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Sobre Podemos

Publicado: 1 noviembre 2014 en Filosofía política
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Si tuviera que votar desde las entrañas y desde el estado de ánimo que tengo en este momento, votaría, sin dudarlo, a Podemos. Sin embargo, hay que pensar algo más en frío, que ya lo recomendaban mucho los sabios griegos, así que vamos a analizar algunas de las claves que, al menos en mi caso, influirán en el voto.

Puntos fuertes de Podemos:

1. Su líder. Evidentemente, Pablo Iglesias, en cuanto a personaje público, les da cien patadas al resto de los candidatos. Es inteligente, educado, muy carismático, muy dispuesto y decidido, seguro de sí mismo y, lo que es más importante, parece honesto y honrado (o, al menos en mi caso, ha conseguido engañarme muy bien). Si lo comparamos con nuestro querido presidente, no hay por donde coger el asunto: Rajoy es  desgarbado, oscuro, timorato, ambiguo, cecea al hablar, da la impresión de antiguo y desfasado, no tiene carisma alguno y, además, la sombra de la corrupción acecha su misma persona en forma de sobresueldos.

2. Su cúpula está formada por profesores de Universidad, gente en apariencia formada. Eso es bastante importante. La crisis del Ébola ha dejado en claro que poner a gente no formada en cargos de gran responsabilidad es receta para el desastre. La ministra Mato terminó por ser relegada a un lugar secundario tras su desastrosa gestión inicial. Es de cajón: queremos que quien nos gobierne tenga, al menos, la competencia para hacerlo. Yo nunca he podido entender como tenemos ministros de Sanidad que no tienen nada que ver con la medicina, ministros de Educación que no saben nada de docencia o, en general, presidentes que no saben idiomas. En fin, estoy diciendo obviedades.

3. Han sabido, mejor que nadie, hacerse eco del sentir generalizado de la población. Han recogido a la perfección el espíritu indignado del 15-M. Estamos en una democracia (o eso parece) y en este sistema es crucial conectar con el ciudadano. Los dos grandes partidos han gestionado terriblemente mal el descontento intentando volcarlo en el partido rival con el deprimente y aburrido “y tú más”. Sigo sin entender como teniendo cientos de analistas y asesores expertos en gestión de medios, han hecho las cosas tan rematadamente mal, sobre todo el PSOE: ¿cómo esta fuerza política se ha hundido tan rápidamente estando en la ventajosa situación de ser oposición en un entorno de grave crisis?

4. Los otros partidos. Sin centrarme en la corrupción, el papel de los dos grandes roza el esperpento en demasiadas ocasiones. Valle-Inclán no podría haber imaginado unos personajes y unas situaciones teatrales más preclaras. Tenemos sesiones parlamentarias de un nivel de parvulario y declaraciones insulsas que llevan a una falta de credibilidad pasmosa. Por poner un ejemplo, en estos días, cuando PP y PSOE niegan la posibilidad de una sesión plenaria extraordinaria acerca de la corrupción alegando que “querían un debate en positivo”, a uno se le ponen los pelos como escarpias: ¿ese es el único argumento que se te ocurre para evitar un debate que el ciudadano pide a gritos? ¿Hablar a la gente como si fuera deficiente mental? Pero es que hay tantos y tantos ejemplos: la espectacular defensa contra los papeles de Bárcenas (¿recordáis el contrato en diferido o los discos duros destruidos porque se seguía el  procedimiento habitual?). Ahora Rajoy dice que “En España quien la hace la paga” mientras Jaume Matas sale de la cárcel acogiéndose a un tercer grado, pocas semanas después de que al juez Elpidio Silva se lo inhabilite durante diecisiete años y mientras se hace todo lo posible para dejar fuera de juego a la juez Alaya. No puedo entender cómo han conseguido crear un abismo tan grande entre sus declaraciones y la percepción del ciudadano de a pie: ruedas de prensa desde televisiones de plasma, sin preguntas o con preguntas pactadas con sus medios de prensa colegas, constantes salidas de tono como las del ministro Wert en Educación o el consejero de sanidad de Madrid, programas electorales totalmente incumplidos, discursos contradictorios que quedan en evidencia ante un breve paseo por la hemeroteca, medios de comunicación groseramente politizados… Es demasiado. El PSOE, a la desesperada, pone a un guaperas al frente del partido para vendernos la moto regeneracionista, a la par que, respecto a ideas, proyectos y medidas, siguen exactamente estancados en lo mismo, y con la misma falta de credibilidad de siempre. Como se repite una y otra vez, la campaña electoral de Podemos se la están haciendo PP y PSOE, además, excelentemente bien.

4.1. Ahora sí, la corrupción. Si algo tenía en apariencia el PP de Aznar fue que no robaba. Podía gustarte o no su conservadurismo o sus políticas liberales pero, al menos, parecía que no eran corruptos. Esto se ha derrumbado a pasos agigantados. Y, de nuevo, una defensa penosa de la situación únicamente basada en que su único error fue poner en cargos de responsabilidad a la gente equivocada y que, ellos, los no corruptos, no sabían nada del asunto. Esto resulta absolutamente increíble. Yo trabajo en un instituto en el que estamos alrededor de cincuenta profesores. Si uno de nosotros, muy astuto, robara, es posible que los demás no supiésemos nada. Sin embargo, si el robo fuese algo habitual, si diez profesores robaran por sistema, todo el mundo lo sabría. Piense el lector en su empresa, fábrica o administración… Si muchos robaran, ¿usted no lo sabría? Si su compañero de mesa de oficina, con el que lleva años trabajando codo con codo, se llevara miles de millones, ¿no sospecharía, al menos, un poquito, de que algo va mal? Y, en cualquier caso, si usted dirige una empresa en el que una buena parte de sus empleados roban y usted no se da cuenta, está pecando de inepto y, a fortiori, no tiene usted competencia para dirigir la empresa. Aquí solo caben dos opciones: o sabe que roban y calla y consiente, y entonces usted es cómplice de corrupción, o usted no sabía nada y entonces es un incompetente. En ambos casos tiene que dimitir.  Y yo, como no me creo que sean tan tontos como para no saber nada, resuelvo que estamos ante auténticas organizaciones criminales en las cuales la malversación de fondos públicos es algo normalizado. ¿Alguien puede ser entonces tan obtuso como para seguir votándoles?

5. En este sentido Podemos no es corrupto. Tampoco se puede decir que eso sea una gran virtud ya que con pocos meses de vida, no ha habido tiempo a que se corrompan. Estoy seguro que, cuando el partido crezca y se estabilice, algún corrupto aparecerá. No obstante, el hecho de que, a día de hoy, no son corruptos, es un hecho.

Puntos débiles de Podemos:

1. La inexperiencia: Pablo Iglesias tiene solo 35 años y nunca ha gobernado nada. Su cúpula puede tener buenos conocimientos de teoría política, pero en la práctica nada de nada. A mí, este me parece el mayor defecto: la inexperiencia trae inevitablemente errores. No obstante, si analizamos la breve trayectoria del partido comprobamos lo contrario. De momento, Podemos ha dado una asombrosa lección de cómo manejar los medios electorales. Situarse como la segunda fuerza política en un país con un arraigado bipartidismo a los pocos meses de la creación de un partido es un logro inaudito en la historia de nuestra democracia. Así que, a día de hoy, más que errores, Podemos está en racha de aciertos.

2. El populismo: ya escribí en otra ocasión acerca de eso. Si miramos detenidamente su programa, vemos la enorme dificultad de llevar a cabo medidas que suenan demasiado bien. Además, tal programa no difiere mucho del de Izquierda Unida, es decir, estamos ante el viejo planteamiento de izquierdas de toda la vida. No creo que la solución a la crisis sea más derecha (ya hemos visto donde estamos) pero tampoco creo que sea más izquierda. Creo que hay que tener la suficiente imaginación para plantear algo diferente y romper de una vez con las ideologías. No obstante, creo que también hay que decir que es curioso que acusen de populismo a Podemos aquellos que gobiernan con la calculadora electoral en la mano, rodeados de asesores que les escriben hasta las comas de sus discursos. De todas formas, y de nuevo clavo una lanza a favor de Pablo, después de estos años en los que el neoliberalismo nos ha pasado por encima como una apisonadora, quizá no venga mal algo de izquierda, por eso de equilibrar algo el asunto y llegar a un siempre sano término medio.

3. Sus “dudosas” conexiones con ciertos regímenes sudamericanos, sobre todo con la Venezuela de Chávez. Hay miles de razones para no querer que en España se instaure un régimen similar al chavista. Pablo Iglesias se ha querido desmarcar del tema no visitando Venezuela en su reciente ronda latinoamericana. De todas formas creo que acusar a Podemos de bolivariano es caer en el improperio fácil. España es un país de una idiosincrasia y de unas condiciones sociales y económicas muy diferentes a las de cualquier nación de América latina. Aunque quisieran, no podrían convertir España en Bolivia. Creo que Pablo Iglesias suavizará sus posiciones al respecto conforme se acerquen las elecciones. Y, bueno, si no nos dio miedo que Esperanza Aguirre se confesara admiradora de Margaret Thatcher, defendiendo el liberalismo salvaje, ¿por qué iba a darnos un fuerte giro a la izquierda? ¿Neoliberalismo sí pero socialismo duro no? Suele decirse que el peligro de las crisis es el afloramiento de figuras populistas que, mediante el discurso fácil de la indignación, llegan al poder. Pero es que la otra alternativa: el bipartidismo corrupto, es insostenible (o lo es al menos para mí: votar al PP o al PSOE por “miedo a lo diferente” no es opción). Y es que si nos enrocamos en esa posición, cualquier cambio es imposible.

Como colofón: existen otras alternativas a Podemos, están UPyD, Ciutadans, RED, EQUO… con propuestas también interesantes en muchos ámbitos, pero dentro de los partidos con posibilidades reales de gobierno, y haciendo balance, Podemos es una opción muy válida. En el peor de los casos no creo que lleven a España a un desastre mucho mayor que en el que se encuentra ahora. Supongo que si llegan a gobernar no podrán llevar a cabo muchas de sus propuestas, pero se darían algunos pasos que, visto lo visto, no van a darse con los que ahora nos gobiernan. Si queremos un cambio radical, Podemos es el cambio. Los próximos años van a ser los más interesantes de nuestra precaria democracia.

1. La baja participación, no por no ser peor que en las europeas del 2009, deja de ser preocupante. Que el 54,16% del censo electoral se haya quedado en casa, deslegitima bastante las mismas elecciones y la representación de los partidos participantes. Esto puede leerse de dos formas: una enorme apatía política fruto de una sociedad con una gran incultura política que piensa que lo que se hace en Europa, o en política en general, no tiene ni la más mínima importancia. Habría mucha gente que vive muy feliz pasando olímpicamente de la política. Están en su derecho, pero es pésimo que sea así. La solución pasa por potenciar la educación política en los centros educativos, cosa que no parece tenerse mucho en cuenta en la nueva ley Wert. La otra lectura es que la gente que no vota muestra su desacuerdo total con el mismo sistema democrático; no solo no se sienten representados por ninguno de los casi cuarenta partidos (ya que aquí tienen la opción del voto en blanco o incluso nulo) sino que no creen en el sistema de elección. Esto es, igualmente, muy grave: mucha población no creería en la misma democracia. No obstante, pienso que esta opción no es mayoritaria. Los ciudadanos que no han votado han confundido la opción del voto en blanco con la abstención; sencillamente, no se sienten identificados con los políticos en general.

2. El Partido Popular ha sufrido el mayor varapalo desde que entró en el poder por segunda vez. Tengamos en cuenta que con algo más de cuatro millones de votos, solo representa el 26% de los votos y un pingüe 14% sobre el total del censo electoral. La conclusión es dura: el partido gobernante solo ha sido votado por algo más de uno de cada diez censados. De nuevo, el resultado deslegitima su mandato y muestra su escasa representatividad.

3. El PSOE se hunde irreversiblemente. Parece increíble que pierdan nueve diputados, uno más que el PP, estando en la oposición y con el gran descontento social hacia las políticas de su rival. Y es que este partido escribió su carta de defunción  en la última etapa de ZP cuando aplicó medidas neoliberales, confesando que dado el actual sistema económico no cabe hacer otras políticas. En este caso, mejor que las haga el PP, que está en su papel. No creo que ni siquiera la dimisión de Rubalcaba y la renovación de rostros vaya a mejorar la situación de este partido a medio plazo.

4. El fenómeno Podemos tiene tan solo un 2,7% del censo, es decir que a pesar de su fulgurante comienzo, su representación es nimia. Puede vaticinarse que subirá y que, quizá, pueda aglutinar el voto de la izquierda, absorbiendo a IU y a los sectores más izquierdistas del PSOE. Se les ha acusado de populismo de izquierdas y hay parte de razón en eso. Si miramos su programa electoral, la mayor parte de las medidas que proponen son muy agradables al oído, pero si pensamos en su viabilidad la cosa cambia bastante. Por poner un ejemplo, plantean que las empresas que tengan dinero en paraísos fiscales sean duramente sancionadas. El problema es que si esto se hace así, no habrá empresa alguna que invierta en España. Si yo soy un empresario y lo que quiero es ganar dinero, aunque no sea muy honesto ingresar dinero en un paraíso, si es legal, lo ingresaré. La solución pasaría con un pacto transnacional que prohibiera a nivel mundial la existencia de los paraísos, cosa que está lejísimos de ocurrir. Por lo tanto, la medida propuesta por Podemos es inviable pero efectista a nivel electoral, es decir, populista.  Sin embargo, si el realismo político consiste en jugar eficazmente dentro del sistema empobreciendo sistemáticamente a su población tampoco queremos seguir jugando. Esta es la gran paradoja: la utopía nos hace perder en un juego injusto y el realismo nos hace ahondar más en la injusticia. Por eso creo que la solución a nuestros acuciantes problemas no está, evidentemente, en más derecha, pero tampoco está en más izquierda. La solución tampoco vendrá, desgraciadamente, en dos días, sino en un cambio progresivo que refunde el sistema desde nuevos puntos de vista.

5. En esta línea me parecen más interesantes otras opciones como UPyD, Ciutadans o RED, entre otros. Dentro de ámbitos más realistas pretenden, igualmente, romper el bipartidismo y, lo que me parece aún mejor, terminar con las ideologías, cosa que creo que es el futuro de la política: tomar medidas buscando el bien común con independencia de su color político. UPyD, por ejemplo, propone el patriotismo constitucional como alternativa al nacionalismo independentista (algo mucho mejor que responder con nacionalismo españolista), o RED, el partido el Elpidio Silva, propone medidas muy concretas contra la corrupción jurídica, defendiendo, ante todo, la separación y equilibrio de poderes (condiciones esenciales y necesarias como base de un sistema democrático). También hay que tener en cuenta a los ecologistas (PACMA o Equo), siempre ignorados en España (que no en Europa), nos alertan de los graves peligros que el deterioro medioambiental conlleva (igualmente ignorados, sobre todo, por la derecha española).

6. Muchos medios nos están avisando de que una cosa son las elecciones europeas y otras las generales. Los votantes no votan con el mismo criterio y es verdad. Creo que nos estamos precipitando mucho al diagnosticar el fin del bipartidismo y al ilusionarnos con nuevos tiempos. De momento, lo único que legítimamente podemos deducir es que ha sido un serio aviso para los dos grandes, pero nada más. Paciencia.