William Sansom en A Contest of Ladies nos describe a Preedy, un tipo normal y corriente que comienza sus vacaciones en el Mediterráneo:
Pero, de todos modos, se cuidó muy bien de encontrarse con la mirada de alguno. En primer lugar, tenía que dejar bien sentado ante esos posibles compañeros de vacaciones que ellos no despertaban el menor interés en él. Miraba fijamente a través de ellos, alrededor de ellos, por encima de ellos – los ojos perdidos en el espacio -. La playa podría haber estado vacía. Si por casualidad se cruzaba una pelota en su camino, la observaba sorprendido; entonces una sonrisa divertida le iluminaba el rostro (Preedy Bondadoso), miraba a su alrededor deslumbrado al ver que había gente en la playa, la lanzaba de vuelta sonriendo para sí (no a la gente), y luego reanudaba como al descuido su impasible exploración del espacio.
Pero era el tiempo de hacer una pequeña exhibición, la exhibición del Preedy Ideal. Mediante tortuosos manejos daba la oportunidad de ver el título de su libro a todo aquel que lo deseara – una traducción de Homero al español, clásico en este caso, pero no atrevido, cosmopolita también – y luego recogía su bata de playa y su bolso en una prolija pila a prueba de arena (Preedy Metódico y Sensato), se levantaba en forma lenta para estirar a sus anchas su enorme figura (el Gran Gato Preedy), y echaba a un lado sus sandalias (Preedy Despreocupado, después de todo).
¡Las nupcias de Preedy y el mar! Había rituales alternativos. El primero implicaba el paseo que se torna carrera y zambullida directa en el agua, para suavizarse después en fuerte crol sin chapoteo, hacia el horizonte. En forma bastante súbita, se volvería de espaldas y batiría las piernas, arrojando grandes salpicaduras blancas y mostrando así de algún modo que podría haber nadado más lejos si lo hubiera deseado; luego se pararía sacando un cuarto de su persona fuera del agua para que todos vieran de quién se trataba.
El curso de la acción alternativo era más simple, evitaba el choque de agua fría y el riesgo de parecer demasiado brioso. El objeto era parecer tan acostumbrado al mar, al Mediterráneo, y a esta playa en particular, que era lo mismo estar en el mar que fuera de él. Involucraba una lenta caminata hasta el borde del agua – sin darse cuenta siquiera de que tenía los dedos mojados, ¡tierra y agua eran lo mismo para él! – con los ojos elevados al cielo gravemente, investigando portentos del tiempo invisibles a los otros (Preedy Pescador Nativo)”.
¿No es la vida misma? ¿No somos todos un poco Preedy? ¿No es la vida un poco como un teatro en el cual hacemos nuestra representación? ¿No estamos siempre un poco intentando aparentar lo que no somos pero quisiéramos ser? ¿No, a fin de cuentas, aparentamos más que somos? O, nos ponemos serios: ¿No sólo aparentamos? Preedy en ningún momento es él mismo o, mejor dicho, su forma de ser él mismo es precisamente no siéndolo: es aparentar, mentir. Si pensamos que nosotros vivimos según un superego regulativo y nos comportamos siempre conforme a él… ¿cuándo nos comportamos realmente como somos? ¿O es que no hay un somos sino sólo un queremos ser?




















