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Votantes

Publicado: 11 mayo 2011 en Filosofía política
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1. La mayoría de la gente piensa que su voto no vale para nada, no va a resultar ni de lejos decisivo en la votación, de modo que se cuestiona si acudir a votar le resulta rentable en términos de coste-beneficio.

2. La mayoría de la gente piensa que, debido a lo poco que cuenta su voto, no merece la pena informarse en profundidad de las propuestas de cada partido.

3. Así mismo, aunque por motivos éticos (deber ciudadano o algo así) el votante se quisiera informar, el acceso a las propuestas no es fácil (los programas electorales son generalistas y demagógicos y, prácticamente, no dicen nada) y si uno quiere profundizar más, tener una opinión sólida sobre qué medidas serán realmente más interesantes, requiere muchísimo tiempo y esfuerzo (estar constantemente informado de la realidad política mediante fuentes fiables… ¿es siquiera posible?). Y aquí reside la gran paradoja: si quieres votar responsablemente tienes que dedicar ese tiempo que quizá no tienes. Como ya sabían los griegos para dedicarse a la política hay que tener ocio, hay que liberarse del trabajo (por eso en Atenas los esclavos eran los que labraban los campos). Y bien lo denunció Marx: ¿cómo van los obreros a dedicarse a la política si su preocupación es la supervivencia?

4. Sale entonces mucho más barato “posicionarse”, es decir, votar a lo que uno “ha mamado” desde pequeño, a lo que le han enseñado a valorar visceralmente como positivo y, por lo tanto, a escuchar, aceptar y compartir, sea lo que sea lo que diga. En un momento de tu vida, seguramente desde la adolescencia, “te posicionas” con el PP o con el PSOE, te haces de izquierdas y derechas y, desde entonces, tu voto está decidido. Cualquier acción política será interpretada a priori desde esa posición por lo que nunca se verá nada bueno en las acciones del partido rival ni viceversa. Independientemente de la realidad política el votante posicionado votará siempre igual.

5. Otra fórmula barata es hacer “lo que se hace”, es decir, después de un seguimiento superfluo de los vaivenes de la política en los principales medios de comunicación (¿puede ese seguimiento no ser superfluo?), aceptar sus principales emblemas y eslóganes varios, y votar conforme a ellos. Por ejemplo: “Dado lo mal que el PSOE lo ha hecho con la crisis, lo suyo será votar al PP” sería un tópico sencillo que podría inducir al voto. Aquí es donde el juego electoralista que se practica en nuestra partitocracia puede arañar unos votos. Un buen control de los medios un poquito antes de las elecciones y la memoria de pez del votante pueden provocar un vuelco inesperado en las urnas. Si bien, en estas elecciones, no creo que sea el caso.

6. Y la tercera fórmula, y la más barata de todas, es no votar. Uno se declara apolítico desde el complejo de superioridad que se siente al ver el lamentable panorama y vive apartado de la política, en un ostracismo autoimpuesto que queda muy bien para presumir en cenas de sociedad. Es el caso de muchos intelectuales o de gran parte de nuestros adolescentes, si bien estos últimos no lo hacen por sentirse superiores, sino simplemente porque pasan de un panorama que bien mirado es bastante aburrido y poco sugerente. ¿Que atractivo podría tener seguir como mero espectador el quehacer de gente muy mediocre que rara vez sorprende en un juego con unas reglas demasiado consabidas? Cuando nos quejamos de la apatía política que domina la mentalidad de nuestros jóvenes no solemos caer en la cuenta de que quizá la apatía puede ser una postura muy legítima dado lo que les estamos ofreciendo. Sin embargo, que la situación sea penosa no legitima totalmente la apatía ya que ésta sólo contribuye a que a los políticos se les dé “barra libre”, es decir, total impunidad para hacer lo que les dé la gana. Un votante apático es la panacea para el corrupto.

7. Corolario escalofriante: si el voto responsable es imposible o muy poco frecuente y, como hemos visto, las demás formas de voto no son legítimas… ¿qué diablos estamos haciendo en las elecciones? ¿dónde queda la soberanía popular y demás ideales democráticos?  Nuestra idolatrada democracia se convierte en una farsa ya que su principio fundamentador, la elección de representantes, está profundamente viciado por una insondable paradoja.

No soy demasiado franckfurtiano. No creo que detrás de nuestro orden social hay una mano negra dirigiendo todo desde la sombra ni que el capitalismo sea el causante de todos los males que nos acechan. No creo que los bancos o las multinacionales sean esencialmente malvadas y que los grandes directivos sean como el Ebenezer Scrooge de Dickens, como tampoco creo que fuerzas ocultas manipulen significativamente nuestra mente mediante la hipnopedia de Huxley. Pienso en la realidad como en un conjunto muy complejo de intereses entrecruzados en la que el poder se encuentra muy descentralizado. Creo que la realidad más que controlada desde la sombra está más bien bastante descontrolada.  Por ello, cuando pensaba en la crisis económica, aceptaba de algún modo que todos hemos contribuido a ella y que buscar culpables era más un ejercicio demagógico de descarga de responsabilidad que un análisis objetivo de la situación. Sin embargo, el otro día leí ESTO y, claro, uno empieza a vislumbrar que la responsabilidad sí que puede centralizarse en ciertas entidades, lo cual no deja de recordarme a Leopoldo Abadía y su teoría de la crisis NINJA:

¿Es ASÍ realmente como se ha desenvuelto la crisis? ¿Hay otras teorías alternativas?  ¿Tengo que pegarle fuego al banco que tengo enfrente de mi casa o el señor Abadía se equivoca? Por favor, economistas, ayudadme.

Léase también mi Historia de una bromilla.

He metido a los que creo que son más importantes viendo sus descubrimientos e influencia histórica. No he metido artistas (pintores, arquitectos, escultores)  porque he pensado que al crear arte no crearon directamente teorías (si bien muchos de ellos lo hicieron) y aquí quiero preguntar por quién es el teórico más grande  de todos los tiempos. Perdonadme por las terribles omisiones que he cometido. Son todos los que están pero no están todos los que son.

La encuesta estará abierta hasta el 31 de Diciembre del 2011.

¿Llegará el bus ateo a todas las ciudades españolas?

Allá donde va el “autobús ateo” siembra polémica.  La empresa encargada del transporte público en Zaragoza (TUZSA) ha rechazado la campaña afirmando que tienen la norma de no poner publicidad religiosa en sus autobuses. La Unión de Ateos y Librepensadores liderada por el barcelonés Albert Riba no rechaza la idea de poner una demanda ya que esa clausla podría ser inconstitucional. A finales de enero, parece que la empresa ATM llevará el eslogan por las calles madrileñas (parece ser que Gallardón da su visto bueno). El caso es que según el mismo Riba en EL PAÍS digital, la campaña lleva recogidos más de 16.000 euros. La página Web en castellano es ésta.

En el otro bando la contraofensiva no se hizo esperar. Desde la ultraderecha, el singular Pío Moa, afirmó textualmente que esta campaña era “una invitación más a la cultura de la trola, del choriceo y del puterío” (las negritas son mías). En Madrid, la línea 493 (Fuenlabrada, Leganés,  Aruche) lleva, desde el 24 de Diciembre, el mensaje “Dios sí existe. Disfruta de la vida en Cristo”. La publicidad ha sido pagada por la Iglesia Evangélica de Fuenlabrada. Desde E-Christians se ha lanzado una camapaña de recogida de dinero para emitir nuevos mensajes en autobuses. Según Europa Press, el Observatorio Antidifamación Religiosa (¿de dónde sale esta gente?) tachó de ilegal la campaña ya que, según ellos, viola el artículo 525 (daña los sentimientos religiosos) del Código Penal y el artículo tres de la Ley General de Publicidad (atenta contra la dignidad de las personas). Desde la Iglesia Católica las respuestas han sido más bien frías y distantes, mucho más templadas que las de los demás grupos cristianos. Según La Gaceta.es, el presidente del Consejo Pontificio de la Cultura del Vaticano, Gianfranco Ravasi calificó la campaña de “carnavalada” propia de un ateísmo poco serio a nivel intelectual. Según él, ni Marx, ni Nietzsche ni Sartre hubieran hecho tal publicidad. En general, los católicos, no creen que la existencia de Dios esté reñida con disfrutar de la vida y ven banal o superficial la campaña.

Y aquí estoy de acuerdo con Ravasi (y es raro que yo esté de acuerdo con un arzobispo).  Creo que la campaña es, a nivel global, algo positivo porque sitúa el debate sobre la existencia de Dios en el centro del candelero (¿cuándo un debate filosófico ha tenido tanta publicidad?). Me encanta que en cualquier cafetería, a parte de escuchar  sobre la crisis o el partido del domingo, se hable sobre si Dios es de tal o cual manera. También veo positivo que, como se ha dicho, “los ateos salgan del armario”. Esta bien que se sepa que existen muchos ateos disconformes con el pensamiento cristiano. Sin embargo, y en esto es en lo que coincido con Ravasi, el eslogan de la campaña parece “tontorrón”. No creo que los cristianos sean gente que no disfrute de la vida (si bien los que conozco no son gentes demasiado dadas al “hedonismo salvaje”, son felices y disfrutan de la vida a su manera). Creo que se podría haber buscado algún mensaje más profundo.

No obstante, tampoco creo que, como dice Pío Moa a su manera, el eslogan sea una invitación más al “vive la vida irresponsablemente”. No creo en la frase de Dostoievski “Si Dios no existe todo está permitido”. Tampoco creo, como afirma Juan Manuel de Prada, que vivimos en un mundo de idolatrías y falsas promesas de progreso y bienestar; ni en una dictadura del relativismo, que decía Benedicto XVI. En general, los cristianos piensan que vivimos en una época de degeneración moral terrible y que sin cristianismo no hay valores ni moral posible. No lo creo.

Lo que sí que creo que hay que hacer es recordar, re-construir, construir, divulgar y dar a conocer al común de los mortales otras formas de vivir, otros estilos de vida buena ajenos a la moral cristina (¡Los hay, existen!). Formular un ateísmo constructivo, como pretende hacer Michel Onfray, es ya un intento.

Vota en nuestra encuesta: ¿Quién es el intelectual más grande de todos los tiempos?