviles o Internet, y me pregunto si podríamos explicarle lo que son. ¿Podría Ockham, hombre del Siglo XIV,  entender cómo transmitimos imágenes y sonidos a unas cajitas de plástico de colores mediante ondas electromagnéticas que viajan invisibles por la atmósfera?  ¿Podríamos explicarle a Ockham qué es un Blog? En su época era algo absolutamente inimaginable. Entonces, lo que realmente me fastidia es lo que existirá siendo absolutamente inimaginable para mí dentro de cuatrocientos años y que yo no estaré para ver.  Si Internet sería incomprensible para Ockham, ¿qué será lo incomprensible para nosotros?

Y la cosa cobra más incertidumbre si aceptamos la hipótesis de la singularidad tecnológica. Si dentro de x años superinteligencias computerizadas van a inventar cosas que nuestras sencillas inteligencias de homínido no pueden ni soñar… ¿Qué nos deparará el futuro? Aquí os dejo un pequeño adelanto de lo que está por venir en los próximos años,  el breve lapso de tiempo que nuestra escasa capacidad predictiva del avance tecnológico nos puede describir.

Véase ¿Quién puede negar la idea de Progreso? (II)

Una de las cosas que más me cuesta entender de mi gremio, los filósofos, es  cómo es posible que el tema del Origen del Universo haya dejado de ser un problema filosófico, dejándoselo con exclusividad a astrofísicos y cosmólogos… No comprendo el hecho de que no aparezcan títulos en las librerías que se titulen “El concepto de inflación cósmica en el segundo Hawking” o “La expansión del Universo desde una perspectiva fenomenológica”. En fin, síntomas del anquilosamiento de una noble disciplina que necesita una tremenda renovación.  En pro de poner un granito de arena en solucionar este problema voy a hablar de una de las teorías cosmológicas más sorprendentes y atrevidas de la actualidad: la teoría de los universos múltiples.

El cosmólogo soviético de la Universidad de Tufts Alexander Vilenkin piensa que más allá de lo que consideramos Universo observable, existen otros universos, infinitud de universos que tuvieron sus propios big bangs (ríanse ustedes de la navaja de Ockham y de eso de no multiplicar los entes sin necesidad). Así mismo, esos universos se encuentran dentro de otros Universos siguiendo un patrón fractal, como si de un juego de muñecas rusas se tratara. Los universos son como burbujas “flotando” en lo que se denomina falso vacío. Así, tendríamos universos dentro de universos hasta llegar al falso vacío primigenio, del cual habrían surgido los primeros big bangs.

¿Y qué es el falso vacío? El vacío surge de quitar toda las partículas y toda la radiación de un espacio concreto. Siguiendo la concepción espacial de Newton, en la que el espacio es el gran continente de la materia, los físicos pensaban que ese espacio concreto tendría una densidad energética cero, es decir, que estaría realmente vacío. Sin embargo, Vilenkin desmiente eso afirmando que el vacío no está realmente vacío (es diferente de la nada. Llore señor Parménides), sino que tiene presión y puede estar en diferentes estados energéticos. Podrían existir vacíos con unas densidades energéticas muy altas (estos son propiamente, los falsos vacíos) que tendrían unas propiedades físicas algo extrañas: cada centímetro cúbico tendría una masa equivalente a la Luna, gravedad repulsiva y una alta inestabilidad que los hace decaer en vacíos con densidades energéticas más bajas. Al decaer, el falso vacío genera un enorme excedente energético que se transforma en partículas y radiación (he aquí la creación de nuestro Universo). Además, este falso vacío y su “antigravedad” o fuerza de repulsión explicaría el periodo de inflación cósmica inmediatamente posterior al Big Bang.

Multiverso: infinitos universos unos dentro de otros

El número de universos generado en este Multiverso es infinito, pero no los sucesos que en él pueden ocurrir. De ese modo la teoría del eterno retorno de Nietzsche puede tener sentido. Si el número es infinito pero los eventos que ocurren no, necesariamente, todas las posibilidades se darán y se repetirán… ¡infinitas veces! Mi vida se está viviendo exactamente igual a como la vivo yo ahora en infinitos universos paralelos. Pero es más, no sólo hay infinitos santiagos tecleando este mismo texto en sus ordenadores, sino que hay infinitos santiagos que no lo están haciendo porque escriben otro sobre salvar las ballenas, el estado de la economía o veinte formas de hacer una pipirrana… Desde luego, creernos el centro del Universo deja definitivamente de tener sentido. El Cosmos en su totalidad es un lugar donde se dan una y otra vez todas las posibilidades posibles… ¿Alguien puede descifrar esto?

Véase también: La noción de campo ha de sustituir a la de materia o En contra del materialismo (III)

O el capítulo 33 de Redes, o Una conferencia que dio Vilenkin para la Fundación Banco Santander

Estatua de Hume en EdimburgoSiempre me ha resultado curioso como los planteamientos filosóficos que pretendieron ser más estrictamente realistas, en el sentido de partir exclusivamente de la experiencia, sin inventarse nada, como los de Ockham o Hume, acaban en cierto escepticismo.  Por el bando contrario, otras menos cuidadosas, acaban en posturas más dogmáticas como las de Descartes o Leibniz, por seguir en la misma época.

Desde que me lo explicaron por primera vez en el instituto, he tenido una cierta debilidad por David Hume. Su famosa crítica al principio de causalidad me parece una idea tan fantástica como simple… ¿cómo todo el mundo había sido tan sumamente dogmático de no darse cuenta de algo tan evidente? ¿Cómo era posible que Santo Tomás no se diera cuenta de que es imposible deducir desde los efectos alguna característica de la causa? Para los profanos en el tema o para los que quieran repensar esto, voy a explicarlo tal y como lo hago en clase.

Cuando observamos un fenómeno causal, del tipo que digamos  “El fenónomeno A es causa de B”, lo único que realmente percibimos es:

a) Una contigüidad entre el fenómeno causa y el efecto: A y B siempre se dan juntos en el tiempo, no separados por una distancia temporal considerable. Ej.: nada más encender el fuego sale humo.

b) Una prioridad de la causa sobre el efecto: percibimos que A siempre va antes que B. Ej.: el fuego va antes que el humo.

c) Una unión constante entre la causa y el efecto: siempre que percibo A percibo B. Ej.: siempre que percibo fuego hay humo.

La clave está en lo siguiente: unión constante no quiere decir conexión necesaria. Nuestro entendimiento tiende a crear expectativas de futuro cuando ve dos fenómenos que se dan parejos en el tiempo. Si cada vez que he visto fuego he visto salir humo, tiendo a pensar que, en un futuro, cada vez que vea fuego, veré humo. Sí, pero el único fundamento de tal expectativa sólo reside en la costumbre: como hasta ahora ha pasado esto, pienso que en un futuro pasará lo mismo… ¡pero ese es mi único fundamento! La costumbre nunca puede expresar necesidad lógica: que algo haya pasado así hasta ahora, no quiere decir que vaya a pasar así siempre.

Bertrand Russell expresaba muy bien esta crítica en su cuento del pavo inductivo: supongamos que tenemos un pavo muy inteligente que vive en una granja. Es muy curioso y quiere entender cómo funciona su mundo. Apunta cuidadosamente las cosas que le suceden todos los días e infiere leyes por inducción. Así, comprueba que todos los días el granjero le echa comida a las 9, de lo que infiere inductivamente que “Todos los días como a las 9″. El pavo cree en sus leyes y las eleva al rango de ciencia. Así vive tranquilo en su ordenado y estable mundo. Sin embargo, la víspera de Navidad, el granjero no vino ni con la comida ni con el agua, sino con un hacha. Las leyes inductivas de nuestro desdichado pavo jamás hubieran podido  predecir algo así.

Conclusión: nuestras leyes científicas están basadas en el principio de causalidad por lo que, como hemos visto, no podemos decir que se cumpliran de modo necesario en el futuro. Pudiera ser que mañana cambiara el orden del Cosmos y las cosas cambiaran radicalmente. ¿Y si mañana dejara de funcionar la ley de la gravedad? Sería un serio problema, pero no podemos decir con necesidad lógica que no pudiera ocurrir.

Partimos de la no simetría entre una proposición existencial afirmativa y una negativa a la hora de aceptar su verdad. Si yo digo “No existen los duendes bicéfalos” no tengo por qué aportar razones a favor de mi enunciado. Si así fuera cada vez que mi imaginación se encontrara con cualquier fantasía y como el universo es inmenso y harían falta millones de vidas para registrarlo entero, debería aceptar su existencia al no poder probar su inexistencia. Ergo, una afirmación existencial negativa se acepta sin tener que aportar razones a favor.

Por el contrario, una proposición existencial afirmativa tal como “Existe el monstruo del Lago Ness” sí que requiere de razones para aceptar su veracidad. De la calidad de tales razones extraeremos nuestra aprobación. Por lo tanto, cuando un cristiano se defiende de los ateos sosteniendo que no han sido capaces de demostrar la inexistencia de Dios no tienen razón. Es el cristianismo el que tiene que aportar razones para que creamos en lo que nos dice. Sería como si un amigo me dice que esta tarde ha visto un OVNI y, si yo dudo de ello, me responde que le demuestre que él no ha visto un OVNI. No, ha de ser el que propone el enunciado el que aporte pruebas a favor de su afirmación.

Aplicando lo dicho al Cristianismo, sabemos que las pruebas aportadas para la existencia de Dios son insuficientes, por lo que lo más razonable es no ser creyente. La filósofa Ayn Rand lo explica mejor que yo:

Podría objetarse, siguiendo a San Anselmo y, en la actualidad, a Jay Gould que ciencia y religión son dos cosas diferentes. Razón y fe son dos cosas inconmensurables, condenadas a no entenderse porque su naturaleza es distinta. Esta es la postura protestante por antonomasia, surgida desde el nominalismo de Ockham. El problema que tiene es que si se acepta se imposibilita cualquier tipo de teología racional. La razón no puede hablar de Dios. Sin embargo, el catolicismo sí que intenta construir teorías racionales en torno a Dios, por lo que a tenor de lo dicho el catolicismo es insostenible.

La única religión posible, siendo estrictos, sería la propuesta por el primer Wittgenstein. Los positivistas lógicos no entenideron demasiado bien el Tractatus ya que, a partir de él, postularon el absurdo de la religión. Wittgenstein era un hombre muy religioso pero entendía que la religión estaba en el ámbito de “lo que no se puede hablar” . La religión estaba en lo que él denominada como lo místico, algo fuera del mundo y, por lo tanto, fuera de los límites del lenguaje. La religión se vive, se siente, pero no se puede teorizar racionalmente sobre ella. A mí ésta me parece la única forma  honesta posible de religión.

De lo que no se puede hablar mejor es guardar silencio