Posts etiquetados ‘Ludwig Wittgenstein’

Seguimos con las trasnochadas lecturas de Hume:

“Por mi parte, cuando entro más íntimamente en lo que llamo mí mismo (myself), siempre tropiezo con alguna percepción particular, de calor o frío, luz o sombra, amor u odio, dolor o placer. En ningún momento puedo nunca cogerme a mí mismo sin una percepción, y nunca puedo observar nada excepto la percepción. Cuando desaparecen mis percepciones por algún tiempo, como cuando estoy profundamente, durante tal tiempo estoy insensible a mí mismo, y puede en verdad decirse que no existo”

Tratado sobre la naturaleza humana, libro I

La tradición hablaba del alma, de la mente humana como de aquello que permanecía en el cambio.  Desde que yo era un bebé, todas las moléculas de mi cuerpo han cambiado, sin embargo, yo tengo la idea de seguir siendo yo mismo desde entonces, ¿por qué? Porque mi yo es una substantia, algo que subyace por debajo de la realidad cambiante (una forma, una ousía). Además, mi yo es ese teatro cartesiano, ese lugar donde se dan todas mis ideas y percepciones, aquel “sitio” donde pienso, siento o creo. Mi yo es algo de naturaleza invariable, indivisible, idéntico a sí mismo, que “acompaña”, que “está en el trasfondo de todo lo que ocurre en mi mente”. Al ser inmutable e indivisible, es inmaterial (ya que todo lo material es extenso y nadie puede medir un pensamiento) por lo que su inmortalidad parece una consecuencia lógica de todo esto.

Que Hume ponga en duda la existencia del yo debido a que no tenemos ninguna impresión de él no es lo más interesante (a pesar de que de por sí dé mucho que hablar), sino su crítica a la yuxtaposición cartesiana entre res cogitans y res extensa, entre cuerpo y alma. Todo lo que consideramos dentro de nuestro mundo material se define por su extensión, por tener longitud, es decir, por ser divisible en partes. Sin embargo, nuestra mente no es extensa, no tiene ninguna cualidad espacial (¿alguien puede decir cuántos centímetros mide la soledad?). Para decir el lugar de cualquier objeto tenemos que tener un sistema de referencia (otro objeto) a partir del cual situar el primero. Así decimos que la taza está a la derecha del cazo. Sin embargo, cuando decimos que el ser humano es un compuesto de cuerpo y alma, estamos yuxtaponiendo dos cosas que, previamente, hemos definido como categorialmente diferentes. ¿Cómo va a estar la mente JUNTO al cuerpo?. Así prosigue Hume:

“Y esto es lo que evidentemente ocurre con todas nuestras percepciones y objetos, excepto los de la vista y el tacto. Una reflexión moral no puede estar situada a la derecha o a la izquierda de una pasión, ni puede un olor o un sonido tener figura circular o cuadrada”

El error de Descartes consistió en concebir la mente como algo SIMILAR al cuerpo, yuxtaponible a él, por lo que dotó a la mente con propiedades mecánicas (las propiedades del universo galileano recién nacido). Así, su res cogitans tenía que ser la causa eficiente de los movimientos del cuerpo. Sin fuerzas a distancia, necesitaba algo así como que el alma “empujara” al cuerpo para iniciar el movimiento.

Este grave error continúa afianzado con mucha fuerza en el memorandum colectivo (además de por Descartes, por el Cristianismo y su otro mundo prometido. Lo siento, tenía que decirlo) y hace que nos cueste mucho plantear teorías de la mente libres de sesgos dualistas o no causales (como la wittgensteiniana, de la que hablaremos en próximos posts… ¿no parece revolucionaria la idea de que nuestra mente NO SEA LA CAUSA de nuestros actos? Próximamente…).

Ver también El yo no es un comandante, es un farsante

¿Nueva racionalidad o tomadura de pelo?

¿Es posible otra lógica diferente a la lógica matemática? ¿Es posible un discurso teórico válido como conocimiento y que no respete el principio de no contradicción? ¿Existen racionalidades diferentes a la racionalidad científica? Cuando criticamos la religión o determinados tipos de metafísica, las respuestas suelen ir en tres direcciones:

1. Atacar la racionalidad científica. Siempre se apela a Kuhn, Feyerabend, Lakatos, el Strong Program y demás escuelas de relativismo epistemológico. Lo que se dice es: “Sí, nuestro discurso es una castaña, pero es que el vuestro también”. Así, al final, siendo todo una castaña, llegamos al feyerabendiano “Todo vale” y la religión sale dañada pero viva (realmente no le pasa nada. Si su ya de por sí escasa carga racional sale dañada no le importa tener alguna menos y algo más de fe).

2. Ampliar la racionalidad científica. Se dice que la ciencia está genial pero se la acusa de reduccionismo, de situarse como testaferro único de la verdad excluyendo todo lo demás. Se afirma que existen más tipos de racionalidad (razón poética, valorativa, intuitiva, sintiente, dialéctica, dialógica…) e incluso se afirman otros tipos de contrastación empírica (experiencia religiosa, verificar a Dios en la vida cotidiana…). Lo gracioso de hacer esto es que se agranda tanto la racionalidad, “se abre tanto la caja de Pandora” para que los absurdos de la religión entren dentro de ella, que nos quedamos sin criterios para determinar si la afirmación “He visto un burro volando” debería considerarse como un enunciado aceptable racionalmente.

3. Separar los ámbitos de la racionalidad. Ciencia y religión son dos cosas diferentes y como tales no pueden medirse ni compararse. Suele apelarse una determinada interpretación del segundo Wittgenstein, afirmando que cada discurso cobra su sentido sólo en su contexto. Un científico no tiene nada que decir en una Iglesia y un sacerdote no pinta mucho en un laboratorio. La ciencia nos dice qué es el cielo y la religión como se va al cielo. Postura protestante, fideísta por antonomasia. La religión queda blindada ante cualquier crítica racional ya que no forma parte de su ámbito.

¿Qué camino escoger de los tres? NINGUNO. Refutemos las tres opciones:

1. La crítica a la racionalidad científica es exagerada y equívoca. Que el método científico no sea tan estricto como los miembros del Círculo de Viena quisieran pensar o que el contexto de justificación y el de descubrimiento sean, en ocasiones contadas, difíciles de diferenciar, no nos lleva al anarquismo epistemológico de Feyerabend. A todos los relativistas y escépticos radicales les invitamos gentilmente a que vayan a un chamán en vez de a un médico ante un ataque de apendicitis.

2. Los nuevos ámbitos de la racionalidad son tremendamente “cutres”. La dialéctica hegeliana, como ejemplo de lógica alternativa a la matemática, es, en palabras de Marvin Harris, “un montón de ruinas sin valor”. Aquí queda muy bien el dicho “Por sus obras lo conoceréis”. Metodologías alternativas al rigorismo formal y a la contrastación empírica como, por ejemplo, la fenomenología o la hermeneútica no han conseguido grandes logros… ¡No han conseguido ni siquiera una teoría más o menos sólida a lo largo del Siglo XX!

3. Si tienes contenido teórico, estás sujeto a la verificación. Las religiones o las teorías metafísicas, en cuanto a que tienen un corpus doctrinal o teórico, sus proposiciones están sujetas a ser mostradas como falsas. Por lo tanto, nada está blindado al análisis racional. Todo, en palabras kantianas, puede pasar por el gran tribunal de la razón. Los cristianos dicen que “Cristo resucitó”, enunciado declarativo y, por lo tanto, verificable.

¿Con esto eliminamos toda filosofía? No, pero la lógica matemática y la contrastación empírica nos deben llevar siempre de la mano. No está mal especular, pero una especulación alejada completamente de cualquier tipo de contacto con la experiencia acabará por ser ridícula (como el Universo geométrico del joven Kepler) mientras que un conjunto de datos empíricos sin interpretación será algo tosco y pobre.

Desde el Blog Ágora Sí nos llega este montaje en castellano de unos fragmentos de la película de Derek Jarman sobre la vida y obra del filósofo más genial del Siglo XX: Ludwig Wittgenstein.

Podéis ver la película entera en inglés aquí.

A pesar de que la película me pareció mediocre, esta escena siempre me ha gustado. Más que por el mensaje que dice, por el ambiente cinematográfico que envuelve al discurso. Me imagino a Bertrand Russell o al mismo Wittgenstein, dando clases en Cambridge al mismo estilo de John Hurt… Ay, ¿quién los hubiera tenido de profesores?

El materialismo no tiene que ser necesariamente la postura ontológica de la ciencia. Caben posturas no materialistas o, como la que creo que se debe plantear, posmaterialistas (en el sentido en el que incorporan el materialismo pero lo superan). La única postura ontológica necesaria es el naturalismo en el sentido de anti-sobrenaturalismo. La ciencia niega explícitamente lo sobrenatural (esto lo discutiremos en otro post). ¿Por qué caben otras ontologías no naturalistas o por qué hay que plantearlas? ¿Qué tiene de malo el materialismo?

Hoy solamente  vamos a poner una serie de ejemplos de autores muy ligados a tradiciones cientificistas (van a aceptar la objetividad de la ciencia) que defienden ontologías no materialistas. ¡Ojo! no anti-materialistas, sino diferentes a las materialistas.

Los miembros más insignes de la tradición analitica no eran materialistas1. Gottlob Frege, padre de la filosofía analítica, gran lógico. La ontología que hay detrás de La Conceptografía o su famoso artículo Sobre sentido y referencia no es materialista. En su profuso análisis lingüístico Frege distingue entre argumentos (objetos, aquello de lo que se dicen los predicados) y funciones (relaciones entre objetos), es decir, que su ontología es dualista en ese sentido. Aparte que Frege ni siquiera nos dice nada de la naturaleza de los objetos en el sentido de que son materiales. Para él los objetos son aquellos referidos por lo que él llamaba expresiones saturadas.

2. Bertrand Russell. Buen discípulo de Frege. Su atomismo lógico proponía que las proposiciones atómicas tenían de referencia los hechos atómicos. En su línea empirista Russell entenderá el hecho atómico como “la posesión de una propiedad por parte de un particular”. Igualmente no habla de materia para referirse a lo que existe. Es más, su atomismo lógico acaba por llevarle a una “superpoblación ontológica” al tener que aceptar la existencia de muchas “cosas” para que tengan correspondencia con elementos del lenguaje. Tanto él como Frege acaban ponderando una especie de platonismo ontológico al dotar de existencia entidades matemáticas.

3. Ludwig Wittgenstein. La ontología del Tractatus seguiría este orden: Realidad (espacio lógico: el mundo y lo posible), mundo (totalidad de los hechos que ocurren), hecho (darse efectivo de estados de cosas), estado de cosas (modo de relacionarse los objetos), objetos (Wittgenstein no da definición de objeto y afirma que es un asunto de la psicología). Wittgenstein, en ningún momento de su ontología habla de materia. De algún modo, lo que más entidad ontológica tiene son los estados de cosas, es decir, objetos relacionándose. Nadie podría decir que el planteamiento de Wittgenstein es materialista si bien es enteramente cientificista (la ciencia es la única que puede hablar con sentido de lo que puede ser dicho… de lo otro mejor es guardar silencio).

4. W. V. O. Quine, otro miembro destacado de la tradición analítica o ya, más bien, posanalítica. Es famosa su afirmación “Ser es ser el valor de una variable”. Así, lo que existe es lo que puede estar en el lugar de la F, por ejemplo, en la fórmula F=m.a. Quine dice que esta concepción lleva a admitir la existencia de entidades concretas y abstractas, pero como el número de las abstractas se hacía muy alto, Quine optó por sólo aceptar la existencia de las  primeras (nominalismo) intentando construir un lenguaje puramente referencialista (en la misma línea trabajó más radicalmente Donald Davidson) lo cual fue, al final, un fracaso. Una semántica no puede ser estrictamente referencialista, lo que lleva a dejar la puerta abierta a entidades no referenciales…

5. Karl Popper. El inventor del falsacionismo. Probablemente el filósofo de la ciencia más querido y citado. Su ontología si que rompe radicalmente el materialismo ya que ni es dualista, ¡es tri-alista!. Hay tres mundos: uno en el que están los objetos materiales, otro el clásico de las entidades mentales de los dualistas, y otro donde, de algún modo, están las teorías, teorémas matemáticos y cualquier “entidad teórica” producida por una mente humana.

Bien, como hemos dicho, estos pensadores son muy afines al pensamiento científico (empiristas, matemáticos, lógicos…), es decir, no estamos hablando de fenomenólogos, hermeneutas o existencialistas, sino de los miembros más insignes de la tradición analítica. Y ninguno de ellos (a lo sumo Quine) mantiene una postura propiamente materialista. Podría objetarse que no son físicos sino más bien lógicos o matemáticos y, de algún modo, parece “normal” que acaben por aceptar la existencia de entidades matemáticas o que no contemplen hablar demasiado de la materia en sus planteamientos. Efectivamente, porque la ciencia no es algo tan claramente unificado (Feyerabend y otros hablaban de que no existía eso de ciencia normal). En ella hay biólogos, matemáticos, químicos, ingenieros… y seguramente que todos no mantienen la misma idea acerca de lo que existe y lo que no.

Este post continúa el anterior En contra del materialismo

He metido a los que creo que son más importantes viendo sus descubrimientos e influencia histórica. No he metido artistas (pintores, arquitectos, escultores)  porque he pensado que al crear arte no crearon directamente teorías (si bien muchos de ellos lo hicieron) y aquí quiero preguntar por quién es el teórico más grande  de todos los tiempos. Perdonadme por las terribles omisiones que he cometido. Son todos los que están pero no están todos los que son.

La encuesta estará abierta hasta el 31 de Diciembre del 2011.