¿Mi libro tiene estados mentales?

Publicado: 1 febrero 2010 en Filosofía de la mente
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Brentano tuvo una ingeniosa idea para clarificar la compleja diferenciación entre objetos físicos y objetos mentales, a la que llamó intencionalidad. Que un objeto sea intencional quiere decir que una de sus características es la de referir o apuntar a algo. Cuando yo pienso que “Brentano inventó una teoría”, mi pensamiento tiene la característica de ser intencional, a saber, de referirse a algo, concretamente a la circunstancia de Brentano inventando una teoría. Por el contrario, los objetos físicos no refieren a nada, son directamente ellos mismos sin necesitar referir a nada para existir. La piedra es, sin más, no apunta a nada.

Sin embargo, la cosa no es tan sencilla y lo que, a priori, parece una definición clarificadora quizá acaba, a posteriori, por oscurecerlo todo. En primer lugar, ¿todos mis estados mentales apuntan a algo? Es que en mi mente no sólo hay “pensamientos sobre algo” sino también, por ejemplo, emociones. Cuando yo sufro dolor, parece que el sufrimiento no refiere a nada fuera de él, tiene tanta entidad como cualquier objeto físico. Es muy probable que en mi mente haya muchas cosas que no son puramente intencionales (sensaciones, sentimientos, automatismos, etc.), por lo que la distinción de Brentano no es suficiente. Pero es que si nos vamos al mundo físico o, como mínimo, extramental, también encontramos objetos no humanos cuya naturaleza es probablemente intencional. Es el caso de los libros: cualquier texto apunta hacia algo pues la naturaleza de la escritura, al ser simbólica, suele referirse a cosas que no son ella misma… ¿tendría mi libro estados mentales?

No, qué disparate, podríamos decir. El libro no es consciente, necesita un lector para “activar su intencionalidad”. Sí pero, ¿y si existieran pensamientos inconscientes? Si fuera así, la consciencia no sería requisito para ser estado mental. ¿Qué diferenciaría entonces mis estados mentales de los del libro? No, de nuevo, el libro no tiene pensamientos, ni conscientes ni inconscientes… ¿pero no habíamos dicho que lo que definía al pensamiento era la intencionalidad? El libro es intencional… ¿piensa o no?

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comentarios
  1. Peri dice:

    Hola Santiago, en “La nueva mente del emperador” Penrose comenta lo siguiente:
    “Hofstadter imagina un libro, de proporciones absurdamente monstruosas,
    que se supone contiene una completa descripción del cerebro de Albert Einstein. Cualquier pregunta que uno pudiera plantear a Einstein podría ser respondida, exactamente igual que lo hubiera hecho Einstein en vida, simplemente hojeando el libro y siguiendo cuidadosamente todas
    las instrucciones detalladas que proporciona. Por supuesto, “simplemente” es una palabra totalmente inadecuada, como Hofstadter se cuida en señalar. Pero su tesis es que en principio el libro es exactamente equivalente, en el sentido operacional de la prueba de Turing, a una versión ridículamente disminuida del Einstein real. Así, según las opiniones de la IA fuerte, el libro pensaría, sentiría, entendería, sería consciente, exactamente como si fuera el propio Einstein, pero viviendo en cámara lenta (de modo que para el Einstein libro el mundo externo parecería discurrir como una exhalación a un ritmo ridículamente acelerado). De hecho, ya que se supone que el libro es simplemente una particular encarnación del algoritmo que constituía el “yo” de Einstein, realmente sería Einstein.”
    Las reflexiones de Hofstadter las tienes en “Conversación con el cerebro de Einstein” (en el libro “El ojo de la mente”, Dennett, Hofstadter,Ed. Sudamericana, 1983)
    Un saludo.

  2. Hola Peri.

    Gracias por el texto, hubiera quedado genial en la entrada original.

    No obstante, y por meterme con Penrose, creo que su argumento para criticar el modelo computacional de la mente no es adecuado (que es el de la caja china de Searle). En primer lugar, habría que esclarecer qué tipo de algoritmos e instrucciones tiene que seguir el lector para que Einstein-libro conteste a todas las preguntas (presuponerlas sin más es una argucia retórica), pues hay está la clave de lo que es la inteligencia humana. Y, en segundo lugar, Einstein-humano no es sólo un respondedor de preguntas, hace muchas más cosas que Einstein-Libro no puede hacer, por lo que no podemos establecer la igualdad entre ambos. El ejemplo, sólo me parece válido para criticar el test de Turing como condición necesaria para que exista conciencia (que es lo que hace Searle).

    Así que dentro de nada seremos reemplazados por libros… ¡Y nadie se daría cuenta! 😉

  3. yack dice:

    Este es un buen ejemplo de la manía de los filósofos clásicos de categorizar la realidad y, claro, al primer análisis serio se pone al descubierto la inutilidad e inconsistencia de la clasificación que han ideado y lo absurdo de su pretensión.

    Podríamos ensayar esta otra definición: Objetos físicos son aquellos que pueden detectarse por medio de agentes observacionales no humanos. Pero tampoco valdría.

    Consideremos el icono de Windows en un tubo crt estropeado que vibra y se distorsiona continuamente, pero que sin embargo es reconocible por la mente humana gracias a sus habilidades extremas de reconocimiento de patrones, aún no compartidas con ninguna máquina. ¿Es ese un objeto real? ¿tiene alguna importancia o utilidad la respuesta?

    Cuando se hacen peguntas tontas, sólo se pueden recibir respuestas tontas.

    En cuanto al libro que contiene la inteligencia de Einstein, si consideramos que el libro es el programa codificado que emula la mente de Einstein (los programas de ajedrez lo son de una región de mente de un jugador) necesitaríamos, naturalmente, una máquina de Turing que lo ejecutara. No apostaría nada contra la interpretación fuerte de la IA.

    Al fin y al cabo el cerebro es un montón de átomos que computan información. El hecho de que todavía no seamos capaces de comprenderlo o reproducirlo en su totalidad no significa que contenga alguna propiedad sobrenatural. Lo que sí sabemos es que los ordenadores asumen, día a día, nuevas funciones que eran privativas de la inteligencia humana.

    Tampoco sabíamos volar hasta el siglo pasado y eso no implicaba que los pájaros tuvieran ningún principio esotérico que les facultara para realizar ese prodigio.

    Saludos.

  4. Hola Jack:

    Yo no tengo tanta animadversión a una disciplina tan venerable como es la filosofía como pareces tener (eres el más positivista de todos los positivistas que rondan este blog 🙂 ). Es cierto que definir algo a priori te traerá problemas, pero es que el intento de Brentano no es un definir por definir arbitrariamente. Algo hay de verdad en que los estados mentales (o algún tipo de ellos) refieren a algo. El concepto de intencionalidad ha sido clave en la filosofía de la mente a lo largo del siglo XX. Aunque yo lo haya tratado como un divertimento, no hay nada de estúpido en el planteamiento de Brentano. Y conocer la naturaleza de los estados mentales no creo que sea algo inútil… ¡bastante avanzaría la AI si lo supiéramos!

    Con lo demás estoy de acuerdo. Yo soy de los pocos (creo que somos minoría) que aceptan las tesis de la AI fuerte. Creo que el hombre conseguirá hacer máquinas pensantes (de hecho ya tenemos máquinas, como bien dices, que emulan perfectamente funciones antes reservadas a lo humano). Y el hecho de que a día de hoy no comprendamos bien ciertos aspectos mentales no nos hace que tengamos que recurrir a “cosas mágicas” como la no-computabilidad de objetos físicos o el libre arbitrio…

    Un saludo.

  5. yack dice:

    Santiago, no sé si soy positivista y qué puede significar eso, pero no me gusta encuadrarme en ningún bando ideológico porque sólo me rijo por mi sentido común y no por el sentido común de ningún gurú o gurúes por muy prestigiosos que me parezcan. Otra cosa es que los escuche con atención antes de tomar mi propia decisión sobre lo que dicen.

    Considero que la filosofía (clásica) fue un intento honesto y loable de comprender la realidad, pero lo que no acepto es que a estas alturas del siglo xxi, se sigan aplicando métodos ya superados por la ciencia, bajo la suposición de que la filosofía clásica puede seguir ignorando los datos objetivos y encerrarse en su mundo hermético de arbitrariedades. Leo con interés la filosofía moderna (Dennet, por ejemplo) en cuanto explicación ordenada que pretende dar sentido, desde el punto de vista de la curiosidad humana, al material que la ciencia saca a la luz.

    En definitiva, creo en la filosofía como afán de comprender y no como la aplicación de un método de pensamiento erróneo e inútil heredado de pensadores prehistóricos, a los que por razón de la época en que surgieron se les podía disculpar y hasta aplaudir.

    Criticaba el intento imposible e inútil de clasificar los objetos en reales y mentales, pero nada más.

    Sobre la intencionalidad se puede hablar mucho y lo considero un tema propio de la filosofía moderna (El azar y la necesidad, es un buen ejemplo). De hecho, todos los seres vivos y los objetos derivados de ellos son intencionales y considero que sería un debate interesante hablar de esa “intencionalidad”.

    Por lo demás, me divierte constatar nuestras coincidencias (con la excepción de pequeñas discrepancias debidas, más que nada, a mis limitaciones narrativas), en la medida que confirman la objetividad de mis creencias. ¿cómo si no se explicaría esa coincidencia?

    Bueno, esto último es discutible. También los marxistas furibundos comparten creencias, pero ello se debe a que leen los mismos textos sagrados.

    Saludos.

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