Posts etiquetados ‘Ridley Scott’

(Cuidado, spoilers).

0. Cuando haces una continuación de un clásico como Blade Runner (además diseñado para no tener secuelas, una obra redonda, completa en sí misma) lo tienes dificilísimo. Si haces lo mismo no aportarás nada, y si haces algo distinto, ya no será Blade Runner y decepcionarás a los puristas. Era muy fácil hacer algo muy malo y, en este sentido, Villeneuve no lo ha hecho mal: ha fabricado su propio Blade Runner con mucho del original pero con mucho también de cuenta propia. Ha equilibrado. Pese a ello, otra cosa es que te guste Villeneuve (a mí no especialmente, pero es cuestión de gustos).

1. La atmósfera: lo mejor que tenía la original era el clima ciberpunk ochentero: la lluvia, los inmensos carteles luminosos, suciedad, desorden, mucha gente, superpoblación, orientalismo por doquier (recordemos que en los ochenta Japón acababa de superar económicamente a Estados Unidos)… clásico universo apocalíptico opresivo y asfixiante que muestra una sociedad decadente dominada por despiadadas multinacionales (por eso la gente la abandona y se va a las colonias, siguiendo aquí fielmente la novela de Dick). Sin embargo, en la Blade Runner de Villeneuve no hay tal atmósfera opresiva: hay cierta limpieza y sobre todo, mucho espacio, mucha amplitud (a veces, casi recuerda a la Gattaca (1997) de Niccol). Y tampoco se ve la monstruosidad arquitectónica de la original (que Syd Mead pudo ver en Metrópolis), en la que la ciudad era un maremagnun de alturas y niveles que no dejaban ver el cielo.  El futuro de Villeneuve no es el mismo que el de Scott y a mí me gustaba mucho más el original y pensaba que Villeneuve, con los medios técnicos actuales, podría profundizar en él. A mi pesar no ha sido el caso y a mí, personalmente, la ambientación del canadiense no me dice demasiado.

2. La música: la película original tenía una de las mejores bandas sonoras de la historia del cine por lo que no sé podía hacer mucho más de lo que han hecho: un refrito de la de Vangelis metiendo alguna cosita diferente. No obstante, hay errores: no entiendo por qué a Villeneuve le gusta meter esas estridencias a todo volumen cuando parece que no pega demasiado (igual lo hacía en la Llegada, 2016).

3. La fotografía: me ha pasado algo parecido a cuando vi Prometheus (2012): sí, la fotografía es excelente pero estamos en un momento en el que parece que con una buena fotografía ya justificas todo lo demás (la crítica parece tener orgasmos solo con esto), cuando, realmente es al contrario: la fotografía es otro elemento del lenguaje cinematográfico que tiene que estar al servicio de la película. Para ver solo buenas fotos ya me voy yo a una exposición en una galería. Y aquí es donde el metraje se hace innecesariamente largo: hay planos demasiado extensos que se recrean en la imagen por el mero hecho de recrearse, no porque digan nada más. Hay, digamos, un exceso de preciosismo.

4. El guión: hay historia y hay giros, vale. No está mal. Hay investigación detectivesca (recordemos que estamos en una película de cine negro) que hace avanzar la película. Además, como no podría ser de otra manera, el núcleo de la trama se basa en la duda de si uno es un replicante o no. Sin embargo, deja bastantes flecos… ¿Qué pasa con Wallace? ¿Y con la rebelión? ¿Vamos hacia la trilogía?

5. Me ha gustado mucho como se introducen nuevos temas como la relación emocional con una inteligencia artificial o la realidad aumentada, con el personaje de Joi (esos temas no existían en 1982). El problema es que, al hacerlo, se copia descaradamente, y sin vergüenza alguna, a Her (2013), incluso repitiendo la escena sexual en que se contrata a una chica para dar cuerpo a la intangible IA que, en este caso y al contrario que en Her, quiere ser humana. Y una pequeña cuestión: Joe lleva a Joi en una especie de disco duro externo que le permite proyectar su holograma en cualquier lado (lo llaman emanador), pero que si se destruye, ella desaparece… Vamos a ver: ¿no puede hacerse copia de seguridad? Joi no deja de ser un programa de ordenador…  No obstante, Ana de Armas es, probablemente, lo mejor de la película: su particular belleza que la asemeja a una chica anime la hace especialmente idónea para el papel de mujer florero virtual.

6. También me ha gustado que se toque el tema de la creación e implantación de recuerdos, aunque se hace de un modo muy superficial, al menos visualmente es interesante. El personaje de Carla Juri se hace entrañable en pocos segundos.

7. Ryan Gosling: tiene buena apariencia de blade runner, y acepto que su total inexpresividad quiera representar la falta de afectividad de un replicante, pero eso hace que no empatices ni un segundo con él. Es más, lo bien que asume su miserable vida de ciudadano de segunda (de pellejo) que vive en un apartamentucho, solo con una IA simulando ser su esposa… Lo siento pero si lo hubiesen matado en cualquier parte de la película el espectador no habría sentido ni la más mínima pena (de hecho así ocurre cuando, al final, parece que se deja morir sin ninguna razón mientras ve nevar, en una nueva muestra de lirismo sin demasiado sentido). Igualmente pasa con Joi. Supongo que Villeneuve esperaría que todos nos estremeciéramos por dentro en el momento de su muerte, pero no sucede así. A pesar de que uno entiende su pequeñez y su indefensión, no termina de empatizar, sigue siendo algo plana. Muchos críticos han dicho que a la película no tiene alma, y tienen mucha razón. Todo pasa demasiado tranquilamente, con ese ritmo pausado propio de la original, pero que le quita muchísima intensidad. Y este es el gran problema: no te sobresaltas, no te emocionas, no vibras… Villeneuve, contigo no siento nada.

8. Jared Leto… ¡uffff! Por un lado me parecen demasiado efectistas esos continuos reflejos acuáticos que rodean su entorno piscinero-orientaloide, por no hablar del juego de claroscuros cuando conversa con Deckard. Tampoco ayudan los delirios peudofilosóficos que suelta cuando habla… El personaje queda muy desdibujado y sin desarrollar ¿Por qué está ciego? Y luego su secuaz, la auténtica villana de la película, pues… tampoco. Sylvia Hoeks lo hace bien pero es que a mí que la mala sea una replicante pija diseñada como una psicópata experta en artes marciales… No podemos compararla, ni de lejos, con la presencia ni el carisma de Roy Batty.

9. Robin Wright: bien. Muy correcta como la dura, fría y amargada teniente Joshi, que lucha por mantener el orden a toda costa. Nada que envidiar a su homólogo en la original: Michael Emmet Walsh como Bryant.

10. Momentos lamentables: fundamentalmente tres: el encuentro, y la pelea, entre Joe y Deckard es totalmente ridículo y sin sentido (¿por qué citan La Isla del Tesoro?); la digitalización de Sean Young… ¿por qué? ¡Dios mío! ¿Por qué? ¿Y por qué ese doblaje al castellano? ¿Por qué no habéis intentado, al menos, imitar la voz de Rachael?; y encontrar a Edward James Olmos en un geriátrico… ¿no se les podría haber ocurrido un final mejor para el enigmático agente Gaff?

11. Grandes momentos: la secuencia de la pelea entre Joe y Luv, en plena oscuridad marítima, con planos aéreos incluidos, es muy buena. Tampoco está mal el nacimiento de la replicante a la que Jared Leto ejecuta sin compasión. Mola mucho el spinner de Joe (más que el original de Deckard).

Conclusión: podría haber sido mucho peor, pero, desde luego, no es la obra maestra de la que habla la crítica y no va a pasar a la historia de la sci-fi.  Si te gusta Villeneuve, es posible que te encante, pero a los que no nos hace del todo tilín… Creo que ha sido una oportunidad desaprovechada para profundizar más en la obra de Scott. En una conversación de la película se dice que los nacidos tienen alma pero los fabricados no. Esa es la diferencia entre las obras de Scott y Villeneuve: la de Scott tenía alma y la de Villeneuve, es tan solo una replicante.

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(La entrada contiene muchos spoilers, pero no creo que te destrocen demasiado la peli porque el guión y el argumento  son absurdos)

No puedo entender como un genio de la talla de Ridley Scott pueda hacer algo así. Supongo que ya chochea, porque contratar al guionista de Perdidos (Damon Lindelof) para hacer Prometheus y dar el visto bueno al peor guión de la historia del cine (digno de Ed Wood) es algo que va más allá de mis cortas entendederas. Veamos los desaguisados de tan increíble texto:

1. Unos científicos descubren que en pictogramas de diversas culturas se dan una serie de coordenadas de la posición de un planeta. En teoría, nuestros creadores, una raza de extraterrestres, nos invitan a que vayamos. Pero lo simpático es que cuando llegan al planeta se encuentran con una estación militar desde la que se planea exterminar la raza humana. Absurdo, ¿para qué nos invitan a ir si lo único que hay allí son armas de destrucción masiva para destruirnos? En toda la película, al estilo de Perdidos, no se explica nada de eso.

2. Cuando llegan a la estación militar, ven una serie de hologramas en donde se explica que aquellos que querían destruirnos, “los ingenieros”, tuvieron graves problemas con sus armas de destrucción masiva de tal modo que se les volvieron en contra. La pregunta es: ¿Para qué están allí tales hologramas? ¿Por qué, aquellos que quieren destruirnos, tienen la cortesía de explicarnos qué es lo que les pasó? Ah, es que al público retrasado mental hay que explicarle todo para que no se pierda.

3. El equipo de científicos elegido para tamaño descubrimiento (primer contacto con una especie extraterrestre) parece sacado de Scream. Cuando descubren las maravillosas construcciones extraterrestres parecen no tener interés ninguno. No se paran a observar nada, ni se preguntan nada. Curiosamente, a pesar de poseer una tecnología alucinante, no llevan ningún tipo de instrumento de observación (más que unos robotitos voladores que hacen mapas chulísimos de los que ahora hablaremos), ni se paran a tomar muestras ni conversan como lo haría un científico de verdad sobre todo lo que están viendo. Es decir, no son creíbles para nada. Si nos hubieran mandado a mi pandilla de amiguetes después de las ferias del pueblo, hubiéramos resultado más verosímiles.

3.a. El geólogo, un punky que tiene de geólogo lo que yo de futbolín, lleva consigo dos robotitos voladores que van haciendo un mapeado preciso de las estructuras arquitectónicas. Pues bien, en un momento de la peli, se caga de miedo y, junto con un biólogo, se quiere ir a la nave. Pues va y resulta que se pierde… O sea, que el que tiene más conocimientos y tecnología para no perderse pues posee un mapa tridimensional acojonante de dónde están, va y se pierde.

3.b. El geólogo y el biólogo (personajes más planos imposible), cual zipi y zape,  mueren del modo más imbécil posible. Vamos a ver: si te encuentras con una especie de cobra interestelar no la trates como si fuera un perrito.

4. El personaje de Charlize Theron es, para variar, absurdo. La chica actúa bien haciéndose pasar por una tipa muy, muy dura. Además se crea cierto misterio: ¿quién es y qué pinta aquí? Pero ya está. El guión no la lleva demasiado lejos. Al final es la hija del multimillonario que dirige el asunto. No hay más. Y luego muere de la manera más tonta aplastada como una cucaracha.

5. El multimillonario que organiza todo en busca de conocer a sus creadores para alargar su vida es irrisorio. Fichan a Guy Pearce para hacer un papel pequeño y ridículo. Tras veinte capas de un maquillaje lamentable de viejo superviejo que se nota a leguas que es de pega, podrían haber puesto a mi primo del pueblo y se hubieran ahorrado los millones que cobraría Pearce.

6. El robot, interpretado por Fassbender, es de lo mejor de la peli, pero de nuevo incoherente. Durante los dos años que dura el viaje y mientras la tripulación está en hibernación, se dedica a ver pelis y a estudiar lenguas de modo que, al final, sabe el lenguaje que hablan los malvados “ingenieros”. Ese conocimiento debería ser utilísimo pero el grupo de insignes científicos que lo acompañan pasan de él. Es más, él es el único que parece sentir curiosidad por lo que están descubriendo (a pesar de que al ser un robot no tendría que sentirla).

6.a. ¿Por qué mata el robot (David) al biólogo novio de la protagonista (Holloway)? La poderosa arma de destrucción masiva de los “ingenieros” es un líquido negro del que brotan sin cesar monstruitos de diverso tipo. David coge una garrafa y se la lleva a la nave (curiosamente tampoco hace un análisis químico del producto aunque, al menos, se interesa algo más por él que los biólogos de la expedición). Coge una gota y se la echa en la bebida a Holloway de modo que éste enferma para al final inmolarse contra el lanzallamas de Charlize Theron (un nuevo absurdo: ¿para qué se suicida?). Pero el caso es que en la película no te explican el por qué de tal asesinato. ¿Lo hace para comprobar los efectos del líquido negro?

7. El papel del  guaperas de Holloway  (Logan Marshall-Green) es, para variar, absurdo. Él quiere encontrar a alguno de los “ingenieros” vivos para preguntarles por nuestros orígenes pero, después de un accidentado paseillo de media hora por la gigantesca nave alienígena se decepciona y, a pesar de haber llevado a cabo el mayor descubrimiento de la historia de la humanidad por el que le tendrían que dar siete u ocho premios Nobel, se dedica a emborracharse. Pero chaval, ten paciencia, inspecciona bien toda la nave (y el resto del planeta) antes de coger la botella. Es más, con sólo andar algún pasillo más adelante hubiera descubierto que aún quedaba uno vivo. Pero qué va, el supercientífico no hace más.  Luego lo envenenan y se suicida sin razón alguna.

8. La prota es estéril, pero su novio envenenado con el líquido negro le echa un casquete y la deja preñada. Cuando el robot se da cuenta la quiere hibernar para llevársela a la tierra con el paquete marciano que lleva dentro… ¿Para qué? ¿Por qué quiere llevársela? ¿No es de sentido común que llevar a un bicho así a la Tierra es, precisamente, lo que quieren los malos? La heroica chica se escapa y se hace una cesárea en vivo para descubrir que su hijito es lo más parecido que yo he visto al pulpo Paul. Es curioso como cuando se escapa huyendo de la cámara de hibernación nadie la persigue. Abre un par de puertas y corre por un pasillo y ya está. Ni el robot ni nadie del personal de la nave va detrás de ella. La Prometheus, una nave muy pequeña lejos de la colosal Nostromo de Alien uno, parece un conjunto de compartimentos estancos en los que nadie se da cuenta ni tiene curiosidad por saber qué es lo que pasa en la habitación de al lado (como suele pasar en las pelis de terror de serie B). Nuestra valiente protagonista deja a su “hijito” tentacular en una sala y a nadie se le ocurre pasarse por ahí a ver que hace el bichito (ni a ella avisar a nadie para que tengan cuidado).

9. El suicidio del capitán de la nave y sus dos operarios no tiene sentido. Éstos dos últimos se pasan la película haciendo apuestas sobre lo que han venido hacer a ese planeta perdido de la mano de Dios, dando a entender que no sólo no saben nada sino que, en el fondo, les importa un pito. Sin embargo, cuando el capitán les invita a suicidarse heroicamente estrellando la Prometheus contra la nave alienígena, se echan unas risas y lo hacen.

10. ¿Por qué tiene que aparecer un zombi en la peli? ¿Es que no tenemos bastantes en Walking Dead?

11. Noomi Rapace, a pesar de no hacerlo del todo mal, no es Sigourney Weaver.

12. Las pretensiones metafísicas de la película (buscar el origen, ciencia versus religión) son tratadas a un nivel de parvulario y, al final, no se desarrollan ni lo más mínimo. Es decir, el film promete ser una reflexión sobre los orígenes del hombre y no es nada de eso. La chorradita del crucifijo de la prota queda como un añadido que no aporta nada. Es que el guión es tan malo que podrías quitarle una hora del metraje sin que realmente se notara demasiado (y a lo mejor mejoraba y todo).

13. La película tiene demasiado poco que ver con Alien uno. No tengo nada en contra de que quieran hacer otra cosa pero me hubiera gustado que elementos como la atmósfera angustiosa y asfixiante de Alien, su ritmo pausado pero inquietante, las respiraciones aceleradas dentro de las escafandras, la oscuridad, la sensación de infinito y de vacío, que hacían de aquella peli de 1979 una obra maestra, estuvieran algo presentes aquí. Y si no lo están, al menos, que se hubieran sustituido por algo que mereciera la pena pero no es el caso.

14. Los monstruos se reducen a la cobra interestelar, al pulpo Paul crecidito y, bueno, al “ingeniero” que es como el increible Hulk pero en blanco. Si el monstruo de Alien uno era una de las criaturas más aterradoras de la historia del cine, aquí…

15. La escena del tonteo entre el capitán de la nave y Charlize Theron que parece acabar en un polvillo… ¿Qué aporta a la peli?

16. Errores tontos. Los “ingenieros” aparecen corriendo en los hologramas con sus escafandras de oxígeno cuando se supone que dentro de la estructura habían generado oxígeno respirable.  Del mismo modo, el único que queda vivo sale de su nave recién estrellada y va a la nave donde se esconde la prota sin escafandra cuando fuera sí que no hay oxígeno.

Cosas buenas que, aún así, están lejos de salvar la cinta:

1. La fotografía, la escenografía, los efectos especiales y, en general, la grandilocuencia en la que se desarrolla tal fiasco, son buenas. Parece que en Hollywood es lo único que saben hacer bien.

2. El ritmo está bien llevado. A pesar de la confusión no te aburres.

3. El principio de la película, cuando van saliendo de las cámaras de hibernación, es lento y recuerda, ah nostálgico de mí, a la ambientación de Alien uno, por lo demás tan alejada de ella.

4. La escena de la cesárea a pelo, a pesar de un pulpo Paul  muy alejado del escalofriante monstruito que salía de las tripas de John Hurt en Alien uno, da grima y es agobiante.

5. Michael Fassbender.

En fin, un disparate, que como era de esperar representa la falta de originalidad e ideas (y casi de vergüenza) del Hollywood actual. Yo no aconsejo ni siquiera verla. Decepción absoluta.

Éste era el título de la novela de Philip K. Dick en la que se basó Ridley Scott para su maravillosa Blade Runner. Y es que si construimos superordenadores a nuestra imagen y semejanza, éstos acabarán por soñar. ¿Qué soñará un robot? ¿Soñará con cascadas de unos y ceros?

Desde el maravilloso Blog A desgana nos llega el intento del artista norteamericano Brian Despain de describir el mundo onírico de los robots. Parece ser que no sueñan con ovejas eléctricas, pero sí con gnomos o peras.

ghosts

exiles

talktin

lrg-vexingquiet

Muchas más en la Web del mismo Despain.

No he podido resistirme a hacer mención a la celebérrima escena de la mejor película de ciencia-ficción de todos los tiempos (con el permiso de Kubrick). Tenemos a Roy Batty (Rutger Hauer), un Nexus 6,  un replicante, una copia de ser humano fruto de la bioingeniería, creado para ser más perfecto que el hombre pero con un grave defecto: una fecha de caducidad de cuatro años. Es artificial, no tuvo infancia así que no tiene padre ni madre, ni pasado ni recuerdos, pero hay algo en él que lo hace  humano: su deseo de tener una auténtica vida, de no ser efímero, de que sus vivencias no se pierdan en el tiempo como lágrimas en la lluvia. ¿Acaso no se pierden así las de todo ser humano? ¿Acaso no es esa la tragedia de la condición humana?

Por otro lado tenemos a Rick Deckard (Harrison Ford), un Blade Runner, es decir, un eliminador de replicantes, un policia “especial” contratado para estos menesteres. ¿Es Rick Deckard un asesino? Desde mi juicio no tengo duda de que sí. De forma contradictoria, la película pone a los buenos en lugar de malos y viceversa o, como mínimo, en ambos hay ambivalencia. Roy es un lobo que juega con su presa en la  memorable lucha final con Deckard y asesina sin piedad a Tyrell o a Sebastian, pero  busca lo que cualquiera desearía: sobrevivir. Y lo busca con tanta fuerza (seguramente que el instinto de supervivencia es la fuerza motivadora más grande que hay en cualquier ser) que, sabiéndose muerto, salva la vida de su asesino. Paradójicamente, el ser artificial es mucho más humano que el humano (igual que en la IA de Spielberg). Es una escena preciosa que no me canso de volver a ver (desde aquella primera vez que la vi, en una cinta de video a principios de los noventa).

Otra magnífica escena de la película es el asesinato de Tyrell. Roy busca a su creador para que le alargue la vida. Tyrell es el buho de Minerva, la sabiduría, el ser humano que juega a ser Dios y que, al final, su creación se vuelve contra él, cual revisión del moderno Prometeo de Mary Shelley. ¿Puede el creador reparar lo que ha hecho? Roy quiere vivir más pero su creador le dice que eso es imposible. Él fue creado para ser perfecto y “la luz que brilla con el doble de intensidad dura la mitad de tiempo”.  Roy se arrepiente de sus pecados, se confiesa ante su padre y después lo mata. “No haré nada por lo que el Dios de la biomecánica me impida entrar en su cielo”. El Dios de la biomecánica, el Dios de los replicantes, no el Dios de los humanos, que no es el mío. Así se pasa por las tres fases nietzscheanas para llegar al superhombre: el camello que carga con la culpa, el león que mata a Dios y, luego el hombre libre que mira al cielo, que sabe que es libre por primera vez. Roy es el superhombre, el siguiente escalón de la evolución que tiene que eliminar a su creador para crecer. Nace una nueva era, al igual que en el final de la Odisea Espacial de Kubrick.