¿Entre el hombre y los simios hay sólo una diferencia de grado o hay un salto cualitativo? El darwinismo acepta de mala gana cualquier salto y se deleita en su autocomplacencia cuando ve procesos graduales, mientras que desde otras instancias se llenan de júbilo cuando existen saltos ya que eso mostraría de algún modo las carencias del naturalismo y la venida de lo sobrenatural puede entrar de nuevo en el juego.
Si comparamos lo que hace cualquier animal con lo que hace un ser humano encontramos una obvia diferencia cualitativa. Ningún primate pintaría la Capilla Sixtina ni escribiría el Quijote ni enunciaría la Teoría de la Relatividad. Por mucho que estudiemos sus facultades mentales comprobamos que sus habilidades lingüísticas o matemáticas son muy básicas y conseguimos algunos logros tras un largo y arduo entrenamiento que no se da en ningún modo en su entorno natural. El sobrenaturalismo parece, a simple vista, que se anota el tanto. A simple vista…
En primer lugar, esta discusión tiene el problema de la ambigüedad de los términos cuantitativo (preferido por los darwinistas) y cualitativo (preferido por los otros). Si el humano resuelve ecuaciones diferenciales y el primate apenas sabe sumar, vemos una diferencia cualitativa. Para resolver ecuaciones hacen falta procesos mentales muy diferentes a los necesarios para simplemente sumar. Ya está, hay un salto, lo sobrenatural es la única explicación tangible, ¡Aleluya, alabado sea Dios!
No. El argumento no es válido porque, aparte que la distinción cuantitativo/cualitativo es confusa (ambos utilizan unidades discretas), cambios cuantitativos ocasionan cambios cualitativos. Pongamos un ejemplo tonto. Tengo una piedra que pesa un miligramo. La tiro contra una ventana de cristal y rebota sin romper nada. Cojo una piedra de cinco miligramos y repito la operación. El cristal no se rompe. Voy subiendo y subiendo el peso del proyectil hasta que tengo una piedra que pesa cinco gramos con la que, al final, consigo romper el cristal. La rotura del cristal (un cambio cualitativo de su estado) se ha conseguido a partir de una serie de cambios cuantitativos (subir progresivamente el peso). Así pasa constantemente en la naturaleza. Pequeños cambios graduales, ese cincel que es la selección natural, acaban por provocar cambios cualitativos. Las patas de los dinosaurios que valían para caminar, a base de pequeños cambios (o no tan pequeños, nos da igual), acabaron por, en un momento dado, servir para volar. La naturaleza está llena de enormes saltos cualitativos no siendo el hombre el salto, científicamente hablando, más difícil de explicar. La confusa distinción cualitativo / cuantitativo lleva a ocasionar un pseudoproblema.
Apliquemos esto al origen del lenguaje. Existe una enorme diferencia entre el lenguaje humano y el de los animales. En su entorno, no hemos encontrado a día de hoy, nada que se asemeje de modo significativo al lenguaje humano. Es más, algunos etólogos piensan que lo que hay que explicar no es que los simios tengan lenguaje, sino más bien por qué no lo tienen. Pero es que esto sería la problemática en el debate estrictamente científico (en el que se da por presupuesta la evolución por selección natural). Por el contrario, si nos vamos a la cuestión de si el lenguaje tiene un origen natural, fruto de un proceso evolutivo como el de cualquier otra facultad o disposición que encontramos en los animales, las pruebas son apabullantes.
La tabla de la imagen está sacada de Hablar y pensar, tareas culturales de Honorio M. Velasco, catedrático de antropología social. En ella vemos un estudio comparativo entre los lenguajes de distintas especies de primates, la genial bonobo Kanzi y el ser humano. Como vemos, existen una gran cantidad de características que compartimos con los diferentes lenguajes primate (las cuales son menos evidentes con otras especies, como cabría esperar). Sin embargo, vemos como en los primates no se da la producción de lenguaje nuevo y tienen unas enormes dificultades para llegar a desplazamientos totales (hablar de algo que se encuentra lejano en el espacio y en el tiempo). ¿Esto hace el salto entre el lenguaje primate y el humano insalvable? No, este hecho nos lleva a pensar que durante esos seis millones de años en los que nuestro clado se diferenció y los homínidos seguimos nuestro camino y ellos (los póngidos) se fueron por otro, nuestros extintos parientes acabaron por ir desarrollando estas cualidades lingüísticas hasta llegar a las nuestras. Pruebas que nos llevan a suponer esto vienen de diversas fuentes:
1. De la morfología del cerebro y del tracto vocal: nuestro cerebro y el de los primates apenas difiere morfológicamente. No es cierto, como se pensaba, que el humano se distinguiera por el desarrollo excepcional del lóbulo prefrontal y de las áreas de asociación. En el cerebro humano no parecen existir estructuras nuevas, la diferencia parece estar únicamente en el tamaño del cerebro y en la complejidad neuronal (neuronas más grandes con más interconexiones). Haciendo un recorrido por la capacidad craneana de nuestros ancestros más cercanos (ya homínidos) vemos en cualquier manual de bachillerato, un progresivo aumento (en el que se ve un gradualismo muy claro) de la capacidad craneana. Los estudios de Phillip Tobias en moldes de cráneos de Homo Habilis, mostraron un gran desarrollo de las áreas de Broca y de Wernicke, relacionadas profundamente con la comprensión y ejecución del lenguaje. ¿Pudo ser el habilis el primer homínido que tenía un lenguaje muy parecido al nuestro? Vaya, Dios habría elegido a otra especie diferente a la nuestra para poner sus “semillas sobrenaturales”. Realmente, es una lástima el hecho de que seamos el único homínido no extinto. Si aún existiera el Neanderthal la disputa estaría más que zanjada. No somos la especie elegida, en el mejor de los casos, seríamos la familia o el orden taxonómico elegido (Dios no hubiera elegido al hombre como la cumbre de la creación sino a todo un conjunto de muchas especies).
2. Del tamaño de los grupos sociales y del comportamiento social: según han mostrado Dunbar y Aiello, existe una clarísima correlación en los homínidos entre el tamaño del neocortex y el tamaño del grupo. Por ejemplo, mientras que el Afarensis, con una capacidad craneana de 500 cm cúbicos se movía en grupos de unos setenta individuos, el Erectus con 850 vivía en grupos de unos 100 y el Neanderthal con 1500 vivía en grupos de 150 individuos. Igualmente, las investigaciones de Dario Maestripieri con macacos muestran una conducta social de un parecido sorprendente con la humana. La complejidad social y el desarrollo del lenguaje tuvieron que ir de la mano.
3. De la herramentación: tanto los primates como las diferentes especies de homínidos utilizaban herramientas. En los Habilis encontramos elaboración de herramientas de una impresionante precisión técnica (que se irán perfeccionando gradualmente), además de herramientas de segundo grado (herramientas para hacer herramientas) y herramientas almacenadas para futuros usos. Estos hallazgos implican necesariamente habilidades cognitivas tan humanas como la planificación a largo plazo (para la que necesitamos intenciones, valoraciones, representaciones mentales, memoria, control del tiempo…). Si tenemos representaciones, estamos en el mundo de lo simbólico. La conexión con el lenguaje es más que patente.
¿Alguien duda del origen natural del lenguaje? Ni Kanzi lo haría.



























