Posts etiquetados ‘Teletransportación’

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Recomendaciones: Black Mirror: San Junípero (3×04). Este capítulo de la serie nos habla de un futuro no demasiado lejano en el que, al morir, puedes elegir entre fallecer sin más (y probar suerte a ver si existe el paraíso de las religiones) o pasar tu mente a un ordenador y vivir en un paraíso artificial llamado San Junípero (una realidad virtual que representa un bonito pueblo en una playa de California). El capítulo es sublime y quizá escriba un día una entrada dedicada plenamente a él porque la temática lo merece: la posibilidad de un Cielo para ateos, de una eternidad de verdad.

Pero hoy voy a hablar de un tema recurrente en el blog: el minduploading o los problemas filosóficos que hay detrás suyo. La cuestión crucial es: Si mueres y decides ir a San Junípero, ¿serás tú el que realmente estás allí o será una mera copia de ti mismo? Este era exactamente el mismo problema del teletransportador (lo tratamos aquí, aquí y aquí), que remite al viejísimo problema de la identidad personal: ¿qué es lo que realmente hace que yo sea yo mismo y que, por lo tanto, tengo que llevarme necesariamente a San Junípero aunque se me olvide todo lo demás?

El matemático sueco Olle Häggström plantea el asunto de forma original. Supongamos que tenemos una máquina de teletrasportación que me lleva desde mi casa a Nueva York porque tengo allí una importante reunión de trabajo el jueves. ¿Me fiaría de subirme al teletransportador? ¿Sobreviviré al viaje o moriré y una copia de mí mismo ocupará mi lugar? Häggström distingue dos tipos de supervivencia:

σupervivencia: yo σobrevivo hasta el jueves si ese día existe una persona que tiene los mismos rasgos de personalidad, los mismos recuerdos, etcétera, que tengo yo hoy (permitiendo ciertos cambios correspondientes a lo que se considera normal en el transcurso de varios días).

Σupervivencia: yo Σobrevivo hasta el jueves si (a) σobrevivo hasta el jueves, y (b) se mantiene cualquier propiedad necesaria para que el tipo que llega a Nueva York siga siendo realmente yo (en comparación con una copia mía).

Después se pregunta cuál será esa propiedad (la llamaremos Σ) que diferencia los dos tipos de supervivencia. Propone como candidata la CBTST (Continuity of my Body’s Trayectory though Space-Time): yo sigo siendo yo mismo si, en el caso de una teletransportación, mi cuerpo es trasportado de alguna manera del punto de origen al de destino (Téngase en cuenta de que esto sería imposible para San Junípero ya que nuestro cuerpo habría muerto). Supongamos que existe una especie de súpercable que puede transportar todos mis átomos desde mi casa a Nueva York y, allí, el teletransportador reconstruirá por completo mi cuerpo. El teletransporte sería solo “empequeñecerme” para meterme en un cable para luego volver a “agrandarme”.

Sin embargo, la CBTST no convence a Häggström: los átomos no tienen identidad. Si yo cojo ahora mismo y construyo átomo a átomo a otro Santiago absolútamente idéntico a mí: ¿qué hay en cualquiera de los dos que haga que uno sea yo y que otro sea una copia? Si somos materialistas no podemos aceptar nada, y Häggström propone recurrir a la práctica navaja de Ockham: si no encontramos Σ por ningún lado, lo más probable es que no exista Σ. Por lo tanto, σobrevivir es exactamente lo mismo que ∑obrevivir. La teletransportación es segura y San Junípero es posible.

No obstante, creo que Häggström resuelve el tema muy rápido y con demasiada superficialidad. Su solución no resuelve, para nada, el problema del teletransporte no destructivo (que él mismo plantea también unas páginas antes). Supongamos que yo me teletransporto a Nueva York de la siguiente forma: la máquina teletransportadora realiza un súperpreciso escáner de mi cuerpo, después lo destruye, manda la información a Nueva York y allí, siguiendo las instrucciones recibidas, construye un ser idéntico al que había al otro lado. Según Häggström aquí no habría problema alguno: el teletransporte habría sido un éxito y yo seguiría siendo yo mismo (σ es igual a Σ). Sin embargo, ese día ocurre un problema y la máquina encargada de destruir mi cuerpo en el punto de salida se avería, de modo que no lo destruye. Entonces se da el caso de que existen dos santiagos, uno aquí y otro en Nueva York ¿Cuál de ellos soy yo? ¡Los dos! ¡Pero eso es imposible!

Desde mi perspectiva, Σ es la sentience, es decir, la capacidad de sentir en primera persona lo que me pasa. Yo sigo siendo yo mismo si cuando me pellizcan, yo, y ninguna otra persona o copia mía, siente ese dolor.  Pero también creo que esa capacidad es un fenómeno natural tan físico-químico-biológico como la digestión o la circulación de la sangre. Pero entonces, ¿cómo es posible que si hacen una copia idéntica a mí, ésta no tenga también la misma sentience que yo? Mi respuesta es que Σ es físico-químico-biológico pero, es una función, propiedad o proceso que tiene la cualidad de ser personal e intransferible. Es, por así decirlo, de un solo uso. Si creamos una copia, aunque sea idéntica a mí, crearemos sentience, pero una sentience diferente a la mía.

Sería algo así como la ubicación espacial de cada uno. Dos objetos pueden ser exactamente iguales pero su ubicación espacial siempre ha de ser diferente. Igual pasa con Σ: dos personas pueden ser materialmente iguales pero su Σ siempre ha de ser diferente. Si me duelen las muelas solo me duelen a mí y a nadie más. Podríamos hacer que otra persona sintiera exactamente mi mismo dolor de muelas pero, aún así, cada uno sentiría el suyo. No atino a entender cómo podría ser una consciencia global en el que nos fusionásemos todos ya que, precisamente, consciencia y global son dos términos antagónicos. Si todos nos fusionásemos en una consciencia global lo único que ocurriría es que cada una de nuestras individualidades sería absorbida por una consciencia dominante que sería, a fin de cuentas, la única consciencia existente.

Otro ejemplo: pensemos en dos videocámaras materialmente iguales que se ponen a grabar diferentes paisajes. A pesar de ser materialmente idénticas la película que filman es diferente. Pues, sencillamente, ∑ es lo que están grabando. Si yo cojo y hago una copia exacta de una de ellas con toda la película grabada hasta entonces y la pongo de nuevo a grabar, al ser ya la película diferente habría creado un nuevo Σ.

Aunque no es una gran respuesta a nivel explicativo (ya que sigue sin explicar casi nada de lo que es Σ) creo que es esencialmente correcta: salva el naturalismo, sortea el problema del teletransporte no destructivo, y hace lo que toda respuesta filosófica ha de hacer: aportar algo de claridad aunque sea tenue. Eso sí, la conclusión no gustará mucho a los amigos de la AI: no te teletransportes si no quieres morir y San Junípero estará lleno de tristes copias de muertos.

Estamos en el siglo XXIV y ya tenemos la suficiente tecnología para realizar la teletransportación a escala humana. Pensemos en una máquina como la siguiente: por un lado tenemos un cañón-lector que se encargaría de leer una a una la posición de todos y cada uno de los átomos de la persona a la que queremos teletransportar. Para hacer esto necesitaríamos, claro está, un supercomputador que ríanse ustedes de éste. A la vez que va leyendo, el cañón-lector va desintegrando uno por uno todos y cada uno de los átomos de la persona a teletransportar.

Después, toda la información almacenada se transmite por cualquier medio de transmisión de información a distancia que se haya inventado en el siglo XXI a un cañón-reproductor, el cual volvería a reconstruir átomo a átomo a nuestro televiajero. Del mismo modo, el cañón-reproductor dispondría de un almacén de materia, donde estarían los átomos necesarios para construir a un ser humano exactamente igual al que está al otro lado del cañón-lector. La cuestión es: ¿La persona reproducida por el cañón-reproductor sería la misma que la desintegrada por el cañón-lector? ¿O quizá habríamos matado a una y generado a otra completamente nueva que no tiene nada que ver con la anterior a pesar de parecerse mucho? ¿Nos fiaríamos de viajar en este novedoso medio de transporte?

La cuestión es difícil y depende de cómo definamos qué es un individuo tendremos una u otra respuesta. Por un lado, si pensamos que el sujeto es mera información independientemente del sustrato que la albergue tal y como piensan muchos pensadores de la AI, la respuesta sería que no pasa nada, el individuo es el mismo ya que el nuevo sujeto contiene exactamente la misma información que el viejo, de modo que el teletransportador es plenamente fiable y seguro. Pero por otro, si pensamos que el sujeto no es independiente de la materia de la que está hecho, el viejo sujeto habría sido asesinado ya que el nuevo está hecho de una materia completamente diferente. Y, en tercer lugar, si pensamos que el individuo es algo más que materia e información, con toda evidencia, también habríamos matado al viejo sujeto, ya que no sabríamos reproducir ese “algo más” que lo constituye.

El segundo caso (pensar que la materia sí importa) podría solucionarse si nuestro cañón-lector no destruyera la materia, sino que, mediante un “supercable”, transportara todos los átomos del viejo individuo al nuevo. Sin embargo, el problema puede retorcerse un poquito más haciéndose más interesante: pensemos que el cañón-reproductor no sólo puede reproducir una copia del sujeto a teletransportar, sino que puede realizar varias. Teóricamente no hay problema: dispone de toda la información y en su almacén de átomos hay más que suficientes. Supongamos que  yo soy el atrevido viajero y que se realizan siete copias de mí mismo… Habría siete santiagos al otro lado del cañón-reproductor. La pregunta ahora se vuelve mucho más inquietante… ¿Quién de esos siete soy yo? En este sentido la opción de que somos algo más que materia e información cobra fuerza… Parece lógico pensar que yo he muerto y que mis siete copias son siete nuevos santiagos con autoconciencias totalmente diferentes a la mía.

De todas formas no tenemos que tener demasiado miedo. La posibilidad de crear semejante máquina parece remota incluso para el siglo XXIV. El físico Lawrence Krauss dice:

Para construir un teletransportador, habría que calentar la materia a una temperatura un millón de veces superior a la del centro del Sol, emplear en una sola máquina más energía que la que utiliza la humanidad en este momento, contar con telescopios de un tamaño mayor que el de la Tierra misma, mejorar las computadoras en un factor de mil billones y evitar las leyes de la mecánica cuántica.

Addendum del 21-7-2016: acabo de descubrir a Derek Parfit, filósofo británico que ha tratado en profundidad el tema de la identidad, partiendo además, del mismo ejemplo de la teletransportanción en su espléndida obra Razones y personas (a partir del capítulo 10).