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Cube de Vincenzo Natali

SI AÚN NO HAS VISTO LA PELÍCULA NO SIGAS LEYENDO

Siete personas despiertan en un extraño complejo lleno de  habitáculos con forma de cubo. Nadie sabe como ha llegado allí pero pronto se dan cuenta de que en muchos de esos cubículos hay trampas mortales. ¿Qué hacer? ¿Cómo escapar de este complicado y letal laberinto? Hay pistas, hay claves y ninguno de ellos ha sido elegido al azar. De hecho, podemos hacer una historia de la filosofía a partir de los personajes:

Alderson (Julian Richings): muere nada más comenzar la película. Simplemente, despierta en un habitáculo y, al moverse al siguiente sin saber que hay trampas, se tropieza con la primera. Quizá representa el mero azar, el sinsentido, morir sin más. Cinematográficamente, presenta el dilema: un cubo con seis salidas, una por cada cara, que dan a más cubos, alguno de los cuales tiene trampas mortales.

Rennes (Wayne Robson): también conocido como el  “troglodita” o el “pájaro de Ática”. Es un experto escapista que se ha fugado ya de siete cárceles. Representa el pragmatismo.

“Sí, soy la reencarnación de Houdini. Os he arrastrado hasta aquí porque necesito vuestras botas. Sed inteligentes o me largaré en un visto y no visto. Basta de hablar, basta de especular. No penséis en nada que no tengáis delante de vosotros. Ese es el auténtico desafío. Tenéis que salvaos de vosotros mismos”

Después de decir este elocuente discurso muere víctima de una trampa que no supo detectar. Su muerte significa el fracaso de esta filosofía: para salir del cubo hace falta especular, pensar más allá de lo que uno tiene delante.

Worth (David Hewlett): es el nihilismo. Un arquitecto que lleva una vida solitaria y miserable. No tiene razón alguna para salir de allí, por lo que se muestra poco colaborativo. Quentin desmonta su nihilismo al proponerle que, ya que no tiene ganas de vivir, se suicide lanzándose a una trampa. Worth, evidentemente, no lo hace. Sin embargo tiene una gran lucidez (como suelen tenerla los grandes nihilistas): es el único que entiende el sentido del cubo. Curiosamente, se acabará llevando bien con Holloway.

Leaven (Nicole de Boer): joven y aburrida estudiante de matemáticas, tiene un cerebro privilegiado para los números (aunque para nada más. No propone ninguna teoría global que de sentido al cubo). Representa la razón instrumental. Descifra el acertijo numérico del sistema (le han dejado las gafas para ello) pero desprecia a Kazan por ser retrasado (la inteligencia es fría, inhumana) y tiene una buena relación inicial con el poder (Quentin).

Holloway (Nicky Guadagni): médico de indigentes y solterona. Representa el humanismo y es el contrapeso de Quentin en el liderazgo del grupo (por eso acaba con ella). Es la única que se preocupa por Kazan y consigue que no lo abandonen, aunque es conspiranoica  en sus explicaciones del cubo, es materialista (se enfada porque le han quitado sus joyas), cotilla y algo insoportable.

Todos participamos en la creación del cubo

Quentin (Maurice Dean Wint): violento y policía, maltrata a su mujer y a sus hijos (por eso ella le dejó). Va a representar el voluntarismo. En un principio, ejerce de líder positivo del grupo, tranquilizando, animando a los demás y contando con ellos para tomar decisiones, pero poco a poco, irá degenerando para terminar siendo un dictador ejemplar. Comienza desconfiando de Worth (piensa que es una trampa más) porque se presupone con la habilidad de conocer profundamente a la gente con solo mirarla, y enfrentándose a Holloway por el liderazgo, la golpea. A partir de aquí ya sabemos quién es el malo (“Una hora será el tiempo que yo diga”). Al final, asesina a Holloway, a Leaven y deja malherido a Worth.

Kazan (Andrew Miller): clásico savant, autista capaz de realizar cálculos con números astronómicos. Es despreciado por Leaven y Quentin (“Es la ley de la selva. Él pone en peligro la manada” . Los nazis practicaron el darwinismo social), y sólo Holloway se encarga de él. Podemos decir que es el único personaje que no alberga maldad y que no pretende intencionalmente salvarse, aunque es el único que lo consigue (y quizá eso es la causa como moraleja). No deja de ser curioso: escapa el único que no puede comunicar al mundo dónde ha estado (el ser es incomunicable, que diría Gorgias). Kazán sale de la caverna pero no puede volver a salvar a sus semejantes porque ya han muerto. Es el mito platónico invertido: los que ven mueren dentro de la caverna mientras que el ciego escapa. El más tonto escapa… ¿significa eso el fracaso de toda filosofía, representada por los demás personajes, para ofrecernos la salvación? ¿Algún tipo de misticismo? La salida, representada simplemente como una luz cegadora puede indicarnos algo así: la iluminación como final del camino.

¿Qué es el cubo? ¿Qué sentido tiene todo? Quentin piensa que puede ser el divertimento de algún rico excéntrico, idea de la que se burla Holloway, la que aboga más por una conspiración estatal.  Pero la verdad la tiene Worth. Él fue el arquitecto que diseñó el armazón exterior del cubo y explica el sentido de todo:

“Worth: es posible que te cueste entenderlo. No existe ninguna conspiración. No hay nadie que mande. Es una patochada sin píes ni cabeza que funciona bajo la ilusión de un plan maestro ¿Lo entiendes ahora? El gran hermano no te está vigilando.

Quentin: ¿Se puede saber qué explicación es esa?

Worth: La mejor que recibiréis. He estado pensando y la conclusión a la que he llegado es que allí arriba no hay nadie.

Quentin: Sin embargo alguien tuvo que aprobar esta cosa.

Worth: ¿Qué cosa? Sólo nosotros la conocemos.

Quentin: No tenemos ni idea de lo que es.

Worth: Sabemos más que cualquier otro. En fin, quizá alguien supiera algo antes de irse, de que le despidieran o le rechazaran, pero si esto tuvo algún propósito se tergiversó o se perdió en la confusión. Esto es un accidente, tal vez un proyecto olvidado de obras públicas ¿Creéis que alguien quiere preguntar? Lo único que desean es una conciencia tranquila y un sueldo elevado. Yo estuve meses sin mover ni un solo dedo. Era un trabajo estupendo.

Quentin: ¿Por qué nos metieron aquí?

Worth: se creó. O lo utilizas o reconoces que es inútil.

Quentin: pero… ¡claro que es inútil!

Worth: Quentin, ahí quería llegar.

Holloway: ¿En qué nos hemos convertido? Es mucho peor de lo que imaginaba.

Worth: en realidad no. Sólo es más patético.

Quentin: me pones enfermo Worth.

Worth: yo también me pongo enfermo. Los dos somos partes del sistema. Yo proyecté la caja y tú hacías la ronda. Es como dijiste: baja la cabeza, simplifícalo todo y sólo mira lo que tengas delante porque nadie quiere ver todo el cuadro. La vida es complicada. En fin, la razón por la que estamos aquí es que todo está descontrolado.

Holloway: ¿Así es como estropeamos el mundo?

Leaven: Vamos, ¿qué dices? Acaso habéis esnifado pegamento toda la vida. Siento que soy culpable por estropear el mundo desde que tenía siete años. Dios, si necesitas culpables lanza la primera piedra.

Worth: me siento mejor.

Holloway: por eso te has quedado, para confesarte.

Worth (mirando a Quentin): ¿sigues buscando algún culpable?”

Inmediatamente después Quentin golpea repetidamente a Worth. El desorden, el caos de nuestra forma de ser, el descontrol de nuestro estilo de vida, acaban paradójicamente, por crear una máquina sumamente sofisticada. Al final, el cubo que llevaba a la salida es el cubo en el que estaban al principio (ya que los habitáculos se mueven). ¿La solución del puzzle estaba en no hacer nada  (muerte del deseo, filosofía oriental)? ¿O en la sempiterna vuelta al origen?

Nota: la película tiene dos secuelas, pésimas ambas. Sólo aptas si eres fan de la serie B o por mera curiosidad.

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