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¿Esta manzana es roja o verde?

¿De qué color es esta manzana? ¿Verde? ¿Naranja? ¿Roja? Si quisiéramos decir con precisión el color deberíamos recurrir a la estadística: 23% verde, 42% naranja y 35% roja. Aún así, ¿estaríamos describiendo con precisión su color? En esta manzana hay más de tres colores, hay muchas tonalidades, así que debemos indagar más: 16% verde oscuro, 6% verde claro, 21% naranja claro, 21% naranja oscuro… Además, habría que decir que el color depende también de factores externos: la luminosidad. Por la noche los tonos serán más oscuros y por el día más claros. ¡Las cosas no tienen un color permanente definido!

Precisamente esto es lo que denuncia la lógica borrosa o Fuzzy Logic: en nuestra vida cotidiana utilizamos el lenguaje de forma binaria. Las manzanas son rojas o verdes, buenas o malas, grandes o pequeñas… cuando sabemos que en realidad no es así. La lógica aristotélica era bivalente, sólo aceptaba dos valores de verdad. La lógica borrosa pretende subsanar esta limitación aceptando muchos valores de verdad, por eso también se la llama lógica multivalente. Las cosas no son ni verdaderas ni falsas, sino “Probablemente verdaderas”, “Casi, casi verdaderas” o “Muy poco verdaderas” al igual que la manzana puede ser “un poco verde”. No obstante podría objetarse que en nuestro lenguaje cotidiano utilizamos la lógica bivalente por un principio de economía. Si cada vez que tuviéramos que hablar del color de una manzana tuviésemos que mencionar todas sus tonalidades cromáticas, tardaríamos horas en pronunciar la expresión “acércame la manzana roja”. La lógica borrosa parece simplemente “estadística camuflada”.

Pero independientemente de esta discusión, la lógica borrosa se hace muy interesante al ser aplicada. Durante los años 60 del siglo pasado, dominó en psicología lo que se llamó conductismo. Sus máximos representantes, J.B. Watson y Burrhus Skinner, entendieron el comportamiento humano mediante el binomio estímulo-respuesta. En un alarde de ingenuidad, pensaron que sería posible predecir la conducta de cualquier ser humano, simplemente, estudiando las conexiones entre las diversos estímulos que nos acechan y las respuestas que les damos. Pronto se toparon con la complejidad y aparente indeterminación de nuestra conducta: ante los mismos estímulos se daba gran cantidad de respuestas diferentes y viceversa. Era prácticamente imposible establecer leyes pues no había patrones de conducta que se repitieran concluyentemente.

Y aquí esta el quid: ¿quién ha dicho que para predecir la conducta  humana haya que seguir férreas leyes bipolares? La lógica borrosa puede ser un modelo más interesante a la hora de aplicarse a mecanismos de decisión que la lógica binaria de Skinner.  Supongamos que queremos diseñar un coche que conduzca sólo, sin nadie al volante. Nuestro prototipo es muy sencillo: sólo gira unos grados a la derecha o a la izquierda en función de las órdenes que reciba de un sensor que detecta los bordes de la carretera. Si utilizamos lógica binaria, nuestro coche, cuando detecta el borde de la carretera a la izquierda gira unos grados a la derecha. Si sigue detectando gira más y más hasta que deja de detectarlo. Perfecto, nuestro coche no se estrella pero si contemplamos su recorrido, es tosco, lleno de largas líneas rectas que giran formando ángulos rectos. El recorrido parecerá muy robótico.

Ahora, supongamos que el coche funciona utilizando lógica borrosa. Cuando detecta el borde izquierdo, sólo gira a la derecha el 70% de las veces (“muchas posibilidades de ser verdadero”). Cuando observemos el recorrido realizado veremos que es más curvo, más natural, más propio de un ser vivo que de un robot.  Es interesante que en esto se introduce la idea de que el error no es algo que hay que evitar a toda costa. Hay veces que nuestro coche gira a la derecha cuando el borde está a la derecha, acercándose al desastre, pero no pasa nada, pues la naturaleza no es perfecta, acepta el error.

En el vídeo tenemos un sistema de navegación que utiliza lógica borrosa. Nótese que el recorrido que se sigue no es siempre el más corto y que la trayectoria parece muy natural, perfectamente propia, por ejemplo, de una abeja o una mosca. Los humanos, como seres vivos que somos, parece que, igualmente utilizamos la lógica borrosa en nuestra toma de decisiones. Cuando conducimos, por ejemplo, no siempre giramos al mismo tiempo cuando nos acercamos al borde de la carretera: unas veces lo hacemos antes, otras después, corregimos, retroalimentamos… de modo borroso; de tal forma que sería imposible que realizáramos dos veces exactamente la misma ruta. En nuestra conducta, la incorporación del error es algo esencial. Sin él no habría tentativa, no habría opciones mejores que otras, en definitiva, no habría aprendizaje.

Pero, ¿sería extrapolable la fuzzy logic más allá de la realización de modelos de toma de decisiones? ¿Podría ser útil en otras circunstancias? Según el profesor Bart Kosko sí. Una de sus reflexiones es que en política, utilizamos una lógica binaria (más en España que en ningún lado): izquierdas o derechas, facha o rojo, no hay más. Estas ideologías quizá sólo son formas de homogeneizar el pensamiento (es decir, de imposibilitarlo) cuando todo el mundo sabe que no todo es malo en cada una de ellas. Además, cada bando se inventa un muñeco de paja a su medida como chivo expiatorio para todos los males que realmente no representa a nadie. No existe nadie en la derecha que sea franquista, obispo, machista,esté a favor de la pena de muerte, de la tendencia de armas y de la guerra por la guerra, ultracapitalista, protaurino; al igual que en la izquierda no hay nadie que sea comunista, fumador de porros, vago, homosexual, tremendamente promiscuo y enemigo de la familia tradicional, que esté siempre pegándose con los antidisturbios y que sea íntimo amigo de Fidel Castro. Estos extremos negativos no existen, si bien se dan en alguna medida en muchos. Parece que lo más normal y lo más realista es acercarse en cierto grado a unos aspectos o a otros de la derecha o de la izquierda. Para Kosko, tanto los que están al 100% a la derecha o a la izquierda son dignos de poca confianza o tienen una visión muy distorsionada de la realidad. Yo creo que tiene razón.