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Los pioneros de la Inteligencia Artificial pensaban que era mucho más difícil que una computadora pudiese realizar ecuaciones diferenciales y jugar al ajedrez que tareas tan propias del mundo animal, «mucho menos inteligente que el nuestro», como caminar o visualizar objetos. Siguiendo el prejuicio antropocéntrico de que como somos los únicos animales que resolvemos ecuaciones, eso debe ser lo más difícil de imitar por un ordenador, las previsiones hacían pensar en que en pocos años tendríamos robots que imitarían toda nuestra movilidad mientras que para jugar al ajedrez pasaría más tiempo. ¡Nada más lejos de la verdad!

En términos evolutivos, se entiende muy bien por qué es mucho más fácil realizar ecuaciones diferenciales que caminar. Por ejemplo, si queremos hacer un robot que ande como los humanos habrá que tener en cuenta que el bipedismo apareció hace 1,5 millones de años. Desde ese momento hasta ahora, la selección natural ha ido «puliendo» cada vez más y más esta estrategia evolutiva (quien camine mejor tendrá más probabilidad de sobrevivir). Más células nerviosas, más fibras musculares, formas cada vez más «aerodinámicas», movimientos cada vez más y más precisos… un sistema de retroalimentación que va corrigiendo la postura segundo a segundo cada vez más eficiente… así generación tras generación hasta llegar a Usain Bolt, quien fue capaz de recorrer 100 metros en 9,69 segundos en las Olimpiadas de Pekín. Esa es la historia de nuestro sistema de locomoción. Pensemos ahora en la de nuestro sistema de resolver ecuaciones o jugar al ajedrez.

Caminar mejor tiene una evidente finalidad evolutiva pero resolver ecuaciones… ¿la tiene? Veamos. Supongamos un grupo de hombres del paleolítico cazando una manada de mamuts. Imaginemos que los cazadores persiguen a sus presas por un camino entre las rocas y llega un momento en que aparece una bifurcación. Pensemos en que hay cinco mamuts, cuatro huyen por el camino de la derecha y uno por la izquierda. El éxito de la caza podría estribar en que los cazadores supieran dividir sus fuerzas proporcionalmente al número de mamuts. Si todos los cazadores fueran por la izquierda, las probabilidades de cazar o la cantidad de alimento conseguida sería menor y, por lo tanto, las probabilidades de supervivencia serían más reducidas. Saber realizar operaciones aritméticas sencillas parece positivo para sobrevivir pero ¿para qué saber resolver una ecuación de segundo grado?

¿Tienen finalidad evolutiva las matemáticas?

Efectivamente, la utilidad de unas matemáticas superiores ha venido mucho más tarde. Históricamente, tenemos las primeras matemáticas avanzadas en la Grecia pitagórica y su explosión vino propiciada a partir del nacimiento del capitalismo (había que calcular costes, precios, beneficios, intereses…). Por lo tanto, nuestro sistema para resolver ecuaciones es mucho peor, está mucho menos evolucionado que nuestro aparato locomotor, ha tenido mucho menos tiempo. Nuestro «sistema para caminar» es tan bueno que funciona de modo casi automático, no tenemos  que pensar ni planificar casi nada a la hora de realizar complejos movimientos con nuestro cuerpo. Sin embargo, para solucionar una sencilla ecuación tenemos que ir despacito, pensando en cada paso y… ¡además tenemos que utilizar papel y lápiz!. Pensemos en que tuviéramos que utilizarlos para planificar cada paso que dan nuestros píes… ¡jamás hubiéramos cazado un mamut!

Es por eso que las computadoras pueden calcular mucho mejor que caminar, y es por ello que a día de hoy ya nos ganan jugando al ajedrez. En 1996 el ordenador de IBM Deep Blue enfrentó su inteligencia con la del campeón mundial de ajedrez Gary Kasparov y, por aquel entonces, el hombre se sintió orgulloso de ser todavía más listo que la máquina. Pero la alegría sólo duró un año. En 1997 volvieron a encontrarse y, esta vez, la victoria final fue para la computadora. En 2006, Deep Fritz venció contundentemente al campeón del mundo de aquel momento Vladimir Krámnik. Había quedado demostrado que las máquinas juegan mejor al ajedrez que las personas.

Viendo entonces que el sistema de locomoción humano es mucho más sofisticado que su sistema de cálculo, a día de hoy todavía no hemos construido ningún robot, no ya que supere al hombre, sino que sea mínimamente capaz de andar como un cuadrúpedo… ¿Seguro que no? Miren el vídeo…