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Quiero hacer una gran fiesta en mi casa y para ello cuento con la inestimable ayuda de mi robot doméstico DOMOT 9000. Necesito que mi fiesta acabe por ser una especie de gran orgía, por lo que cuando le mando a DOMOT que haga la lista de invitados, le incluyo el requisito de que invite únicamente a mis amigos que sean solteros. Entonces recurre a su base de datos y manda invitaciones a mis amigos solteros de la siguiente manera:

Arturo ha vivido feliz con Alicia durante los últimos cinco años. Tienen una hija de dos años llamada Mónica y nunca se han casado ni por lo civil ni por la Iglesia. Enviar invitación a Arturo, a Alicia y a Mónica.

Wilson es un inmigrante colombiano sin papeles que decidió casarse con mi amiga Bárbara para librarse de ser deportado. De todas formas, nunca han vivido juntos. Han tenido numerosas parejas y proyectan anular su matrimonio tan pronto como encuentre a alguien con quien quieran casarse. NO enviar invitación a Wilson ni a Bárbara.

Rebeca es mi entrañable vecina, una mujer de noventa y cinco años que nunca ha conocido varón y vive junto con seis gatos. Enviar invitación a Rebeca.

Julia y Luis son hermanos y tienen quince años, viven en casa de sus padres y cursan segundo de la ESO. Enviar invitación a Julia y a Luis.

David tiene diecisiete años. Se marchó de casa a los trece, y abrió un pequeño negocio. En la actualidad es un empresario de éxito que vive como un playboy en su dúplex. Enviar invitación a David.

Lorena una ferviente católica profesora de religión. Ha decidido llegar virgen al matrimonio y es muy firme siguiendo sus convicciones y compromisos religiosos. Enviar invitación a Lorena.

Marta y Elisa son una pareja de homosexuales que viven juntas desde hace muchos años. Enviar invitación a Marta y a Elisa.

Andrea es una joven de veinticinco años sin pareja muy atractiva y muy promiscua. La conozco de sólo hace unos días y me cae muy bien. No podría decir que es mi amiga aunque si la conociera más estoy seguro de que acabaríamos por ser grandes amigos. NO enviar invitación a Andrea.

A Faisal, la ley de su país natal, Abu Dabi, le concede la posibilidad de tener tres esposas. En la actualidad tiene dos y está interesado en conocer a otra potencial consorte. NO enviar invitación a Faisal.

Jaime y Lucía son actores porno. Llevan casados desde los veinte años y llevan una relación de lo más liberal, estando abiertos a relacionarse sexualmente con mucha más gente. NO enviar invitación a Jaime y a Lucía.

El padre Matías es sacerdote de la Iglesia católica. Enviar invitación al padre Matías.

Eva aún no ha nacido. Es un embrión de trece días. ¿Envíar invitación a Eva? ERROR, ERROR… Entonces DOMOT 9000 se queda colgado.

(Lista basada en una elaborada por Terry Winograd)

En fin, confiando en mi robot, me pongo mis mejores galas y espero a que vengan mis invitados con la esperanza de celebrar la fiesta sexual más salvaje de los últimos tiempos. Para mi desagradable sorpresa me encuentro con una pareja con una hija, una anciana, tres menores de edad, una  mojigata profesora de religión, dos lesbianas muy enamoradas y un cura. Por contra, mis amigos más promiscuos no han sido invitados: Wilson, Bárbara, Andrea, Faisal, Jaime y Lucía. Tras unas aburridísimas dos horas y después de intentar, sin éxito, ligarme a la catequista (la cual terminó por darme un bofetón), la gente se fue de mi casa con cara de pocos amigos. ¡Jamás volveré a confiar en DOMOT 9000!

¿Qué ha ocurrido? ¿Por qué el robot siguió tan mal mis instrucciones? Es que nuestro robot seguía de modo literal una teoría referencialista del lenguaje. En ella cada concepto se refiere a una extensión de objetos que comparten una característica común, ignorando cualquier otro elemento. La palabra “soltero” tiene de extensión todos aquellos individuos no casados  por la Iglesia o por lo civil, de modo que menores de edad, ancianos, curas, etc. entrarían dentro de su dominio. Su error a la hora de organizar la fiesta es una prueba de que la teoría referencialista del lenguaje defendida por los autores del Círculo de Viena siguiendo el Tractatus de Wittgenstein no se adecua perfectamente a lo que realmente es el lenguaje. Para comunicarnos lingüísticamente entran en juego un montón de elementos que van más allá de las meras definiciones (muchos de ellos incluso extralingüísticos: gestos, entonaciones, conocimiento de intenciones, etc.). En este caso entra lo que podemos denominar genéricamente como contexto o, dicho de otro modo, lo que llamaríamos sentido común. A DOMOT 9000 le faltaba información previa, a saber, que además de amigos solteros, yo necesitaba que estuvieran sexualmente disponibles. Le faltaba algo que al ser humano más estúpido no le falta: leer un poquito entre líneas.

Es por esto que la filosofía analítica acabó dando un giro hacia teorías pragmatistas del lenguaje, es decir, teorías que tuvieran en cuenta todos los factores que la praxis del lenguaje ordinario sí tenía en cuenta. Del mismo modo, desde las ciencias de la computación, se construyeron sistemas basados en conocimiento o sensibles al contexto intentando, todavía con poco éxito, emular algo paradójicamente tan complejo como el sentido común humano.

Terry Winograd es el genio de la informática que diseñó SHRDLU, un programa que, allá por finales de los 60, era capaz de una notable comprensión del lenguaje. Con un entorno muy simplificado (lo que desde entonces se ha llamado mundo de bloques), podría realizar múltiples interacciones (coger un cono y ponerlo entre el cubo y la pirámide) obedeciendo mandatos lingüísticos (SHRDLU, coge el cono y ponlo entre el cubo y la pirámide). Se le podía preguntar sobre el historial de acciones y la justificación de su conducta. Un ejemplo de conversación que muestra los poderes de este programa sería (en cursiva las respuestas de SHRDLU):

¿Puede una pirámide sostener otra pirámide?

No lo sé.

Apila dos pirámides

(SHRDLU lo intenta y fracasa). No puedo.

La pirámide azúl es mía.

Entiendo.

Yo poseo los bloques que no son rojos pero no poseo nada que sostenga una pirámide.

Entiendo.

¿Poseo la caja?

No

¿Poseo algo que esté dentro de la caja?

Sí, dos cosas: el bloque azul y la pirámide azul.

¿Hay algo que sea mayor que cualquier pirámide que no sea tan ancho como la cosa que lo sostiene?

Sí, el bloque azul.

¿Sostiene algo verde la cosa más corta que sostiene el soporte de la pirámide más alta?

Sí, la pirámide verde.

¿De qué color es?

Supongo que te refieres a la cosa más corta que sostiene el soporte de la pirámide más alta. Rojo.

Una torre.

Lo siento, no conozco la palabra torre.

Una “torre” es un apilamiento que contiene dos cubos verdes y una pirámide.

Entiendo.

¿Hay alguna torre ahora?

No.

¿Puedes apilar, por favor, los dos bloques rojos y un cubo verde o una pirámide?

De acuerdo (SHRDLU hace lo que le ordenan).

[…]

¿Has tocado alguna pirámide antes de poner una sobre el bloque verde?

Sí, la verde.

¿Cuándo la cogiste?

Cuando estaba apilando un cubo rojo, un cubo verde grande y un bloque rojo grande.

¿Por qué?

Para quitarla.

¿Por qué hiciste eso?

Para despejar el cubo rojo.

[…]

¿Por qué hiciste eso?

Porque me lo pediste tú.

Extraído de Jack Copeland, Inteligencia Artifical

Una conversación tan impresionante auguraba que en unos pocos años tendríamos máquinas que pasaran con creces el Test de Turing, e innegable inteligencia artificial a la vuelta de la esquina. ¡Si parece que estamos conservando con HAL 9000! ¿Qué pasó entonces? ¿Por qué no estoy ahora mismo charlando de la crisis con mi tostadora? SHRLDU se movía bastante bien en su micromundo. Se pensó que lo único que había que hacer era ir aumentando progresivamente la complejidad de ese mundo hasta hacerlo tan grande y complejo como el nuestro. Pero aquí estuvo el gran problema: la complejidad de multiplica exponencialmente, no siendo nada fácil pasar de un mundo de simples formas geométricas a la realidad humana. El mundo simbólico del hombre es insondablemente más complicado de lo que nadie pudiese imaginar. Pero es más, ¿y si no sólo fuera muy complejo de la forma en que progresivamente, con arduo y lento trabajo, podamos acercarnos a él, sino que fuera insuperablemente complejo? SHRDLU es un programa trivial si lo comparamos con un ser humano enfrentándose a la realidad y, sin embargo, su creador Terry Winograd, a pesar de poseer un grandísimo talento para la programación, confesaba:

El código presenta una masa densa, con pocos asideros. Incluso yo, que he escrito el programa, me encuentro cerca del límite de lo que puedo retener en la cabeza. Después de abandonarlo unos pocos meses, es muy difícil responder a las preguntas sobre partes específicas, o anticipar los efectos de cambios propuestos.

Y es que el cerebro humano tiene una cantidad tan grande de conexiones sinápticas, su complejidad es tal que, ¿nadie se ha planteado la posibilidad de que sea imposible sin más tener un modelo matemático de él? ¿Nadie se ha planteado la, desalentadora sin duda, idea de que hay cosas que nuestra limitada capacidad intelectual no podrá hacer? Yo no puedo memorizar dos millones de números. Si para diseñar tal o cual ingenio hace falta memorizarlos… ¿no será que no puedo y punto? ¿No existirá un límite Winograd para llegar a comprender o descubrir ciertas cosas?

Los del CYC ahí siguen, insensibles al desaliento.