Posts etiquetados ‘Solipsismo’

Estoy tranquilamente en casa en un día lluvioso. Miro por la ventada deleitándome con el espectáculo de la lluvia, viendo pasar los agolpados automóviles y los apresurados transeuntes armados con paraguas. De repente, un terrible accidente: un coche choca contra una gasolinera provocando varias explosiones. Muchos cadáveres se esparcen inmóviles por la calle. Conmocionado, observo con más atención la escena y, para mi total incredulidad, los cuerpos inertes no son orgánicos… donde debería haber sangre y vísceras sólo hay fragmentos de sistemas electrónicos… Acabo de descubrir un terrible secreto: ¡todos los seres humanos que existen son robots! Pero… yo no soy un robot… ¡Quizá sea el único ser humano vivo del planeta!

Este cuentecillo, propio de película de ciencia-ficción de serie B, parece una improbable fantasía fruto de la mente no demasiado original de un guionista de Hollywood. Pero, ¿realmente podría pasar algo así? ¿Sería posible que toda la humanidad fuera un robot menos yo? ¿Sería posible que yo fuera el único ser humano dotado de conciencia y emociones, siendo todo lo demás una macabra mascarada? ¿Sería posible que yo viviera en una especie de Show de Truman futurista o, quién sabe, encerrado en Matrix?

Esta es la tesis que sostuvo en el siglo XVII el genial filósofo francés René Descartes. En busca de una idea irrefutable, certeza de las certezas, se propuso dudar de todo lo que no fuera indudable. Así, planteó la popular hipótesis del genio maligno: ¿Y si Dios fuera un genio malvado que ha hecho que todo lo que yo percibo y conozco de la realidad fuera falso? La única certeza que me quedaría entonces es la idea de que yo existo. Todo podría ser mentira pero de lo que no me cabe duda es de mi existencia: mis ideas pueden ser falsas pero no hay duda de que las tengo. Yo podría estar loco y en vez de estar tecleando esto en mi ordenador estar encerrado en un psiquiátrico fabulando que tecleo, pero estoy seguro de que, al menos, existe alguien que está loco.

El grave problema, que ni el propio Descartes pudo solucionar, reside en que la única certeza que tendría sería esa: sólo sé que yo existo. No puedo afirmar con seguridad que existe alguien más que yo. Por lo tanto, no puedo estar seguro de que el resto de los seres humanos no sean robots interpretando ser personas, seres desalmados sin emociones ni conciencia que sólo fingen tenerla. ¿Cómo podría salir de esa duda? ¿Cómo saber si estoy soñando o estoy despierto? A lo mejor ahora estoy dormido soñando que tecleo… ¿cómo despertar y ver la auténtica realidad? No se puede, y a esta imposibilidad se la denomina comúnmente en términos filosóficos como solipsismo. Otra forma de denominarlo, algo más reciente, es como el problema del escepticismo hacia las otras mentes: ¿Cómo sé que los demás tienen mente si yo sólo tengo acceso a la mía?

Una posible solución está en pensar que no nos hace tanta falta como a Descartes tener una certeza absoluta de algo. Yo creo que mañana va a salir el sol aunque no tenga una certeza incontestable de ello. El error de Descartes consiste en pensar, de algún modo, que porque algo sea irrefutable ya tiene que ser cierto. Hay dos razones muy sólidas para pensar que los otros individuos tienen mente:

1. Si pensamos que la causa de nuestra mente es poseer un sistema nervioso de unas características determinadas, si los otros seres humanos tienen un sistema nervioso similar al mío, como yo tengo conciencia no hay razones sólidas para pensar que los otros no la tienen.

2. Tener mente hace que tengas un determinado comportamiento. Si los otros seres humanos se comportan como yo, es decir, como si tuvieran mente, tampoco hay razones sólidas para pensar que no la tienen. Sería muy extraño pensar que se comportan como yo sin tenerla.

No podemos salir con absoluta certeza del solipsismo, pero hay razones para pensar que no somos la única conciencia del universo. Podemos estar tranquilos, no creo que la gente que pasea por la calle en un día lluvioso sea un robot diseñado por una mente maquiavélica para engañarme.

La visión opuesta al solipsimo es el panpsiquismo.

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Panpsiquismo

Publicado: 1 julio 2010 en Filosofía de la mente
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El “problema duro” de la filosofía de la mente es una gran incógnita: ¿Cómo “produce” el cerebro conciencia? Sabemos, cada vez con más precisión, qué parte del cerebro “se enciende” correlativamente a cuando pensamos, sentimos, imaginamos, etc. Sin embargo, no sabemos qué “propiedades” tienen esas complejas redes neuronales para causar conciencia. ¿Qué puede tener un conjunto de moléculas y procesos electro-químicos para producir nuestra subjetividad? Los neurólogos confían en que cuando sepamos más, esta incógnita acabará por aclararse, mientras que otros afirman que, por mucho que sepamos del funcionamiento físico del cerebro, jamás sabremos nada de esa supuesta causación porque quizá, realmente, no la haya. Éstos, habitualmente dualistas, sustentan esta idea en que, si en el cerebro ocurren fenómenos físicos similares, ¿por qué unos crean consciencia y otros no? Ciertamente, si todo son neuronas lanzando descargas eléctricas que desembocan en procesos químicos, ¿por qué unas neuronas han de crear consciencia y otras no? Nadie tiene una respuesta convincente. Incluso algunos niegan la existencia de tal consciencia, achacando a que creemos poseerla debido a un mal uso del lenguaje, a haber heredado el vicio cartesiano de creer que tenemos un cogito cuando verdaderamente no lo tenemos.

Una respuesta curiosa y algo desconcertante es la del panpsiquismo. En su versión contemporánea diría que todas las estructuras neurales de una determinada complejidad (y cualquier emulación no biológica de las mismas) generan consciencia. Si a esto le añadimos la idea de que la consciencia puede darse gradualmente, cualquier artefacto lo suficientemente complejo podría tener algo de consciencia. ¿Mi tostador podría tener una microconsciencia? El problema está en que nunca lo sabré (o de momento dado el estado actual de la ciencia) ya que no habría modo de comprobar si el tostador tiene estados internos más que comunicándome con él y, que yo sepa, los tostadores no hablan (Y ni aunque lo hicieran: es lo que llamamos solipsismo).  Por regla general, cualquier teoría sobre la consciencia tiene el problema de no ser falsable.

Pero apliquemos esta teoría a nuestro cerebro. Si toda estructura  neural lo suficientemente compleja crea consciencia, nuestro cerebro no sólo crearía una, sino que crearía muchas. Cada circuito de neuronas autónomo tendría una conciencia propia ¡Muchos seres conscientes habitarían en mi cerebro! Sigamos imaginando. Una de las facultades que caracterizan mi consciencia es la atención. Puedo centralizar mi consciencia en un fenómeno, dejando otros desatendidos. Por ejemplo, puedo focalizar mi mente en el tacto de las teclas del ordenador, olvidando por completo el tacto del calcetín dentro de mi zapato. ¿No podría ser que mi facultad de atención no fuera más que un apropiarse temporalmente de cada una de las múltiples conciencias que habitan en mi cerebro? Es decir, existen muchas consciencias pero yo sólo puedo “estar” en una de ellas a la vez (no soy omnisciente en mi cuerpo). Mientras yo no “estoy” cada una de ellas sigue siendo consciente, sólo que yo no me doy cuenta de ello (ya que “estaría” en otra consciencia). Mi atención sería una usurpadora de consciencias autónomas y mi “yo” no sería más que aquello que pasa de una consciencia a otra, el punto de mira. Reconozco que el planteamiento es fantasioso, pero soluciona la pregunta de por qué unas estructuras neuronales crean conciencia y otras no, y es una forma de explicar nuestra facultad de atención.

Desde mi punto de vista, una determinada estructura muy compleja puede crear conciencia, no debido a su complejidad (ya que la complejidad por si sola no puede causar nada. La complejidad sería sólo una condición de posibilidad) sino por causas que aún ignoramos, es decir, que no tenemos ni idea de qué tipo de estructura estamos hablando. Sin embargo, dudo mucho que seres inertes la posean, lo que incluye tanto a una piedra como un supercomputador (pienso que podrán generar consciencia, pero aún no lo han conseguido. Deep Blue es tan inconsciente como mi tostador). Sólo determinados tipos de seres vivos muy evolucionados la poseen (creo que gran parte de ellos, aunque reconozco que únicamente  puedo justificarlo por analogía con lo humano: cuanto más parecido, más consciencia). Desgraciadamente (o afortunadamente), la mayor parte de lo que existe sigue siendo inconsciente. No tengamos miedo de tirar  a la basura nuestro tostador, no se quejará.