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Interstellar

Publicado: 8 diciembre 2014 en Cine
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Interstellar

Cuidado: spoilers.

Exactamente, exactamente la misma sensación que me dejó Origen: es una película decente, pero está lejísimos de ser una obra maestra por extrañas razones, y en ambas películas, casi las mismas.

1. Los efectos especiales están bien, aunque no suponen ningún salto adelante, tal y como fue la 2001 de Kubrick. Interstellar no revoluciona nada en este campo, cuando todo el mundo, creo, que esperábamos algo más.

2. También están bien las referencias a los clásicos de la ciencia-ficción. Kubrick está por todos lados (muy ingeniosamente, en la forma de monolito de los robots) pero quizá solo a cierto nivel superficial. El espíritu de 2001, el modelo narrativo y cinematrográfico no aparecen por ningún lado. Nolan solo coge ciertos detalles, pero no la esencia. El monolito ahora es una singularidad, y el viaje final de Bowman es Cooper introduciéndose en Gargantúa.  Arthur Clarke también aparece: el planeta de las olas es una copia de un capítulo de Cita con Rama y la estación espacial del final es la misma Rama. Y seguramente que hay muchas más referencias que yo desconozco.

3. La cinta es entretenida a pesar de sus casi tres horas de duración. Si entendemos que el principal objetivo del cine es el entretenimiento, Interstellar cumple notablemente.

4. La banda sonora también es correcta aunque, igual que pasaba en Origen, a veces, parece que suena cuando no debe, se hace repetitiva y se nota demasiado su intencionado efectismo: suena para emocionar cuando, quizá la escena en sí misma, no emocionaría casi nada.

5. Vamos con lo malo: el gran defecto del cine de Christopher Nolan son las sobreexplicaciones (Igualito, igualito que en Origen). Nolan tiene un terror enfermizo a que algo no se entienda, por lo que pone a sus actores a explicar una y otra vez lo que está pasando. En Interstellar, el culmen roza lo ridículo cuando el personaje interpretado por David Oyelowo le explica al protagonista la forma esférica del agujero de gusano con un papelito y un lápiz (explicación que, además, hemos visto ya en otras películas). Y es que esto parece indicar una carencia cinematográfica tremenda de Nolan. El cine tiene la maravillosa virtud de poder contar cosas con su propio lenguaje de imágenes y sonidos, sin tener que recurrir necesariamente a una voz. Y es que parece que Nolan no sabe narrar usando solo ese lenguaje, y eso es muy, muy malo, si eres director de cine.

6. Luego está el guión, que hace aguas por todos lados. Cooper viaja al agujero negro para poder contarle a su hija, a través de las manecillas de un reloj de pulsera, la teoría física necesaria para salvar la Tierra (¿no suena ya un poco demencial?). El caso es que, de primeras, el mensaje que manda en código Morse es “Quédate”, con la intención de que su hija convenza a su “yo-del pasado” de que no se largue al espacio. Si ese mensaje hubiera tenido el efecto requerido, Cooper no hubiera podido salvar el mundo. ¿Para qué ese mensaje?. Pero es más. Antes, la supuesta “civilización post-humana del futuro” habría mandado otro mensaje diciendo las coordenadas de la base secreta de la NASA para que Cooper y su hija la encontraran. Pero, si ya podían enviar mensajes sin la necesidad de que Cooper entrara en el agujero negro para hacerlo… ¿por qué no mandaron directamente la teoría física para salvar la Tierra y se ahorraban todo el jaleo? La subtrama de la historia de la familia de su hijo es totalmente absurda: parece ser que debido a la ingesta continua de polvo, la mujer de su hijo y el nieto de Cooper están enfermando gravemente. Murph y su amigo médico le dicen al padre que tiene que llevárselas de la granja o morirán. Y él se niega en redondo… ¿por qué? ¿Qué padre y marido que esté en sus cabales va a dejar morir a su mujer y a su hijo por no abandonar una granja? El final es malo y extraño: cuando Cooper se encuentra con su anciana y moribunda hija, solo intercambian unas breves palabras y ella le dice que se vaya, que la deje morir con los suyos… algo frío y confuso después de tanto amor durante toda la película. También le dice que vaya a buscar al personaje de Anne Hathaway, que andará por allí sola, montando un campamento en el futuro planeta para la humanidad… pero… ¿cómo sabe ella eso? Y, aparte, ¿no se preocupa Cooper nada por lo que ha sido de su otro hijo? ¡Si hasta se preocupa más por el robot!

7. Y los topicazos repetidos ad nauseam en la historia del cine: el protagonista es el de siempre: el héroe americano, el seductor cowboy sideral que desborda testosterona y que se debate entre el amor a sus hijos y la salvación de la humanidad; las lamentables bromitas en situaciones de peligro extremo; el coqueteo ente los protagonistas que, para variar, comienzan llevándose mal; la descarada publicidad de la NASA (incluso justifican sus elevados presupuestos); algunas conversaciones filosóficas de nivel de parvulario; la sempiterna entrevista del padre con el director y una profesora del instituto (que no aporta absolutamente nada a la trama y cuyo desarrollo es bastante infantil, con teach the controversy incluido); e incluso el partido de baseball y todo, al que va el padre a ver a su hijo (en Norteamérica el momento-partido debe ser el más importante de la vida de todo adolescente). Todo es un tanto ñoño y sentimentaloide. La moraleja final de la película: el amor (y la gravedad) lo puede todo, es un tanto naif.

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8. Y es que es la constante en el cine de Nolan: una pretenciosidad grandilocuente que se queda en casi nada. Hay una ilusión de complejidad que, realmente, no es para tanto. La complejidad es artificiosa, rebuscada, poco natural. He visto buenas películas de Disney o Pixar hechas para admitir dos lecturas: una infantil para los niños y otra más madura para los padres. Tanto unos como otros salen contentos del cine. Nolan, sin embargo, quiere hacer una película que el espectador medio entienda, a la vez que pretende adentrarse en las profundidades de la física y los misterios del ser humano. En ambas pretensiones falla: al espectador medio Interstellar le parecerá un tostón infumable, y al friki cinéfilo totalmente insatisfactoria.

Corolario: Interstellar es una película decente y entretenida que merece la pena ver. Sin embargo, no supone ningún tipo de revolución en el campo de la sci-fi. No supone un antes y un después de nada. Es una más. Gravity me parece más solvente y Moon (2009) de Duncan Jones es mejor película. Lo mejor que ha hecho Nolan, con diferencia, fue Memento (2000).

Acabo de terminar de leer la novela de Clarke y no puedo dejar de recomendarla a todo el mundo. Para abrir boca a los posibles futuros lectores os dejo dos fragmentos en los que habla mi personaje mitológico favorito: Hal 9000.

En la nave, la Discovery, viajan cinco astronautas, tres de los cuales están en hibernación. Los otros dos, Poole y Bowman (que será el protagonista), están celebrando el cumpleaños del primero, emitiendo y recibiendo vídeos de la Tierra. En ese momento es cuando Hal habla por primera vez en toda la novela con una frase bastante premonitoria (uno que ya ha visto la película de Kubrick, sabe lo que va a pasar y cuando lee ésto, se asusta):

– Siento interrumpir la fiesta – dijo Hal -, pero tenemos un problema.

Y, para el disfrute de todos los frikis de la sci-fi os dejo las últimas frases de Hal cuando Bowman procede a su desconexión. A gozarla:

Dave – dijo Hal -. No comprendo por qué me está haciendo esto… Tengo un gran entusiasmo por la misión… Está usted destruyendo mi mente… ¿No lo comprende…? Me voy a hacer infantil… pueril… me voy a convertir en nada… […]

– Soy un computador HAL Nueve Mil, Producción número 3. Me puse en funcionamiento en la planta Hal de Urbana, Illinois, el 12 de enero de 1997. El rápido zorro pardo brinca sobre el perezoso perro. La lluvia en España cae principalmente en el llano. Dave… ¿se encuentra usted aún ahí? ¿Sabía usted que la raíz cuadrada de 10 es 3 coma 162277660168379…; Log 10 a la base e es cero coma 434294481903252… o corrección, o sea log e la base 10… La reciprocidad de 3 es cero coma 333333333333… dos por dos es… dos por dos es… aproximadamente 4 coma 1010101010101010… Me parece estar teniendo cierta dificultad… Mi primer instructor fue el doctor Chandra… él me enseñó a cantar una canción… que dice así… “Daisy, Daisy, dame tu respuesta, di. Estoy medio loco de amor por ti…”. […]

– Buenos… días… Doctor… Chandra… Aquí… Hal… Estoy… listo… para… mi… primera…. lección… de… hoy…

Y Hal murió. Os dejo el enlace de la maravillosa secuencia de la película:

Hace tiempo publiqué una entrada en la que transcribí la conversación entre el programa SHRDLU con su programador. Tiene menos encanto que la de Hal con Bowman, pero posee el aliciente de que es completamente real.

2001

Publicado: 10 noviembre 2009 en Antropología, Cine, Evolución
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No me canso de ver esta celebérrima escena de la película de Kubrick. A parte de sus virtudes cinematográficas y de la música de Richard Strauss, esta escena gusta porque habla del origen del hombre, del origen de aquello que nos hace diferentes a los demás animales. Es sugerente la imagen del animal que se intercala mientras el homínido golpea su esqueleto: la inteligencia nace con la representación. El simio se figura en la mente algo que no está directamente presente y con ello surge nuestra inteligencia imaginativa. Además, la representación va ligada a la elaboración de herramientas. Como puedo representarme la realidad ausente puedo imaginar otros usos que no son los naturales a las cosas que veo a mi alrededor. De ese violentar la naturaleza, de hacer cosas contranatura, de usar un hueso para algo distinto a la función natural de un hueso, surge el hombre, el ser más antinatural de los seres naturales. El hombre, el animal cuya habilidad evolutiva consiste precisamente  en dejar de ser animal.

Sin embargo, el tema del monolito no hace justicia a la realidad. A pesar de lo sugerente que queda en una película de ciencia-ficción (el origen extraterrestre de la inteligencia) no es preciso en el sentido en que sugiere tanto un origen no natural de la inteligencia como su aparición como un salto brusco. No, la inteligencia es un producto natural cuyo origen es el mismo que el de la capacidad de vuelo de las aves o la fiereza de los felinos y su origen se debe a un lentísimo proceso evolutivo de una duración de millones de años.