El, tan temido para las embarazadas, virus de la toxoplasmosis tiene su ciclo sexual dentro del intestino de los gatos. De allí sale en las heces en forma de millones de resistentes ooquistes que esporulan haciéndose infecciosos para cualquier animal que los ingiera. El objetivo de todo toxo es continuar con su ciclo vital, volviendo de cualquier forma al intestino de un gato. El neurólogo Robert Sapolsky (autor, por cierto, del muy recomendable ¿Por qué las cebras no tienen úlcera?) nos cuenta la curiosa estrategia que perpetran para conseguir volver al añorado intestino gatuno: control mental.

Como no podía ser de otra manera los ratones tienen inscrito a fuego en su código genético que deben tener miedo a los gatos. Si a una rata de laboratorio le introduces un poco de orina de gato en la esquina de su jaula, se irá rápidamente hacia la otra. Pero, si la rata está infectada con el Toxo, no sólo no se irá a la otra esquina, sino que se acercará a la orina. La rata infectada habrá perdido el miedo a los gatos, con lo que la probabilidad de acabar en el estómago de alguno crece exponencialmente. Entonces, ¿el virus vuelve chifladas a las ratas? No, su control mental es muy específico. Los sujetos infectados tienen un olfato, un comportamiento social, un aprendizaje y una memoria completamente normales. ¿Les ha sido afectado su sistema del miedo o la ansiedad? No, las ratas infectadas siguen teniendo el miedo innato a las luces brillantes propio de especies de hábitos nocturnos. El toxo sólo ha controlado un aspecto muy, muy concreto: el miedo a los gatos. Y nada más. Los estudios de Sapolsky demostraron que el virus invade todo el cerebro pero se concentra en ciertas zonas de la amígdala (zona del cerebro dedicada a las emociones) y destruye unas ramificaciones neuronales muy específicas encargadas de la aversión a los gatos. Pero es que lo más asombroso es que no sólo hace eso sino que también crea la atracción a la orina de gato. Cuando la rata la percibe su circuito de la excitación sexual se activa. Si se tienen machos infectados largo tiempo conviviendo con orina gatuna, les crecen los testículos. Alucinante, un virus que hace que los ratones se pongan cachondos con los gatos.

Si analizamos el genoma del toxo encontramos dos versiones del gen llamado tirosina hidroxilasa (la enzima crítica para la producción de dopamina). Es decir, tenemos un protozoo que tiene en su ADN el gen mamífero para producir el neurotrasmisor del castigo y la recompensa. Nada más. Analizando todo su genotipo no hay ningún otro generador de otro tipo de neurotransmisores. Es alucinante este tipo de adaptación tan espectacularmente específica: tener un sistema de control mental de ratones que sólo y únicamente afecta a su relación con la orina de gato con el fin de tener más probabilidades de acabar engullido por alguno y así, dentro del intestino del gato, poder reproducirse.

¿Y qué pasa cuando este virus afecta a los seres humanos? Es un virus muy común, presente en todo el mundo. Se calcula que, al menos, el 50% de la población (con variaciones según las regiones) ha pasado la enfermedad. En Europa hay una incidencia especialmente alta (Francia tiene índices altísimos) debido a la costumbre de comer carne cruda (principal fuente de contagio). Los síntomas suelen ser poco significativos. En el 80% de los casos la infección es asintomática y en el 20% restante se presenta como una leve gripe (dolor de cabeza, dolores musculares, inflamación de los gánglios, etc.). En apariencia nada interesante pero los últimos estudios están mostrando algo muy inquietante: grupos de investigación distintos han indicado independientemente que los infectados con Toxo tienen de tres a cuatro veces más probabilidades de morir en accidentes de tráfico relacionados con el exceso de velocidad. De un modo todavía desconocido, el Toxo nos hace ser más impulsivos, incluso temerarios. Este virus también ejerce cierto control mental sobre nosotros y abre un prometedor campo de investigación en terapias psicológicas víricas: eres tímido y retraído, pues inféctate con Toxo.

Pero lo realmente inquietante es pensar que el Toxo podría sólo ser la punta del iceberg de un montón de microorganismos encargados de controlar nuestra mente. Los virus y las bacterias son los organismos más numerosos de la Tierra, habitando incluso entornos tremendamente hostiles a la vida.  Se calcula que existen unos 10 millones de virus en un mililitro de agua o unas 40 millones de bacterias en un gramo de tierra. Y dentro de tantos y tan variados (se piensa que hay millones de especies distintas) tenemos un montón de casos, además del Toxo, de microorganismos con habilidades de control mental. Recordemos a la maquiavélica y metaevolutiva Wolbachia.  Otro caso muy común sería el del virus de la rabia, que hace que sus infectados muerdan para transmitirse mediante la saliva en la que habita. Tenemos también la  Polysphincta gutfreundi, un insecto parásito que pone un huevo en el abdomen de las arañas. De allí nace una larva que desprende unas sustancias que hacen que la araña deje de tejer su tela tradicional para hacer una idónea para que la larva madure. La araña poseída teje una especie de capullo que sirve de protección y camuflaje para la larva ante sus depredadores. O también tenemos al hongo Ophiocordyceps unilateralis, el cual infecta a las hormigas para que suban a lo alto de las plantas y allí se fijen con mucha fuerza a los nervios de las hojas. Entonces el hongo las mata y refuerza estructuralmente su exoesqueleto mientras les hace crecer de la cabeza un esporocarpo que, en unos cuantos días, liberará esporas que volverán a infectar a nuevas hormigas. El hongo usa a la hormiga como medio de transporte hacia arriba (para que las esporas, al caer, tengan mayor radio de expansión) y como base sólida para que crezca su “lanzador de esporas” (por eso refuerzan el exoesqueleto de la hormiga). Aquí os dejo el vídeo de tan tenebrosa actuación:

Entonces, ¿por qué no podría ser? ¿Por qué no podrían existir multitud de virus que controlaran nuestra conducta desde diversas perspectivas? Sexualidad, hábitos sociales, control emocional… gran parte de ello podría ser fruto de microorganismos que co-evolucionaron junto a nosotros quizá no sólo en actitud parásita sino también como simbiontes. Todavía no tenemos ni idea pero imaginar es gratis: ¿Y si incluso la consciencia fuera el efecto, quizá al principio sólo secundario, de alguna actividad de control mental vírica? ¿Y si el amor sólo fuera un hábito creado por una bacteria para transmitirse entre individuos? He leído que el virus de la gripe podría provocar que los sujetos infectados en las primeras fases de la enfermedad tendieran a buscar más el contacto físico con fines evidentes.

Fe de errores (28-9-2012): el Toxo no es un virus sino un protozoo. Son cosas muy diferentes.

Anuncios
comentarios
  1. Ana Di Zacco dice:

    “El amor, como todos los virus, se cura en la cama” (leído no sé dónde). Buen post, gcs!

  2. Masgüel dice:

    Hola Santiago. El género de ciencia-ficción ha tratado en contadas ocasiones la clave vírica para el desarrollo evolutivo de preferencias y conductas en animales. Ahora mismo recuerdo “La voz de los muertos” de Orson Scott Card, la trilogía “Heliconia” de Brian W Aldiss y “El quinto día” de Frank Schätzing.

    P.D. ¿Cuál es la relación entre la tirosina hidroxilasa (una encima que compartimos todos los animales con sistema nervioso) y la orina de gato?. La siguiente pregunta cae por su peso. ¿Cuál será la reacción de la ratas (tanto sanas como infectadas) ante los gatos cuando no los pueden oler?. No hay más comprar ratas knockout sin olfato y repetir el experimento. Quizá hay más variables a condiderar.

  3. yack dice:

    Según el modelo del gen egoísta, sólo somos el consenso de los intereses de muchos replicadores egoístas (los genes) que comparten un mismo vehículo (nosotros).

    Según esta visión, los individuos humanos sólo son compromisos inestables entre miríadas de agentes que aspiran a la inmortalidad y que negocian una ruta común que les permita alcanzar su objetivo.

    La pregunta que surge aquí es: ¿somos los humanos individuos que explotamos a los replicadores para llevar a cabo nuestros fines o simplemente somos los envases protectores de esos replicadores?

    Yo respondería a esta pregunta diciendo que somos los humanos los que utilizamos a los genes (propios y extraños) para nuestros propósitos y que una primera prueba de ello es la ingeniería genética. Pero hay otra más clara:

    Es previsible que de ese magma de microintereses egoístas en continua lucha puedan surgir, con ayuda de la tecnología, nuevas especies inorgánicas con identidad y objetivos propios que inicien una nueva era al margen de los replicadores bioquímicos. Esta posibilidad, muy cercana y verosímil, sería una demostración de que se pueden crear identidades complejas dotadas de sus propios objetivos a partir de componentes simples gobernados por instintos elementales, llegando a prescindir de ellos a partir de cierto grado de desarrollo tecnologico.

    Tal vez se necesitaría admitir la existencia de vectores evolutivos teleonomicos en el propio Big Bang como, por ejemplo, la búsqueda de la inmortalidad, la inteligencia y tal vez la conciencia, que sólo se han puesto de manifiesto en la fase biológica, como se puso de manifiesto la organización atómica a partir de cierto nivel de enfriamiento de la materia.

    Creo que es un error considerar al fenómeno de la vida como una fase episódica y autocontenida, aislada del pasado y del futuro evolutivo del universo.

    Saludos.

  4. Masgüel:

    Gracias por las sugerencias. Veo que eres un gran lector de ciencia-ficción. Seguro que en esos relatos hay sugerencias muy interesantes.

    La tiroxina tiene mucho que ver con la producción de dopamina. Cuando los ratones infectados huelen orina de gato generan dopamina. Su cerebro les recompensa como si la orina de gato fuera una droga.

    No sé exactamente cuál será la reacción de ratas sin olfato ante gatos. Suponiendo que el principal medio de percepción de las ratas es su desarrollado olfato, cuando lo no tienen, seguramente que no detectan bien la presencia de gatos y son más susceptibles de ser engullidas. Pero sí, puede que existan más factores que aún no se han tenido en cuenta en los experimentos.

  5. Yack:

    Ya lo he comentado alguna vez. El gran mensaje de Darwin es que la evolución es ateleológica en el sentido de que no hay consciencias u organismos que dirijan la evolución en sentido global más allá de sus intereses propios. Por ejemplo, podemos tener virus muy interesados en que sobrevivamos para pasar sus huevos a nuestra siguiente generación, por lo que modifican nuestro ADN para darnos mayores opciones de superviviencia. Pero eso no implica exista una finalidad global en la evolución.

    La lógica sería la siguiente: CASUALMENTE existen virus que por una serie de características obran buscando replicarse lo más posible. Así, sobrevivirán más que los que no obraban buscando replicarse a toda costa. La selección natural, durante millones de años, ha ido seleccionando a los más hábiles en el arte de sobrevivir, por lo que los que actuaban más teleológicamente para ese fin han sobrevivido. Pero no hay más. El universo no tiene un plan para que, al final, aparezca el hombre con su consciencia, su yo y sus ilusiones y proyectos. Somos el fruto de un montón de casualidades e intereses, muchas veces contrapuestos. Creo que pensar en la aparición del hombre con todas sus maravillosas cualidades era algo necesario es caer en un antropocentrismo impropio del desarrollo científico actual.

    El homo sapiens pudo extinguirse y no llegar a nada más, como prueba el hecho de que en toda la variedad del género homo sólo quedemos nosotros. Neanderthales, erectus, habilis, etc. podrían haber dado lugar a un montón de ramas y de especies diferentes pero no fueron buenos competidores. Si nos comparamos, valga aquí claramente el ejemplo, con los virus, somos muy malos supervivientes: una especie viva (y esperemos que dure) contra millones diferentes.

  6. Ana:

    Sí, jaja. A veces el amor se cura entre sábanas, aunque, optimista de mí, creo que uno suele infectarse aún más en ese contexto. Gracias por lo del post.

  7. Masgüel dice:

    “Cuando los ratones infectados huelen orina de gato generan dopamina”

    Vale. Pero ¿por qué?. Si el virus actúa produciendo la misma encima que metaboliza la tirosina en dopa, ¿por qué la misma ingesta de precursores metabólicos de la dopamina l-tirosina y levodopa, de algún inhibidor de la monoaminoxidasa B (la encima que destruye la dopamina) o directamente cualquier anfetamina no produce en el resto de los mamíferos esa predilección por la orina de gato?. Pues probablemente porque lo que hace que a las ratas de pronto les agrade el olor de la orina de gato sea otra cosa, aunque el mecanismo de recompensa de la dopamina se vea involucrado en el proceso. Que el virus comparta el gen que produce la encima que metaboliza un neurotransmisor ya es como para quedarse sin voz, pero sigo sin entender qué tiene que ver con la orina de gato.

  8. Masgüel:

    La presencia de la tiroxina en el ADN del Toxo fue toda una sorpresa y, automáticamente, se la relacionó con la orina de gato ya que, ¿para qué sino tener tiroxina en tu ADN si lo único que haces en un mamífero (que sepamos), y específicamente en ratones, es hacer que le guste la orina de gato? Pero efectivamente, como bien dices, es un enigma la relación directa entre concretamente la orina de gato y la tiroxina. No se sabe, o al menos Sapolsky no lo menciona en los artículos que yo he leído, cómo el Toxo actúa de modo tan preciso afectando únicamente a los circuitos cerebrales encargados de la orina. Falta todavía mucha investigación.

  9. yack dice:

    Santiago, no he dicho nunca que el homo sapiens fuera necesario. Lo que he dicho es que creo que la inteligencia, la conciencia y el afán de eternidad son atractores que están implícitos en este universo, con planeta Tierra y sin él, con Darwin y sin él. Y también digo que es muy posible que dentro de 10.000 años no exista la especie humana y sin embargo sigan existiendo seres no biológicos, inteligentes, conscientes y que aspiran a la inmortalidad.

    Y tu me dices (o al menos eso me parece entender) que la vida, la inteligencia, la conciencia y el afán de inmortalidad son tan casuales y contingentes como que haya un planeta llamado Tierra girando en torno a una estrella llamada Sol.

    Me gustaría saber únicamente si piensas seriamente que de no haberse formado el planeta Tierra no aparecerían necesariamente en algún lugar del universo seres no biológicos, inteligentes, con conciencia y deseosos de inmortalidad, como resultado de un proceso equivalente al que ha tenido lugar en este planeta.

    Saludos.

  10. Yack:

    “Me gustaría saber únicamente si piensas seriamente que de no haberse formado el planeta Tierra no aparecerían necesariamente en algún lugar del universo seres no biológicos, inteligentes, con conciencia y deseosos de inmortalidad, como resultado de un proceso equivalente al que ha tenido lugar en este planeta.”

    Necesariamente, con total firmeza, NO. Ahora, que exista cierta probabilidad de que pudiera suceder, con total firmeza, SÍ. No creo que exista tal atractor al que te refieres sino que creo que la evolución biológica puede seguir un montón de inimaginables ramas. Podrían darse seres que no tuvieran consciencia ni ansia de inmortalidad sino otras características imposibles de predecir por nosotros. Imagina, por ejemplo, que tenemos seres inteligentes en un remoto planeta pero que con su inteligencia han decidido que lo más interesante que hacer en sus vidas fuese el arte. Así pintan cuadros y hacen bellísimas esculturas pero jamás han pensado en hacer cosas como las matemáticas o la biología. ¿Generarían tecnología? ¿Harían computadoras y robots? No. De hecho ha sido una gran contingencia histórica el hecho de que a los seres humanos nos diera por la ciencia. Por ejemplo, a los griegos, con toda su egregia sabiduría, no les dio por desarrollar demasiado la tecnología porque pensaban que hacer “trabajos manuales” era cosa de esclavos. Hicieron falta veinte siglos para que alguien pensara que hacer máquinas tenía mucho sentido.

    Creo que nos equivocamos al pensar que tanto la evolución biológica como la tecnológica siguen una línea recta hacia algo.

  11. Ananías dice:

    Federico Trillo – experto en William Shakespeare-, hizo famosa aquella expresión de : ¡Manda huevos!
    Y esta misma expresión es la que yo he utilizado al leer lo “inquietante” que resulta que grupos de investigación hayan determinado que los infectados con Toxo tienen de tres a cuatro veces más probabilidades de morir en accidentes de tráfico relacionados con el exceso de velocidad.
    ¡Manda Huevos!
    Pero lo realmente inquietante es pensar que el Toxo podría sólo ser la punta del iceberg de un montón de microorganismos encargados de controlar nuestra mente.
    ¡Manda Huevos!
    Tenemos un montón de casos, además del Toxo, de microorganismos con habilidades de control mental. ¡Manda Huevos!
    Fu-Manchú , el Dr, No o el profesor Moriarty se quedan en paños menores ante nuestros inseparables gérmenes. Me pregunto si yo mismo, al escribir estas líneas, no estaré controlado por el Toxo o alguno de sus amigos y que sean ellos los que en realidad me estén obligando a decir, como Trillo en su momento: ¡Manda huevos!

  12. Yack dice:

    Santiago, decir que existe cierta posibilidad es equivalente a decir que no hay ninguna prohibición explicita en el universo para que tal cosa ocurra, como no la hay para que un canto rodado adopte por casualidad la forma de un corazón. Pero eso, no aporta ninguna conjetura significativa, sino una constatación de los hechos probados.

    Yo veo el problema así: Imagina el universo como una caja dividida en varios niveles separados por paneles en los que se han practicado un pequeño orificio. Una bola de acero deambula aleatoriamente por el nivel 1 prebiótico hasta que por pura estadística, cae en el nivel 2 (la vida). Aquí aparecen los replicadores que por su propia naturaleza, inevitablemente, invaden la materia inerte.

    Pero existe otro agujero en el nivel 2 que da acceso al nivel 3 (la inteligencia) y lo sé porque estamos al otro lado de ese agujero. La inteligencia, en síntesis, es la capacidad de predecir y cambiar el futuro, y ha estado presente (el sistema nervioso y el cerebro) desde los animales más primitivos manifestándose como una ventaja evolutiva de primer orden hasta que finalmente ha alcanzado un tamaño critico, que nos ha permitido acceder al el nivel 4 (tecnología).

    Una vez que una especie alcanza el nivel 4, la tecnología (construir artefactos sofisticados) se manifiesta como una ventaja evolutiva incomparable superior a todas las demás y la inteligencia tecnológica se expande a expensas de los otros niveles, tal como está ocurriendo en el planeta Tierra con el homo sapiens desde que empezó a desarrollar tecnología avanzada.

    Por último, está el nivel 4 (Inteligencia no biológica). La tecnología, necesariamente, acaba generando máquinas inteligentes porque la inteligencia es la estrategia de supervivencia más poderosa que existe en el universo y una vez que se alcanza, se expande sin que ningún obstáculo lo impida (véanse las estadísticas de crecimiento exponencial de los microchips).

    Podríamos imaginar, como tu haces, un mundo hipotético en que los replicadores no evolucionaran y no formasen colonias (células), o un mundo de seres organizados donde el factor inteligencia se estancase eternamente a pesar de ser la propiedad más eficiente para la supervivencia, y un mundo de seres inteligentes que nunca desarrollaran tecnología, a pesar de ser el producto más valioso y decisivo para la supervivencia, y por último podríamos imaginar un mundo poblado por una especie tecnológica que nunca fabricasen una calculadora o un telar mecánico que encendiera la mecha de la explosión de la inteligencia artificial y sus ilimitadas potencialidades.

    Podríamos imaginarlo, pero yo no acierto a hacerlo. Si admitimos el principio de la selección natural y el hecho de que este universo genera espontáneamente replicadores moleculares, necesariamente acabaremos alcanzando el nivel de seres inteligentes no biológicos y ese será el nivel que absorba a todos los otros niveles, porque no habrá nada que se pueda oponer a su expansión.

    Volviendo al símil de la caja dividida en niveles agujereados, si dejamos a la bola deambular el tiempo suficiente, necesariamente acabará en el nivel más bajo, porque existe la gravedad, eso que yo llamo atractor hacia la inteligencia no biológica. Suponer que deambulará eternamente sin acertar a caer por el agujero que le da acceso al nivel inferior no me parece una hipótesis verosímil.

    No se me ocurre un escenario (en este universo) en el que no se produzca, necesariamente, el transito sucesivo e inexorable de un nivel a otro. Aparte de la especie que cuando llega al zenit de su gloria, despues de 500 millones de años luhando por la supervivencia, se entrega al arte y renuncia al confort, a la seguridad y al bienestar, ¿qué otra alternativa se te ocurre?

    Saludos.

  13. alejandrovu dice:

    Yack:

    Un recorrido aleatorio no prueba la existencia de un vector telonómico; es más, cuando el borracho multidimensional no llegue a su casa ¿de quién será la culpa?

    PD: ¿Quizá te refieres a este vector teleonómico como sensibilidad a las condiciones iniciales?

  14. Antonio dice:

    En primer lugar, enhorabuena por el post que me parece uno de los mejores que he leído en el blog. Es fácil retransmitir y repetir noticias de otros, pero tiene su mérito crear un pensamiento o reflexión genuino.

    Dicho esto, me parece muy acertada la última intervención de Yack.

    Me da la sensación de que el que no ve una finalidad en la evolución, es porque de partida se empeña en no verla. Si admitimos que la evolución, que el proceso evolutivo tiene como resultado el generar seres vivos lo más aptos posibles para la supervivencia…¿no es eso como admitir que la finalidad de la evolución es precisamente esa: crear seres con la mayor capacidad posible de sobrevivir? Si como dice Yack, por el propio funcionamiento de las leyes del Universo, la consecuencia inmediata de la aparición de la vida y la lucha por la supervivencia es la aparición de seres inteligentes…¿no sería por tanto esa la “finalidad” de la evolución”? Es que me parece más fácil verle una finalidad que no verla. No verla, me parece taparse los ojos voluntariamente y de una manera un tanto tramposa para llegar a la conclusión que se quiere. Porque los resultados de la evolución están ahí, delante de nuestros ojos y de nuestros cerebros, y no se pueden poner debajo de la alfombra porque sí.

    Si el Universo produce por necesidad o de manera inevitable ciertos fenómenos, me parece una cuestión de matiz semántica el decir que “cumple una finalidad” o “sigue unas leyes”. Si esas leyes desembocan necesariamente en lo que vemos, su finalidad es producir el resultado que comprobamos.

  15. Probabilidad no implica para nada teleología. Yo tengo un dado de seis caras que tiene una probabilidad entre seis de sacar un dos. De aquí no se deduce que el objetivo para el que se diseñó el dado sea sacar un dos ni se expresa necesidad alguna de que el dos aparezca.

    Aquí también entra en juego el factor tiempo (en el caso del dado el número de lanzamientos posibles). Si sólo podemos tirar el dado una vez se ve lo absurdo de defender la necesidad de que salga un dos. Del mismo modo, si el universo tiene una edad finita o no la suficiente para que la probabilidad de un suceso se haga necesaria, esos compartimentos estancos de los que habla Yack podrían no llegar a cumplirse. Sólo si tenemos un tiempo infinito, un suceso probable se hace necesario.

    A mí, más que el modelo de cajas, me gusta más pensar en un árbol, como el de Darwin. Hay múltiples caminos sin que exista necesidad de que se de alguno de ellos, sólo siendo unos más probables que otros. En el universo podría, en vez de consciencia o inteligencia, haber aparecido otro tipo de facultades que ahora nos resultan inimaginables. Igualmente, en el futuro no pienso que necesariamente se tenga que dar un salto hacia un lugar dado, mejor o más perfecto. Quizá degeneremos evolutivamente o nos extingamos o sigamos como estamos o elijamos un camino que ahora nos resulta impensable.

  16. alejandrovu dice:

    Antonio y Yack:

    La evoulción no tiene un camino preferente, si pueden, lean “Full House: The Spread of Excellence from Plato to Darwi” de Stephen Jay Gould.

    Un dinosaurio también podría haber pensado que la evolución iba encaminada hacia él; tal es el problema de ver nuestra historia evolutiva como una serie de eventos que no podían ser de otra manera.

    Santiago :

    ¿Podría aplicarse un modelo markoviano a ese árbol?

  17. Alejandro:

    Yo diría que sí y creo que se han hecho estudios en esa línea si bien los desconozco. Lo interesante de una cadena de Markov es que en ella no hay ninguna direccionalidad más que la que marca el estado inmediantamente pasado al actual y eso se puede aplicar aparentemente muy bien a la evolución de los seres vivos.Sobre los modelos matemáticos del cambio evolutivo se ha escrito muchísimo. Aquí te dejo un enlace:

    http://gisc.uc3m.es/~cuesta/PDFs/Gaceta.pdf

  18. alejandrovu dice:

    Gracias por el PDF, leyendo.

  19. yack dice:

    En mi opinión, tenemos un cerebro que puede interpretar los acontecimientos en términos de probabilidad y también establecer lo que es contingente y lo que es necesario.

    Consideremos el ejemplo de las púas. Una púa es una máquina elemental formada por un cono de materia dura. Ejerciendo escasa presión por cm2 en el extremo ancho se consigue una enorme presión en el extremo afilado. Esta máquina se utiliza en los dientes, en las garras, cuernos, espolones y en múltiples sistemas de ataque y defensa.

    Nuestro cerebro nos permite predecir que este tipo de máquina (por ser tan eficiente) surgirá en la biosfera de un planeta que albergue vida tan compleja como la que hay en el nuestro.

    Esta conjetura también vale para los sistemas auditivos, táctiles, visuales, locomotores, etc.

    Aun suponiendo que la vida explore aleatoriamente todo el espacio de diseño, sabemos que existen nichos o atractores más productivos que otros y que estos atractores serán explotados intensamente por las criaturas vivas de cualquier otro planeta donde se den las condiciones mínimas (atmosfera, gravedad, etc.). ¿Es posible imaginar un planeta donde los seres vivos no encuentren un método para desplazarse, dado las ventajas que esta posibilidad aporta en términos de supervivencia?

    Pues de entre todos estos atractores, el replicador molecular, la inteligencia, la tecnología y la inteligencia no biológica son los atractores más poderosos que podemos imaginar y que pueden existir. Y son tan poderosos que no es posible, en términos estadísticos, y referido a todo el universo, imaginar que no se desarrollen plenamente.

    Además de ser atractores jerárquicos, que marcan la ruta evolutiva, cada uno de ellos se expande a expensas del precedente. El futuro al que necesariamente llegará nuestro universo, aunque mañana se volatilice nuestro planeta, es el del incremento de la masa de materia organizada (no biológica) capaz de soportar la inteligencia y la conciencia.

    En base a lo anterior, podríamos afirmar que en el Big Bang de nuestro universo existía un proyecto teleológico que necesariamente se cumplirá tantas veces como lo reiniciemos.

    Si ese proyecto es el resultado de la intervención de unos seres inteligentes que ajustaron con precisión las condiciones iniciales para que se desplegará como lo está haciendo, o si estamos en una realidad virtual planificada, o si existe alguna otra explicación, es algo que nadie sabe.

    La explicación de que el universo estaba formado por un montón de bolitas que a base de entrechocar se colocaron en la posición actual no parece aportar ninguna explicación satisfactoria.

    Decir que esas bolitas por pura casualidad formaron replicadores y que esos replicadores formaron por selección natural seres inteligentes y que estos crearon por casualidad la tecnología y las máquinas inteligentes, tampoco aporta nada.

    Los replicadores, la vida, la inteligencia, la tecnología, sólo son modelos mentales que nosotros fabricamos y manejamos para visualizar la complejidad inabordable de la realidad. Pero bajo esos modelos, sólo hay trillones de bolitas que interaccionan entre sí siguiendo las mismas pautas deterministas que gobiernan el devenir del resto de las bolitas que forman el universo inanimado.

    Tampoco existen, fuera de nuestras mentes, las leyes que supuestamente gobiernan esos modelos (seres vivos, máquinas, polos de vainilla…), porque las únicas leyes que gobiernan la realidad son las leyes básicas de la física de partículas y todo lo que hay, ahí fuera, son partículas.

    Saludos.

  20. Yack:

    Míralo desde esta otra óptica. La vida es un fenómeno tremendamente improbable. Si algún demiurgo creador de mundos quisiera que la vida apareciera no debería haber hecho algo cuya aparición es casi un milagro. Además no sabemos qué otras cosas permite la probabilidad de las leyes físicas que rigen el mundo. A lo mejor apareció la vida pero no apareció “x”, siendo x un fenómeno mucho más espectacular que la misma vida. O la evolución dio lugar a inteligencia pero podría haber dado una infinidad de cosas diferentes que harían aparecer a la vida como una minucia insignificante.

    Y es que las leyes de la física dejan mucha libertad de acción y diseño. Pensemos, por ejemplo, en la ley de gravitación universal. Con ella predecimos los movimientos, pero nada más. Es decir, existen restricciones que hacen que los objetos se atraigan en función de su masa no pudiendo violarse tal ley. Sin embargo, respetando esa ley hay una infinita cantidad de opciones de movimiento. Yo no puedo saltar seis metros pero puedo avanzar en todas las direcciones de un plano bidimensional con distintos tipos de velocidad, aceleración o recorrido.

    En el plano de los seres vivos las opciones son casi infinitas. No hay más que ver la alucinante biodiversidad de un mililitro de agua. Piensa que la utilidad de algo, por muy útil y, por tanto, probable que parezca, sólo será útil para un determinado nicho ecológico. Los ecosistemas son muy variados y cambiantes y la cantidad de competidores que albergan más aún. Por ello lo que es útil hoy puede no serlo mañana. Tener unas garras afiladas sólo te valdrá si hay presas, pero en un mundo de bacterias será completamente inútil. Tenemos diseños que se han repetido más que otros (reproducción sexual, simetría bilateral, etc.) porque, dentro de esa variabilidad de entornos, hay cosas que son útiles para casi para todos, al menos en la Tierra. En una luna de Marte si pudiera darse vida o algo parecido, tendría unas características muy diferentes a las de nuestro planeta.

    No veo el Universo como una simple amalgama de bolitas que chocan unas con otras, pero sí me gusta pensar en un juego de Lego en donde hay muchas piezas diferentes con distinta probabilidad de asociarse o de, al unirse, crear propiedades emergentes que den lugar a nuevas piezas o nuevas propiedades. Y aquí creo que las posibles combinaciones son casi infinitas.

    Si tengo un dado con seis caras y mil tiradas, es muy probable que saque al menos un dos, pero si tengo un dado con infinitas caras, la probabilidad de que cualquier número se de en la tirada no será muy alta. Yo creo en un Universo con casi infinitas caras.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s