Posts etiquetados ‘Jim Holt’

Robert Nozick

Robert Nozick fue muy conocido sobre todo por sus contribuciones a la filosofía política. Su obra Anarquía, Estado y Utopía (1974) suele considerarse como la respuesta neoliberal a la Theory of Justice de John Rawls. Es muy habitual encontrar su nombre entre los pensadores que hay detrás de la derecha política junto, por ejemplo, a Hayek o a Von Mises. Es por eso que se conoce mucho peor su faceta como metafísico. Nozick tuvo la ambición, y quizá la locura dado los tiempos que corren, de enfrentarse al problema del sentido de la existencia. Y lo hizo con cierto ingenio.

¿Por qué el ser y no más bien la nada?

Si no queremos llegar a una respuesta circular ni a una regresión ad infinitum tenemos que postular como causa del universo algún tipo de verdad que se explique por sí misma, que no dependa de nada más para ser cierta, un principio autoexplicativo ¿Cómo sería algo así? Nozick nos desvela su estructura:

P equivale a «Todas las explicaciones que posean la propiedad C son verdaderas»

P posee la propiedad C.

Un principio tal que P sería lo que denominaríamos como principio autoinclusivo, y tendría la virtud de incluir en sí mismo su propia explicación, por lo que no necesitaría de otro principio para explicarse. La verdad última sobre el mundo debería tener esta estructura. Pero pensemos en la siguiente oración:

Toda frase que contenga ocho palabras es verdadera

Es evidentemente falsa, pero imaginemos un universo en el que fuera cierta, un universo en el que cualquier frase de ocho palabras es aceptada como verdadera. Como curiosidad nótese que llegaríamos a absurdos varios.

Tengo siete dedos en mi mano derecha

sería falsa ya que solo tiene siete palabras. Pero simplemente cambiándola a la siguiente la convertimos en verdadera:

Yo tengo siete dedos en mi mano derecha.

Sígase con el absurdo cuando podemos generar infinitas frases de ocho palabras incompatibles entre sí:

Yo tengo nueve dedos en mi mano derecha.

Yo tengo catorce dedos en mi mano derecha.

Yo no tengo ni pie ni mano derecha. 

Las tres proposiciones tienen ocho palabras y no pueden ser verdaderas a la vez. Pero no nos distraigamos. El problema que pretendo mostrar es que, a pesar de que «Toda frase que contenga ocho palabras es verdadera» es un principio autoinclusivo, no es válido como principio último ya que cabría preguntarse ¿por que las frases de ocho palabras son verdaderas? Autoinclusividad no es sinónimo de ultimidad.

De acuerdo, pero Nozick vuelve a la carga. Lo que hay que hacer es buscar un principio autoinclusivo mucho mejor y no la chorrada de las ocho palabras. Autoinclusividad no garantiza ultimidad pero, al menos, es condición de posibilidad: aunque puede no ser suficiente sí es, como mínimo, necesaria. Hay que buscar un principio que sea autoinclusivo pero, sobre todo, que sea una buena explicación última de la realidad. Entonces Nozick recurre al antiguo principio de plenitud o fecundidad, que dice así:

Todo mundo posible existe realmente [en palabras del propio Nozick: Todos los mundos posibles prevalecen]

Es un principio autoinclusivo ya que, él mismo es una posibilidad que se incluiría dentro de las posibilidades que existen realmente ¿Qué significaría que algo así fuera verdad? Pues que tendríamos una infinita cantidad de universos, cada uno con una realidad diferente. Habría universos mínimos, en los que no existiría nada, y universos máximos en donde la existencia se hubiera desplegado en toda su plenitud dando una enorme abanico de posibilidades ontológicas. A la pregunta ¿Por qué el ser y no más bien la nada? Nozick responde: ambos.

Con esta conclusión se soluciona además otro gran problema filosófico con el que los físicos no paran de encontrarse: aunque pudiésemos encontrar una teoría de la gran unificación o una teoría del todo, en la que, con una serie de ecuaciones pudiésemos explicar el funcionamiento de todo el cosmos, nos quedaría por explicar por qué esas fórmulas y no otras. O, expuesto de otro modo, podemos tener las leyes del universo pero, ¿las condiciones iniciales? ¿por qué esas y no cualquier otras?

La teoría de los universos múltiples, en total consonancia con el principio de fecundidad, es una respuesta: porque en este mundo se han dado esas, al igual que en cada uno de los demás mundos existentes se habrán dado otras diferentes. Aún así todavía no habríamos llegado a la respuesta última ya que todavía sería lícito preguntarse ¿y por qué universos múltiples? No obstante, habríamos dado un pasito más hacia ella.

Problemas: si existen todas las posibilidades, terminarían por darse posibilidades contradictorias. Por ejemplo, debería darse la posibilidad «Todo lo que existe tiene alas» junto con la posibilidad «Todo lo que existe tiene forma perfectamente esférica» y con «Algunas cosas que existen son pirámides». Las tres son posibilidades válidas pero no pueden darse a la vez. Un universo en el que se dieran todas las posibilidades sería autocontradictorio y, por lo tanto, absurdo.

Nozick responde: cada universo existente estaría «lógicamente aislado» de todos los demás, de modo que cada una de las tres posibilidades anteriores se daría en un universo diferente, eliminando la contradicción. En un universo solo habría seres alados, en otro solo esferas, y en otro, por ejemplo el nuestro, existirían algunos objetos con forma piramidal.

Problema insalvable: la paradoja de Russell. Un conjunto normal alberga dentro de sí elementos de una misma clase. Por ejemplo, el conjunto de todos los libros que existen sería un conjunto normal. Sin embargo, podemos pensar en conjuntos autoincluyentes, que sería aquellos en los que el propio conjunto estaría incluido dentro de sí mismo al ser de la misma clase de cosas que contiene. El conjunto de todos los libros no sería autoincluyente porque el propio conjunto no es un libro. Por el contrario, el conjunto de de todos los conjuntos sí lo sería ya que es de la misma clase que los elementos que incluye. La paradoja surge cuando nos preguntamos de qué tipo es el conjunto que alberga todos los conjuntos normales (no-autoincluyentes). Si es normal, al albergar a todos los conjuntos normales sería autoincluyente… y si es autoincluyente sería normal ya que la clase de elementos que contiene son conjuntos normales… ¡paradoja al canto!

Lo aplicamos al principio de fecundidad: si todas las posibilidades son reales, entre todos los universos más o menos mediocres, debería existir uno en el que todas las posibilidades se hicieran reales (Sería el máximo universo posible, el universo de la fecundidad). Ese universo, ¿sería autoincluyente? Parece que sí ya que él mismo es la posibilidad de posibilidades. Sin embargo, como hemos argumentado, si dentro de él caben posibilidades contradictorias, es un universo absurdo, imposible ¿Qué hacemos? Lo que dice Nozick: limitamos el universo a las posibilidades que no llevan a contradicción, aislamos las posibilidades en compartimentos estancos (universos paralelos que no interactúan) para que no se contradigan unas a otras. De acuerdo, pero al hacerlo, el principio de fecundidad dejaría de ser autoincluyente, ya que dentro de sí solo tendría ciertas posibilidades, no todas, y, precisamente… ¡ser autoincluyente es condición necesaria para ser principio último! El principio de fecundidad como principio último se derrumba. Insert coin, hay que seguir buscando.

Nota: esta entrada es un resumen comentado del capítulo titulado El final de la explicación del libro ¿Por qué existe el mundo? de Jim Holt que, a su vez, es un comentario del capítulo dos del libro Reflexiones filosóficas de Robert Nozick. 

d24761f22b323791765a7392056c0de3

Algo así ocurre en la película En algún lugar del tiempo, de 1980. El protagonista (que interpreta Christopher Reeve) recibe un reloj de oro de una mujer mayor. Luego viaja hacia atrás en el tiempo y entrega el reloj a la misma mujer cuando era joven, el mismo reloj que ella le dará unas décadas después ¿Cómo llegó a existir ese reloj? En toda su existencia, que solo abarca unas pocas décadas, nunca ha estado en una fábrica de relojes. Existe aunque no tiene creador. Parece ser causa sui.

Jim Holt, ¿Por qué existe el mundo?

Rompemos con el principio de conservación de la materia y la energía, creando un objeto físico de la nada… un reloj de oro… ¿de qué marca? ¿Podríamos utilizar así la máquina del tiempo para crear cualquier objeto imaginable? No porque es cuando la mujer mayor le da el reloj, cuando él decide viajar al pasado a dárselo a la joven. Pero entonces, ¿quién decidió crear el reloj? El viajero, al escoger viajar al pasado después de recibir el reloj, crea el bucle pero no puede decidir crear el objeto que él quisiera, sino solo el reloj que ha recibido. Nadie, no hay nadie detrás de la intención de crear concretamente un reloj. Es una creación sin creador, un objeto realmente incausado.

Le echamos un poquito (o bastante) más de imaginación. La mujer mayor lo que me entrega es el mismo universo… ¿tendríamos un auténtico universo incausado sin necesidad de explicación de ningún tipo? ¿Será así como surgiría el nuestro?

No obstante, muy a mi pesar,  las extrañísimas consecuencias de esta paradoja temporal lo que vienen a mostrar es la imposibilidad de los viajes temporales al pasado. Por mera lógica básica, si algo te lleva a paradojas o absurdos, su contrario será verdadero. Si los viajes temporales al pasado nos llevan a locuras, será porque no son posibles.

Cadit Quaestio

Publicado: 24 junio 2016 en Filosofía general
Etiquetas:, ,

grunbaum21_hi-res

Una de las tesis principales defendidas por el positivismo lógico del siglo pasado fue la de entender que gran parte de los problemas tradicionalmente filosóficos (si no todos, depende de lo purista que se fuera) eran pseudoproblemas, falsos misterios ocasionados por un mal uso del lenguaje, ya sea a nivel lógico o semántico. La misión de la filosofía sería detectivesca: descubrir la falsedad del asunto para luego, o a la vez, eliminar el problema.

Creo que es una buena idea ya que coincido en que muchos problemas y, en consecuencia, las teorías que intentan resolverlos, son efectivamente pseudoproblemas, en el mejor de los casos fruto de cierta ingenuidad, en el peor, fruto de pura y dura charlatanería. Sin embargo, en muchas otras ocasiones lo que ocurre no es que el problema en sí sea un pseudoproblema, sino que, sencillamente, lo falso es la solución. Creo que los positivistas desvelaron ciertas teorías falsas (o como mínimo, faltas de sentido) pero no llegaron a eliminar totalmente los problemas (en algunos casos ni siquiera rozaron su superficie). Quizá la metafísica occidental es, en gran parte, absurda, pero no creo que por ello podamos tirar a la basura todas y cada una de sus preguntas fundamentales. Por ejemplo, yo tengo bastante claro que el problema de la vida después de la muerte es un neto pseudoproblema en el que no hay misterio que resolver. Sin embargo, con respecto al sentido del ser o de la existencia en general no lo tengo tan claro.

Vamos a ver el ejemplo de Adolf Grünbaum, interesante filósofo de la ciencia con posturas clásicamente antimetafísicas. Según nos cuenta Jim Holt en ¿Por qué existe el mundo?, a Grünbaum no le parece nada enigmático el sentido de la existencia, ya que no ve ningún misterio allí ¿Qué le lleva a pensar eso? Veamos su razonamiento.

La pregunta crucial de la metafísica acerca del sentido del ser o de la existencia suele enunciarse canónicamente así:

¿Por qué el ser y no más bien la nada?

Como cualquier cuestión, su mera formulación lleva ya implícitos una serie de presupuestos. Ésta en concreto presupone que el estado natural del universo es la nada, la opción ontológica por defecto, siendo el ser una desviación de la nada, una anomalía que, en cuanto a tal, requiere explicación. Pero, ¿por qué es así? Según Grünbaum esto es un prejuicio sin justificación que viene de la idea cristiana de la creación ex-nihilo: primero estaba la nada y luego Dios crea el Universo. Además, hasta la llegada del deísmo, Dios no solo había creado el mundo de una nada previa, sino que lo mantenía en la existencia. Era una creencia común de la teología cristiana llevar la función divina un paso más y afirmar que sin Dios el mundo se desplomaría en la nada. Parecía como si la existencia fuera tremendamente frágil y requiriera un continuo mantenimiento.  Sin embargo la nada puede subsistir en completa soledad sin sufrir desgaste alguno. Grünbaum llama a esto el «axioma de la dependencia».

Es más, si analizamos el asunto empíricamente, vemos que lo normal, lo apabullantemete habitual, es la existencia de unas u otras cosas. Entonces, la respuesta a la pregunta por qué el ser y no más bien la nada se responde trivialmente: es que el ser es lo más normal del mundo. Lo que no hemos observado por ningún lado es la nada, por lo que lo que realmente es una rareza, una anomalía, es la misma nada, no el ser. La cuestión realmente interesante y plena de sentido sería: ¿Por qué la nada y no más bien el ser? Pero como el caso es que no se da la nada (es más, tenemos serios problemas para establecer siquiera su posibilidad lógica), no hay pregunta válida. Como concluían los latinos medievales, cadit quaestio, la pregunta cae.

Pero, ¿ya está? ¿asunto zanjado? No sé a vosotros pero a mí me queda la sensación de que no se ha eliminado por completo el problema.  En los soberbios Diálogos sobre religión natural, Hume habla a través de su personaje Cleantes, dando una serie de argumentos a favor de la infinitud temporal del universo.   Dice así: el principio de razón suficiente nos enuncia que todo tiene que tener una causa. Si el universo hubiera surgido de la nada no tendría una causa por lo que violaríamos dicho principio. Si Dios hubiese sido la causa del universo, cabría preguntarse la causa de Dios. Si Dios no tiene causa o decimos que es causa de sí mismo, igualmente violamos el principio. Si, por el contrario, postulamos la infinitud del universo, tendremos siempre causas (infinitas) antecediendo a todo efecto, por lo que no dañamos el principio de razón suficiente. Además, si pensamos, como Aristóteles, que toda explicación es explicación causal, en un universo infinito, al estar contenidas todas las causas, estarán todas las explicaciones posibles. Un universo infinito contiene en sí mismo toda su explicación y no habría que buscar nada fuera de él, sería teóricamente autocontenido. Entonces, en la misma línea de Grünbaum, no habría misterio alguno en la existencia del universo. Cadit quaestio. 

Podemos objetar: vale, cada hecho del universo se explica mediante la causa anterior, perfecto; pero la cadena causal infinita al completo, ¿qué la causó? Cleantes vuelve a la estrategia de la disolución partiendo del empirismo radical propio de Hume: no tenemos experiencia del mundo como totalidad (solo percibimos hechos concretos), por lo que buscar la causa de algo que no sabemos si existe o no es dar un salto metafísico imperdonable. Dicho de otro modo: una cadena de elementos, una serie en su conjunto, no es nada más que los propios elementos que la componen. Una vez explicado cada elemento particular, no es razonable exigir una explicación de todo el conjunto.

 Sin embargo, para los que no somos tan sumamente antimetafísicos como el tenaz escocés, sí nos parece pleno de sentido preguntarnos acerca de la causa del mundo como totalidad, principalmente, porque aunque no tengamos una experiencia directa (una imagen o impresión mental) de la totalidad del universo, sí que parece bastante razonable (de puro sentido común) deducir su existencia. Nadie ha visto China en su totalidad ni puede tener una imagen mental total de China (¿cómo sería algo así?) pero sabemos con cierta certeza que existe, ¿no? Al contrario que piensa Hume, una vez explicado cada elemento particular, es razonable exigir una explicación de todo el conjunto. Pensemos en que tenemos un automóvil y explicamos la función de cada una de sus piezas. Cabría después explicar para qué hemos fabricado el coche o cómo funciona en cuanto a totalidad.

Lo sentimos pero no me terminan de convencer. Sí creo que hay pregunta y sí creo que hay misterio, y no es porque tenga prejuicios propiciados por mi educación religiosa.